Southampton, la ciudad que se niega a ser definida por una tragedia: «Nunca, jamás, perdonaré a la Policía»

Frente a la comisaría de policía de Portswood, Southampton, se acumulan flores, fotografías y mensajes escritos a mano. Es el lugar donde se concentra el duelo por Henry Nowak, el estudiante de 18 años que fue esposado por la policía mientras se desangraba y … cuyo asesino fue condenado a cadena perpetua.
Algunos ramos están marchitándose y varios mensajes aparecen desdibujados por la lluvia, pero los vecinos siguen acercándose para dejar flores frescas y detenerse unos instantes en silencio.
Una vecina me señala el punto donde ocurrieron los hechos, en una calle de casas adosadas con el silencio propio de una zona residencial cualquiera del sur de Inglaterra, una imagen que cuesta reconciliar con los vídeos de los disturbios que han situado a Southampton en los titulares de medio mundo y que comenzaron cuando se hizo público el vídeo de la detención de Nowak, a quien su asesino acusó falsamente de haberle propinado insultos racistas.
Otra residente, Susan, asegura haber escuchado rumores sobre nuevas protestas, por lo que se irá a otra ciudad, «a casa de mi hija unos días hasta que todo esto se calme».
La presencia policial ayuda poco a disipar esa sensación de incertidumbre. En las zonas donde se produjeron los incidentes más graves hay furgones policiales y parejas de agentes recorren las calles. Mientras converso con dos de ellos, desde la ventanilla de un coche alguien les grita «killers» (asesinos). La indignación continúa aflorando.
Angela, quien explica que vive «a la vuelta de la esquina» del lugar donde murió Henry, confiesa estar «muy afectada y bastante enfadada» porque «es muy doloroso ver los últimos momentos de vida de ese chico, que no recibió ayuda porque no le creyeron que había sido acuchillado», señaló.
La mujer mostró su apoyo a las protestas contra la actuación policial, pero «no estoy de acuerdo con la violencia» y sugirió que algunos de los disturbios podrían haber sido provocados por «agitadores». Además, advirtió de que existe el riesgo de que aumenten las tensiones pese a que «somos una comunidad bastante unida, especialmente por esta zona». «Hay gente que puede pensar que todo un grupo de personas es igual por culpa de una sola manzana podrida», lamentó.
«Es muy doloroso ver los últimos momentos de vida de ese chico, que no recibió ayuda porque no le creyeron que había sido acuchillado»
Angela, vecina de Southampton
Este mismo sábado, una manifestación convocada por el grupo nacionalista Southampton Patriots combinó los actos de conmemoración del Día D con una vigilia en memoria del joven, en la que bajo el aguacero se escucharon consignas como «policía racista», «White Lives Matter» («la vida de los blancos importa») y «No puedo respirar», en referencia a las palabras que pronunció Henry antes de morir. Dos niños y dos niñas de corta edad y empapados hasta los huesos, se turnaban para sostener una pancarta pidiendo justicia para Henry.
Entre los asistentes se encontraba Lorraine, de 86 años, que nació en plena Segunda Guerra Mundial y que confesó que al ver el vídeo de Nowak «lloré y lloré. No puedo superarlo, pienso mucho en sus padres». «Nunca, jamás, perdonaré a la Policía. Nunca», afirmó con contundencia. «Es absolutamente devastador». Su enfado es tal que asegura que los agentes implicados «deberían ser castigados de una manera que ni siquiera puedo describir».
Y a continuación denuncia que «la policía de este país es racista contra los blancos. Te tratan peor si eres blanco, rubio y de ojos azules». Sus palabras reflejan el profundo resentimiento y pérdida de confianza hacia las fuerzas de seguridad que se han hecho patentes en parte de la sociedad.
El sábado, una manifestación convocada por el grupo nacionalista Southampton Patriots combinó los actos de conmemoración del Día D con una vigilia en memoria del joven.
(I. S.)
Cuchillos ceremoniales
Con ABC también conversó Craig Jones, miembro del grupo organizador, que se mostró especialmente contundente sobre la cuestión de los cuchillos y rechazó cualquier excepción. «No importa de dónde seas ni qué religión practiques», dijo. «Y no me importa si eso ofende a alguien. Los cuchillos ceremoniales deben usarse en un lugar ceremonial. ¿Por qué los sijes están autorizados a caminar con un cuchillo que claramente es capaz de matar a alguien?», se preguntó.
Jones también cargó duramente contra la actuación policial. «Todo el mundo ha visto la grabación. Es absolutamente desgarradora». «En cuanto se dijo que había habido insultos raciales, trataron a Henry como si fuera el criminal por el color de su piel». «Se le puede oír decir que no puede respirar», declaró, y «da igual cuál fuera el incidente, la prioridad debería haber sido prestar primeros auxilios a cualquiera que estuviera herido. La vida de las personas debería preservarse antes que cualquier otra cosa».
