Un pequeño distrito del norte de Inglaterra decide hoy el futuro del primer ministro británico

Este jueves, a las siete de la mañana, los primeros votantes acudieron a las urnas en Makerfield, una circunscripción del noroeste de Inglaterra que rara vez aparece en el mapa político nacional y que, sin embargo, se ha convertido durante las últimas semanas en el … lugar donde se mide la resistencia del primer ministro británico, Keir Starmer, la capacidad de supervivencia del Partido Laborista en su antiguo corazón obrero y el avance de una derecha populista que ya no actúa como fenómeno periférico, sino como fuerza capaz de disputar territorios hasta hace poco considerados seguros.
La elección parcial, convocada tras la dimisión del diputado laborista Josh Simons, se celebra entre las siete de la mañana y las diez de la noche, y los resultados se conocerán en la madrugada del viernes. Pero su desenlace político empezó a escribirse antes de que se abrieran los colegios electorales, porque el candidato laborista no es un aspirante cualquiera, sino Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, exministro, antiguo diputado y figura que, si recupera un asiento en Westminster, quedaría en condiciones de disputar el liderazgo del partido a Starmer.
Makerfield pertenece a ese cinturón posindustrial del norte inglés donde la política británica de posguerra encontró durante décadas el voto laborista, sindicatos fuertes, memoria minera y una idea de comunidad vinculada al trabajo industrial. Pero el cierre de viejas industrias, la precariedad de los servicios públicos, la pérdida de comercio local y la sensación de abandono han abierto una grieta que Reform UK, el partido de Nigel Farage, ha explotado con un mensaje centrado en la inmigración y el rechazo a las élites de Westminster.
El escaño ha sido laborista desde su creación en 1983, pero Reform UK amenaza con arrebatárselo. Si Burnham gana, sus partidarios interpretarán la victoria como el impulso definitivo para promover un relevo en la dirección del partido y de un gobierno en horas bajas. Pero si pierde ante Robert Kenyon, candidato de Reform y segundo en las encuestas, el golpe para el laborismo sería de una magnitud difícil de contener.
La campaña ha tenido dos dimensiones superpuestas. En la primera, la local, los votantes han escuchado promesas sobre coste de la vida, transporte, empleo o seguridad. En la segunda, la nacional, cada gesto ha sido leído como parte de una batalla por Downing Street. Burnham, que ha construido su figura pública desde Manchester con un discurso de devolución de poder, servicios esenciales bajo control público y crecimiento económico fuera de Londres, ha tratado de presentar Makerfield como una comunidad que puede obligar a Westminster a escuchar. En el cierre de campaña, afirmó que esta elección podría «cambiar la política británica».
Starmer, desde la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, intentó desactivar la amenaza con una mezcla de elogio y advertencia. Según la prensa local, el primer ministro calificó a Burnham como una «figura clave» para el partido y dijo que esperaba que, si ganaba, desempeñara «un papel importante» en el Gobierno. Pero también dejó claro que no tiene intención de abandonar el cargo y que, si se produce un desafío interno, luchará por mantenerse al frente del Ejecutivo y de la formación.
Burnham llega a esta jornada con una ventaja estrecha según las encuestas. El mayor sondeo realizado durante la campaña, elaborado por Opinium para Forward Democracy, otorgaba a Burnham una ventaja de cinco puntos sobre Kenyon entre los electores con mayor probabilidad de acudir a votar, con un 46% de intención de voto frente al 41% de su rival de Reform UK.
Al mismo tiempo, la popularidad nacional de Burnham ha mostrado signos de desgaste. Un estudio de YouGov publicado esta semana sitúa su saldo de opinión en negativo: el 30% de los británicos afirma tener una imagen favorable del alcalde del Gran Manchester, frente al 41% que expresa una opinión desfavorable.
La candidatura de Kenyon ha concentrado tanto las esperanzas de Reform como sus riesgos. Fontanero de profesión y concejal local, se ha presentado como voz de una comunidad cansada de políticos profesionales, pero su campaña quedó marcada por la publicación, en redes sociales, de antiguos mensajes atribuidos a él con comentarios sexistas y misóginos. Reform defendió a su candidato y sostuvo que las declaraciones pertenecían a una etapa previa a su entrada en política. La cuestión, sin embargo, ha introducido una variable de género en una campaña ya polarizada, en la que los laboristas han intentado consolidar el voto de verdes, liberales demócratas y conservadores moderados para impedir una victoria de Farage.
A la derecha de Reform aparece además Restore Britain, el partido creado por Rupert Lowe tras su ruptura con Farage. Su candidata, Rebecca Shepherd, puede que no aspire a ganar, pero sí a alterar el resultado si absorbe parte del voto antiinmigración más duro. Pero el ascenso del voto radical puede, al dividirse, facilitar la victoria laborista.
Así, este jueves los focos están sobre Makerfield, una circunscripción de tan solo 77.000 electores pero con una carga política desproporcionada: la de decidir si Andy Burnham vuelve a Westminster o no, y si, en caso de ganar, lo haría con fuerza suficiente para acelerar el final de Starmer.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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