Mohamed Amro, presidente de Casa Sudán en España: «Sudán está destruido, no es solo la guerra» | elperiodico.com

Mohamed Amro, ingeniero sudanés de 27 años y presidente de Casa Sudán, dice que tuvo “suerte”, una palabra que usa a menudo, pero que cada vez, convierte en una palanca desde la que tender la mano a otros miembros de su comunidad. «Nací en España y la quiero mucho, pero soy sudanés de corazón«, cuenta en una entrevista con EL PERIÓDICO. Hijo de diplomático sudanés, creció entre Venezuela, Sudán y Mozambique. Pero volvió a Sudán como adulto para estudiar en la universidad, y allí estaba cuando estalló la guerra hace tres años, en abril de 2023.
Al tener nacionalidad española, fue repatriado en los primeros días de la guerra. De aquellos días conserva imágenes de “horror»: calles destruidas, cadáveres en las aceras y una ciudad deshecha. «Sudán está destruido, no es solo la guerra”, explica. El problema atraviesa las infraestructuras, “faltan agua y electricidad y ha habido brotes de cólera y dengue», añade.
Trabas para huir y salvar la vida
Más de 14 millones de personas han huido de sus hogares desde abril de 2023, aunque la mayoría siguen desplazadas dentro del país o han llegado a países vecinos como Sudán del Sur, Chad o Egipto. A España, según ACNUR, han entrado unas 600 personas sudanesas por Ceuta en lo que va de 2026.
La comunidad sudanesa en España es pequeña y difícil de cuantificar. «Es muy difícil saber cuántos sudaneses hay en España, porque mucha gente viene, se va y vuelve a irse», resume Amro. Muchos continúan hacia otros países europeos, a menudo Reino Unido, ya que el inglés es idioma cooficial en Sudán, como excolonia británica. ACNUR alerta además de que muchos no formalizan su solicitud de asilo por falta de información o por las trabas para acceder al procedimiento.
Rutas distintas
Por eso, cuando fue repatriado a Madrid, hizo suya una misión: «intentar ayudar a otros jóvenes que venían también de la guerra y no sabían nada de España ni qué esperar». Les daba clases de español y les orientaba, y un año después, como presidente de Casa Sudán, trabaja para conectar a los recién llegados con ACNUR y el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR).
Su relato rompe dos estereotipos: quiénes llegan y cómo. «Mucha gente piensa que los sudaneses llegan a España solo por Ceuta o Melilla, pero muchísimos han venido en avión», explica. Durante los primeros meses de la guerra, España no exigía visado de tránsito aeroportuario a los sudaneses, lo que permitió pedir asilo en escalas de forma segura. El requisito se introdujo en junio de 2024 y cerró esa vía.
«Pedir asilo en el aeropuerto era más fácil que hacerlo ya dentro del país, donde conseguir una cita es increíblemente difícil», señala. Mientras esa opción estuvo abierta, llegaron muchas familias. Al cerrarse, el perfil viró hacia jóvenes capaces de afrontar rutas mucho más peligrosas por el desierto, Libia, Argelia, Marruecos que se alargan incluso años, ya que muchos tienen que trabajar por el camino para enviar remesas a casa.
Miembros de la UNISFA en Sudán del Sur POLITICA SUR DE SUDÁN INTERNACIONAL / UNISFA / X
Violencia extrema y acogida
La mayor violencia sucede en Libia. «Nos cuentan historias de extorsión, torturas y horror«, resume. «Muchos son secuestrados y obligados a llamar a sus familias para pedir rescates». Habla también de cautiverios, palizas y denuncias sobre mercados de esclavos. Hisotrias que quedan invisibilizadas. «Hay horrores que no salen en los medios, o que solo aparecen cuando alguien se detiene a preguntar varias veces«, dice, agradecido por poder contarlo.
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