«El color de su piel lo mató aquella noche, por desgracia», señaló, pero matizó que «aquí tenemos zonas donde viven sijes, musulmanes, indios y pakistaníes, pero desafortunadamente, hay racistas y malas personas en todas las sociedades». Visiblemente afectado, concluyó diciendo que lo que le ocurrió al joven es «absolutamente horrible, no puedo imaginar que algo así le ocurriera a cualquiera de mis hijos».
Estas opiniones reflejan una parte de la rabia que se ha dejado sentir tras el crimen, que se suma al temor de que la responsabilidad de una sola persona termine proyectándose sobre comunidades enteras.
Miedo entre los sij
Cerca de la Universidad de Southampton, Rosie, una estudiante, me dice: «Mira las calles, hay restaurantes de kebabs, indios, asiáticos, tiendas árabes, pubs ingleses…». Su amigo Ethan asiente. «Esto es tremendo. Nunca hemos tenido grandes problemas, aquí vivimos mezclados». Y es que, según sus habitantes, esta ciudad portuaria y universitaria está acostumbrada a que en ella vivan personas de todas partes. Una de ellas es Arjun, estudiante británico de origen sij que asegura que «sí, hay miedo» y ha escuchado «sobre agresiones verbales» a otros sijes. Su madre, dice, «está muy preocupada y no quiere que yo vaya solo por la calle».
Ese temor resulta perceptible también al atravesar las puertas de algunos de los «gurdwaras», templos sij, de la ciudad. En uno de ellos, en el langar, la cocina comunitaria donde cualquier persona puede entrar a comer gratis, varias mujeres preparan dulces tradicionales. Todas condenan el crimen y uno de los voluntarios afirma que se sienten injustamente señalados por las acciones de una sola persona. «Los sijes somos una de las comunidades más pacíficas que existen», asegura.
Al ser preguntado sobre la polémica del kirpán, la daga ceremonial que algunos de ellos usan como símbolo religioso y que llevaba el asesino de Henry, defiende que sea legal portarlo. «Henry no fue asesinado con un kirpán. El agresor llevaba también otra hoja más grande que fue la que utilizó».
Tragedia individual, condena colectiva
La idea de que una tragedia individual no puede convertirse en una condena colectiva aparece también en las palabras de Sarah Bogle, líder del Ayuntamiento de Southampton, donde recibe a ABC después de una semana «triste». «Algunas personas decidieron instrumentalizar la tragedia», y el resultado es que «ahora toda la atención está puesta sobre Southampton por todas las razones equivocadas», lamenta. «No quiero que la ciudad sea conocida por este incidente aislado e inaceptable», afirma. «Quiero que se conozca por las muchas cosas buenas que tiene y las magníficas comunidades que la habitan».
«Muchos países están experimentando alguna forma de populismo de derechas que alimenta la desconfianza y el odio»
«Aquí se hablan unas 160 lenguas, e incluso las ceremonias de recuerdo a los caídos se han convertido en un reflejo de esa convivencia, ya que se celebran como servicios multiconfesionales en los que todo el mundo participa». Sonríe al recordarlo. «Es realmente bonito». Por eso insiste en que lo ocurrido no puede convertirse en una etiqueta permanente.
A su juicio, el problema va más allá. «Muchos países están experimentando alguna forma de populismo de derechas que alimenta la desconfianza y el odio», dice, y añade que «a la gente le gusta culpar a alguien, lo hemos visto con ataques antisemitas por lo que ocurre en Gaza e Israel o con ataques contra personas musulmanas por asociaciones injustas con el terrorismo». Y esto «no es un fenómeno nuevo, tristemente, pero ahora se alimenta muy rápidamente, las redes sociales contribuyen a avivar ese odio».
El caso Nowak desata un choque entre Washington y Londres
La muerte de Henry Nowak ha trascendido el ámbito local para convertirse en un inesperado foco de tensión diplomática entre Londres y Washington. Lo que comenzó como una polémica nacional sobre la actuación policial en el crimen del estudiante de 18 años, ha derivado en un choque abierto después de que altos cargos de la Administración estadounidense, encabezados por el vicepresidente J. D. Vance, utilizaran el caso para denunciar la inmigración masiva y lo que califican como una política policial de «doble rasero» en el Reino Unido.
Vance llegó a afirmar que Nowak seguiría vivo si las élites europeas hubieran resistido la «invasión masiva de migrantes», pese a que su asesino, Vickrum Digwa, había nacido en Reino Unido. La reacción desde Downing Street fue dura: «En los últimos días hemos visto a personas intentando interferir en nuestra democracia y buscando avivar la división en nuestras calles», aseguró un portavoz del primer ministro Keir Starmer.
Frente a esa dinámica, Southampton trata de aferrarse a la convivencia pacífica que muchos consideran una de sus señas de identidad e intenta recuperar la normalidad mientras exige justicia para Henry Nowak y trata de impedir que esta tragedia termine definiendo a toda una ciudad.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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