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En la Fanb todavía no parece haber llegado el memo de que Washington cambió las reglas del juego

📅 🕐 hace 4 min🔗 Fuente: LaPatilla.com🕑 4 min de lectura
En la Fanb todavía no parece haber llegado el memo de que Washington cambió las reglas del juego
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Las declaraciones de Gustavo González López sobre la soberanía dejaron una imagen curiosa del momento político que vive el chavismo. Mientras el ministro de Defensa del régimen aseguró que “lo que no es negociable, lo que es inflexible, lo que no muta son nuestras raíces de independencia, nuestro pensamiento militar bolivariano y nuestras ideas de soberanía”, los hechos apuntan a una realidad mucho más incómoda para la narrativa oficial.

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No se trata de discutir si Venezuela es o no un país soberano. El verdadero asunto es quién fija actualmente los límites de actuación del régimen de Delcy Rodríguez.

Durante años, la Fuerza Armada fue educada bajo la idea de que Estados Unidos representaba la principal amenaza para la nación. La doctrina política del chavismo convirtió la confrontación con Washington en una de sus principales banderas ideológicas. Sin embargo, el 3 de enero ocurrió algo que alteró por completo esa relación de fuerzas.

La captura de Nicolás Maduro durante una operación militar estadounidense no solo provocó un cambio de régimen. También envió un mensaje político directo a toda la estructura de poder chavista: Washington estaba dispuesto a actuar cuando considerara que las circunstancias lo ameritaban.

Desde entonces, buena parte de las decisiones fundamentales tomadas por el régimen han ocurrido bajo la sombra de ese precedente.

No es casualidad que el chavismo haya moderado significativamente su discurso contra Estados Unidos. Tampoco es casualidad que Delcy Rodríguez haya evitado cualquier confrontación frontal con la Casa Blanca. La prioridad ha sido otra: demostrar disposición a cooperar y cumplir con la hoja de ruta exigida por Washington para sostener el proceso de transición.

Las señales abundan.

Estados Unidos ha respaldado públicamente las conversaciones entre Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera. El Departamento de Estado ha descrito esos encuentros como parte de un proceso orientado a una transición democrática. Además, funcionarios estadounidenses han dejado claro que esperan avances en áreas como el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y las garantías políticas.

Más recientemente, incluso la agenda de seguridad ha reflejado esa influencia.

Diosdado Cabello reconoció que Estados Unidos aportó tecnología para la operación que culminó con la muerte de Héctor Guerrero, alias “Niño Guerrero”. Posteriormente, reportes de The Wall Street Journal revelaron que Washington también suministra inteligencia y apoyo operativo en la ofensiva contra organizaciones criminales que controlaban zonas mineras del sur del país.

Es decir, mientras González López habla de independencia, la principal operación militar desarrollada por el régimen venezolano en los últimos meses contó con participación estadounidense.

La contradicción no pasa desapercibida.

Porque el ministro utilizó un lenguaje que habría tenido sentido durante la época en que Hugo Chávez denunciaba diariamente al “imperio” o cuando Maduro acusaba a Washington de intentar derrocarlo. Pero la realidad actual es distinta. El chavismo ya no se comporta como un actor que desafía a Estados Unidos. Se comporta como una estructura política que procura no cruzar las líneas que Washington ha trazado desde enero.

Y esa diferencia es fundamental.

No porque Estados Unidos gobierne directamente Venezuela ni porque cada decisión se tome en Washington. El punto es otro: el régimen sabe perfectamente cuáles pueden ser las consecuencias de ignorar determinadas exigencias o desviarse de la ruta establecida.

La caída de Maduro funciona como recordatorio permanente.

Por eso las declaraciones de González López generan ruido. Parecen provenir de una Fuerza Armada que todavía intenta aferrarse al discurso soberanista heredado de la era Maduro, mientras la dirigencia política chavista opera bajo parámetros completamente distintos.

En otras palabras, la Fanb sigue hablando como si el principal desafío fuera resistir a Washington. Pero los hechos muestran que el verdadero desafío para el régimen es evitar correr la misma suerte que Maduro.

Y esa es precisamente la paradoja que dejó al descubierto el discurso del ministro: mientras él reivindica las “raíces de independencia”, el poder chavista parece actuar con plena conciencia de que, desde el 3 de enero, existe un actor externo con capacidad demostrada para imponer consecuencias cuando considera que sus intereses están en juego.

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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