Carlos Escaffi R.: Chile, a tres meses de Kast y la incubación de un ‘outsider’

Chile no se enfrenta únicamente al desgaste prematuro de un gobierno. Lo que comienza a evidenciarse es algo mucho más profundo: el agotamiento definitivo de una generación completa de hacer política. Durante más de tres décadas, el país transitó entre izquierdas y derechas atrapadas … en una lógica pendular que prometía cambios profundos, pero que muchas veces terminó reproduciendo las mismas prácticas, los mismos códigos de poder y la misma desconexión con la ciudadanía.
La llegada de José Antonio Kast al poder fue interpretada por muchos como una oportunidad para corregir ese rumbo. Más que una adhesión ideológica absoluta, gran parte del electorado buscaba orden, seguridad, estabilidad y una Administración capaz de volver a poner las prioridades del ciudadano común en el centro de la discusión pública. Sin embargo, los primeros meses de gobierno comienzan a instalar interrogantes legítimas, especialmente entre quienes confiaron en la promesa de una forma distinta de ejercer el poder.
Porque cuando durante años se critica el uso del aparato estatal como espacio de acomodo político, la ciudadanía espera coherencia. Resulta difícil explicar que exparlamentarios terminen aterrizando en cargos diplomáticos de alta relevancia mediante designaciones que inevitablemente son percibidas como compensaciones políticas. Más aún cuando esas mismas prácticas fueron duramente cuestionadas desde la oposición, particularmente por el nombramiento de figuras políticas sobre diplomáticos de carrera. Y es precisamente ahí donde comienza a instalarse la percepción de que el discurso empieza a tensionarse con la práctica.
Y ahí aparece uno de los principales problemas de la política chilena contemporánea: la incoherencia entre el discurso y la práctica.
Pero quizás donde más se profundiza la distancia entre expectativa y realidad es en el ámbito social. Chile se enfrenta hoy a una ciudadanía agotada por listas de espera interminables, deterioro en la salud pública, inseguridad creciente, aumento sostenido del coste de la vida y una sensación cada vez más evidente de abandono institucional. Mientras miles de familias ajustan sus presupuestos para sobrevivir, el debate político pareciera seguir atrapado en disputas ideológicas, equilibrios internos y protección de determinados intereses estructurales.
La ciudadanía no solo evalúa indicadores económicos. Evalúa sensibilidad, proporcionalidad y sentido de justicia. Cuando los costes del ajuste recaen principalmente sobre quienes dependen de servicios públicos debilitados, inevitablemente comienza a instalarse una percepción de desigualdad moral y política.
Y es precisamente ahí donde empieza a incubarse un fenómeno mucho más profundo.
Porque el chileno común comienza a sentir que las diferencias entre unos y otros terminan siendo menos profundas de lo que prometían en campaña. Cambian los gobiernos, cambian los relatos, cambian los discursos, pero demasiadas veces las prácticas permanecen intactas.
Chile podría estar entrando no solo en el fin de un ciclo político, sino en el agotamiento definitivo de una generación completa de hacer política
Ese agotamiento ya no alcanza únicamente a los partidos políticos tradicionales. También compromete a sectores empresariales, comunicacionales y grupos de poder que durante años terminaron administrando, validando o protegiendo los mismos espacios de influencia, contribuyendo a una creciente desconexión entre las élites y la ciudadanía.
Y, cuando las instituciones dejan de escuchar, las sociedades inevitablemente comienzan a buscar nuevas voces.
Por eso Chile podría estar acercándose a un escenario donde el próximo liderazgo relevante no emerja desde las estructuras políticas tradicionales, sino desde el clamor popular. No desde las élites partidarias, sino desde alguien capaz de interpretar el cansancio ciudadano frente a décadas de polarización, promesas incumplidas y desconexión con la realidad cotidiana.
Porque cuando la política tradicional se encierra sobre sí misma, los ‘outsiders’ dejan de ser una anomalía para transformarse en una consecuencia inevitable.
Así las cosas, Chile podría estar entrando no solo en el fin de un ciclo político, sino en el agotamiento definitivo de una generación completa de hacer política.
Carlos Escaffi R.
Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y fundador de Relaxiona Internacional
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
En la sección: Internacional
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