Polémica en Italia por una feria de libros que obliga a sus expositores a suscribir los valores antifascistas | elperiodico.com

Ha bastado que una modesta feria del libro pronunciara la palabra «antifascismo» para que la agenda política italiana arrancara esta semana con truenos. Los de Giorgia Meloni.
Primer acto: Più libri più liberi (Más libros, más libres), una cita anual de pequeños y medianos editores que se celebra en Roma en diciembre, pide a sus participantes que firmen una declaración de adhesión a los valores de la Constitución italiana, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea y los valores antifascistas del ordenamiento democrático. Segundo acto: la jefa de Gobierno lo llama censura.
«Para participar en la feria, las editoriales deberán obtener este año el ‘carnet antifascista’, suscribiendo una declaración específica», ha dicho la líder de Hermanos de Italia. «Es así como la izquierda concibe la libertad de pensamiento: eres libre, pero solo si dices lo que ellos te permiten decir, si piensas lo que ellos piensan, si lees lo que ellos consideran adecuado», ha añadido. Y ha rematado: «Se llama, llanamente, censura. Y la censura es incompatible con cualquier sociedad democrática«. No precisó si firmar la Constitución implica automáticamente convertirse en comunista.
Mussolini
El argumento del del ministro de Justicia, Carlo Nordio, ha sido aún más original. Nordio ha recordado que «el libro más importante para nuestra justicia, es decir, el Código Penal, lleva la firma de [dictador, Benito] Mussolini«.
La galaxia de intelectuales afines a Meloni tampoco se ha quedado atrás. El sociólogo Luca Ricolfi ha llegado a invocar el artículo 21 de la Constitución para concluir que «en una sociedad libre puedes pedir al ciudadano que certifique hechos, pero es una locura pedirle que certifique la posesión de determinadas convicciones». El filósofo Simone Regazzoni ha ido en la misma dirección. «La cultura es el espacio libre y abierto del conflicto de ideas, todas las ideas. Solo en un Estado ético o totalitario se pueden pedir a los operadores culturales declaraciones de fe política», ha dicho. Hasta el historiador Luciano Canfora, catedrático en la Universidad La Sapienza, ha considerado que se trataría «una decisión insensata que se expone a críticas de todo tipo».
Presiones
El trasfondo del debate, sin embargo, es más amplio. Desde que llegó al poder hace cuatro años, Meloni ha estado intentando disputar a la izquierda la hegemonía cultural en Italia, terreno donde sus rivales ha dominado históricamente la escena. Pero ahora también hay otra circunstancia. Tras la derrota en el referéndum, las peleas con Donald Trump y diversas reformas prometidas estancadas, la primera ministra afronta asimismo la presión por su flanco más derecho: Futuro Nacional, el partido del general Roberto Vannacci, que ha nacido con una ideología abiertamente nacionalista y euroescéptica y ocupa el espacio donde el revisionismo histórico funciona como un programa político.
El barullo no ha podido evitar la reacción de asombro de Più Libri Più Liberi. «Es un documento basado en referencias institucionales y universales, sin visiones partidistas, sin alusiones políticas y mucho menos vínculos con ningún partido. Es evidente que no ha sido interpretado así», ha declarado la feria en un comunicado.
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