Sin tregua en el sur del Líbano: «Llevamos tres días bajo intensos bombardeos»

«Eso es un lanzamiento». El comentario surge espontáneamente de dos habitantes del pueblo de Deir Mimas, en el distrito de Marjayoun. El «lanzamiento» al que se refieren es de un misil disparado desde la colina vecina. La detonación hace temblar las paredes y ventanas … de las casas. Tales comentarios pueden resultar sorprendentes, pero son cotidianos en esta zona del sur del Líbano, sometida a bombardeos incesantes desde el 2 de marzo, cuando se inició esta nueva fase de la guerra entre Israel y Hizbolá.
Pero, en teoría, hay un alto el fuego vigente entre ambas partes. Además, todo el mundo –salvo los propios libaneses– creía que el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán ayudaría a pacificar el frente libanés. Por el momento, eso no ha sucedido. Más bien, es todo lo contrario. De hecho, Irán ha vuelto a cerrar el estrecho de Ormuz porque no cesan los combates en la frontera entre el Líbano e Israel. Tan solo el viernes se saldó con un balance trágico: cerca de 50 muertos y un centenar de heridos.
«¿Un nuevo alto el fuego? ¡Es una broma! », exclama Najwa. «Nada ha cambiado. De hecho, la situación ha empeorado. Llevamos tres días bajo intensos bombardeos. Y las noches son horribles. No hemos pegado ojo en cuatro noches». Las explosiones se suceden, confirmando las palabras de la joven.
Deir Mimas se encuentra justo frente al castillo de Beaufort –tomado por las fuerzas israelíes hace unas semanas– y cerca de posiciones hebreas y de localidades que pretenden conquistar. Elie explica: «Es probable que estén disparando desde Taybeh, donde están». Deir Mimas permanece aislado en medio de una zona que, a su vez, está incomunicada con el resto del país. De hecho, la conexión a internet se pierde poco antes de llegar al pueblo. La red telefónica tampoco funciona. Y en los teléfonos móviles extranjeros aparece un revelador mensaje: «Bienvenido a Israel».
A unos cuatro kilómetros de distancia, entre las localidades de Bourj el Moulouk y Qlayaa, un pequeño grupo observa una columna de humo en el horizonte, tratando de localizar el punto exacto donde cayó el proyectil. Al verse impedidos de cultivar sus tierras, a los habitantes de la región les quedan pocas opciones y se están convirtiendo en auténticos expertos en asuntos militares. También les preocupa el futuro, ya sea próximo o lejano, cuando finalmente regrese la paz, «que inevitablemente sucederá». Pero, ¿seguirán siendo cultivables sus tierras, dadas las sustancias tóxicas esparcidas por las tropas israelíes?
Clases solo por internet
Otra fuente de preocupación es la educación. La mayoría de los padres no puede costear las matrículas y las propias escuelas corren el riesgo de cerrar, ya que deben seguir cubriendo los salarios de los profesores y los gastos operativos. Los administradores no saben cómo planificar el futuro, dado que las escuelas cristianas suelen acoger a muchos alumnos musulmanes. Sin embargo, todos los chiíes –sean o no simpatizantes de Hezbolá– se han visto obligados a abandonar la zona. Por ahora, las escuelas imparten clases a través de internet y el año académico llega a su fin. Pero, ¿podrán reabrir con un número de alumnos tan reducido?
Los padres expresan su angustia al doctor Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj, quien ha acudido para brindar ayuda económica a escuelas católicas, protestantes y ortodoxas en los pueblos de Jdeidet Marjayoun y Qlayaa. Es el único que realiza esta labor –junto con la asociación francesa L’Œuvre d’Orient– porque, como suele decir, «si la escuela permanece abierta, la familia se queda en el pueblo. Y, si la familia se queda, el pueblo sobrevive». Los alumnos comparten este sentimiento. «Prefiero ir a la escuela porque echo a menos a mis amigos», afirma Andrea, una estudiante adolescente.
La muerte de un padre y sus dos hijos
Al igual que las aldeas cristianas de la región, atrapadas entre dos fuegos por el conflicto entre Israel y Hizbolá, la escuela de Andrea fue alcanzada por un misil, lo que causó graves daños. Y los daños «colaterales» siguen aumentando. Recientemente, se cobraron la vida de una familia entera, los Karam: Tony y su hermana Theodosia, que regresaban de la universidad en Beirut tras realizar sus exámenes, y su padre, James, quien conducía su vehículo.

El doctor Abou Nader, de la ONG Nawraj, viajó a Qlayaa para dar el pésame a la familia Karam por la muerte del padre y sus dos hijos, víctimas colaterales de un ataque israelí.
(Nathalie Duplan)
El doctor Abou Nader acudió a Qlayaa para expresar sus condolencias a la familia. También en esta ocasión fue una de las pocas personas que hizo el viaje. Los familiares se han reunido en torno a Emm Boutros, madre de James y abuela de Theodosia y Tony. El apoyo se manifiesta más con la presencia que con las palabras porque, ante semejante tragedia, las palabras sobran. «¡Al Masih Qam! » («¡Cristo ha resucitado!»), proclama el padre Gergès, primo de James Karam. «¡Haqqan Qam!» («¡Verdaderamente ha resucitado!»), responde la gente.
«Ya no podemos más con Hizbolá, que nos considera traidores porque queremos ser neutrales y nuestras aldeas no están siendo atacadas por los israelíes»
Marie
Cristiana de Qlayaa
Al igual que esta familia, toda la población demuestra mucha valentía, pero no puede ocultar su agotamiento. Así lo resume Marie: «Cuando se habla de un alto el fuego, nosotros no lo queremos para acabar con la amenaza que se cierne sobre nosotros. Podemos soportar la guerra si sabemos que será la última. Pero ya no podemos más con Hizbolá. Además, ahora nos consideran traidores porque queremos mantenernos neutrales y nuestras aldeas no están siendo atacadas directamente por los israelíes. La gente está cansada y quiere vivir en paz».
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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