Un candidato con un tatuaje nazi y y acusado de escándalos sexuales representará a los demócratas en la carrera para un escaño clave en Maine | elperiodico.com

Los demócratas han elegido a uno de sus candidatos más controvertidos para concurrir a una elección clave para el Senado. Se trata de Graham Platner, un veterano de la Marina y ostricultor de 41 años, que ostenta un tatuaje nazi, y tiene a sus espaldas mensajes sexuales enviados a varias mujeres mientras estaba casado y críticas de exparejas. Su victoria coloca al partido ante una apuesta de alto riesgo: confiar en un aspirante sin experiencia institucional, con discurso populista y pasado incómodo, para intentar arrebatar a los republicanos el control de la Cámara alta.
Platner ganó este martes las primarias demócratas con alrededor del 72%-74% de los votos (el recuento de votos continúa). El margen es amplio. Aun así, una quinta parte del voto fue a parar a la candidata de partido, Janet Mills, la gobernadora de Maine que se retiró en abril de la concurrencia pero seguía en la papeleta, un voto nulo pero que señala el malestar dentro del propio electorado demócrata, que incluso ha organizado protestas ante la sede demócrata.
Una carrera clave para Washington
Maine es una de las pocas oportunidades reales que tiene el Partido Demócrata para ganar un escaño republicano en las elecciones de medio mandato, por lo que la candidatura de Platner es una pieza central en la batalla nacional por el Senado. El demócrata se enfrentará en noviembre a Susan Collins, senadora republicana de 73 años que busca un sexto mandato tras casi tres décadas en Washington.
Esa importancia explica parte del respaldo que ha recibido pese a las polémicas. Durante meses, Platner encarnó el perfil que muchos demócratas dicen necesitar: un candidato de clase trabajadora, veterano de guerra, ajeno al establishment y capaz de hablar de vivienda, sanidad y desigualdad económica a votantes alejados del partido. En un momento en que los demócratas son percibidos por muchos estadounidenses como una élite distante, su biografía parecía una ventaja.
El peso de las revelaciones
La campaña, sin embargo, quedó atravesada por una cadena de informaciones sobre su vida privada y su pasado. Se publicaron mensajes sexuales enviados a varias mujeres fuera del matrimonio. También salieron a la luz antiguas publicaciones en redes con lenguaje racista, sexista y homófobo, que él atribuyó al estrés postraumático derivado de su servicio militar. Y después llegó el tatuaje: Platner reconoció haberse cubierto un símbolo que parecía nazi, aunque sostuvo que se lo hizo sin conocer su significado.
Tres mujeres que mantuvieron relaciones con él describieron al New York Times vínculos «volátiles» y comportamientos «alarmantes». Lyndsey Fifield, vinculada a organizaciones conservadoras, aseguró que Platner sabía lo que llevaba tatuado y que se refería a la imagen como su «Totenkopf», una calavera asociada a unidades nazis. El equipo de campaña del candidato lo niega categóricamente.
La redención como argumento
Platner ha respondido con una mezcla de contrición y desafío político. «Demasiado a menudo me ‘automediqué’ con alcohol. Estuve muy lejos de ser el novio perfecto durante un periodo muy oscuro de mi vida«, dijo en un comunicado. Entona el ‘mea culpa’ y asegura que ha cambiado desde entonces: «Asumo la responsabilidad de lo que hice. Ojalá hubiera actuado mejor». Su defensa se apoya en el estrés postraumático,
En la noche de su victoria convirtió esa explicación en mensaje político. «Si creéis, como yo, que podemos cambiar nuestra política y nuestro país, entonces también debéis creer que las personas pueden cambiar«, dijo ante sus seguidores. También afirmó: «La redención no es un destino simple ni fácil; es un viaje». Su esposa, Amy Gertner, que había calificado de «cotilleos» las informaciones sobre los mensajes sexuales, lo acompañó sobre el escenario.
Concentración frente al edificio del Comité de Campaña Senatorial Demócrata en Washington D. C., contra el controvertido candidato demócrata al Senado por Maine, Graham Platner, acusado de avances sexuales no solicitados y de tener un tatuaje nazi. / KENT NISHIMURA / AFP
División y cálculo electoral
La candidatura ha dividido al partido. Algunos demócratas temen que los republicanos conviertan la campaña de noviembre en un juicio permanente sobre la vida personal de Platner. El congresista demócrata Josh Gottheimer fue especialmente duro: «¿Cómo puedes aceptar a alguien que abusó de mujeres? Eso nos va a afectar en otras partes del país», afirmó en CNN.
Otros dirigentes y figuras progresistas han cerrado filas, incluidos Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Para ese sector, la victoria demuestra que una parte del electorado está dispuesta a perdonar errores personales si el candidato resulta creíble en materia económica y se enfrenta al poder corporativo.
Platner atacó de frente a su rival republicana y buscó nacionalizar la carrera. «Susan Collins no nos sirve a nosotros. Sirve a Donald Trump. Sirve a la clase Epstein. Sirve a sus donantes corporativos», dijo el demócrata. Ahora deberá comprobar si el relato de redención que le permitió ganar las primarias basta para convencer a todo Maine con el Senado en juego.
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En la sección: El Periódico – internacional
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