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Opinión

el rey del ragtime y las sombras del racismo

📅 🕐 13 Dic 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
Juan Pablo Correa
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Cuando escuchamos el nombre de Scott Joplin, aquel compositor de la música de la película de El Golpe protagonizada por Paul Newman y Robert Redford -recientemente fallecido-, de inmediato pensamos en el alegre sonido del ragtime. Ese piano vibrante que camina con la mano izquierda saltando con un ritmo constante, mientras la derecha se llena de síncopas juguetonas y melodías chispeantes. Pero detrás de esa música, aparentemente ligera, hubo una vida marcada por la discriminación y la lucha por ser tomado en serio como compositor.

Joplin nació el 24 de noviembre de 1868, en Texas, en el seno de una familia afroamericana humilde. La esclavitud había sido abolida apenas cinco años antes, pero la segregación seguía siendo una realidad dura y cotidiana. Para un niño negro con talento musical, los caminos hacia la formación académica eran estrechos y llenos de obstáculos. Aun así, Scott encontró maestros que reconocieron su talento y lo ayudaron a estudiar piano, teoría y composición.

Desde temprano soñó con algo grande: quería que el ragtime, ese estilo popular en bares y tabernas, fuera reconocido como música de concierto. Lo veía como un equivalente americano de la polonesa o el vals, y se propuso demostrarlo. Su oportunidad llegó en 1899, cuando publicó el Maple Leaf Rag. La pieza se convirtió en un fenómeno editorial y marcó un antes y un después en la historia de la música estadounidense.

El éxito, sin embargo, no vino acompañado de un reconocimiento justo. A pesar de que miles de partituras circularon por todo el país, Joplin apenas recibió una fracción de lo que le correspondía. Era la norma de la época: los editores explotaban sin reparos a los músicos afroamericanos. Su música se tocaba en salones distinguidos, pero él seguía siendo marginado en un mundo donde los escenarios importantes estaban reservados a intérpretes y compositores blancos.

Algunos relatos populares cuentan que, en sus primeras presentaciones públicas, el público se levantaba y abandonaba el lugar al descubrir que era negro. En realidad, no hay evidencia de que esto ocurriera de esa forma. Lo que sí está documentado es algo más sutil y cruel: muchas de sus obras, en especial la ópera Treemonisha, fueron ignoradas por teatros e instituciones precisamente por su color de piel. No hubo abucheos ni escándalos, sino silenciamiento. Y a veces, la indiferencia hiere más que el rechazo abierto.

Ese patrón de discriminación no fue exclusivo de Joplin. La historia está llena de casos similares. Duke Ellington, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, entre muchos otros, fueron considerados durante años simples animadores antes de que se reconociera su genio. George Gershwin, por ser judío, enfrentó prejuicios en la élite cultural anglosajona. Incluso Felix Mendelssohn, en la Alemania del siglo XIX, sufrió ataques por su ascendencia judía. En todos los casos, el talento luchaba contra muros de prejuicio.

Joplin, consciente de esa barrera, intentó romperla con Treemonisha. Quería demostrar que un compositor negro podía crear una obra lírica con el mismo peso que las europeas. La ópera, sin embargo, fue ignorada en su tiempo. Ni público ni instituciones quisieron darle espacio. Fue otro golpe de la segregación cultural que lo acompañó durante toda su vida.

La historia personal de Joplin fue también dolorosa. Perdió a su primera esposa apenas unos meses después del matrimonio, y su segunda unión tampoco fue estable. En sus últimos años, la enfermedad lo debilitó física y mentalmente. Murió en 1917, en la pobreza, internado en un hospital de Nueva York. El “rey del ragtime” partió sin coronas, sin honores y casi sin que nadie reparara en él.

El destino, sin embargo, le tenía reservado un renacer. En 1973, más de medio siglo después de su muerte, la ya mencionada película The Sting (El Golpe) utilizó como tema principal The Entertainer. Esa pieza, compuesta por Joplin en 1902, se volvió un éxito mundial, llegando a millones de personas que jamás habían oído hablar de él. El ragtime revivió, y con él el nombre de su creador.

El eco de Joplin no se quedó en Estados Unidos. En Venezuela, su música llegó a través del piano académico y del jazz. Generaciones de estudiantes practicaron The Entertainer o Maple Leaf Rag en clases, como un puente entre técnica y ritmo. Pianistas como Aldemaro Romero, en su búsqueda de unir lo popular con lo académico, también siguieron el camino abierto por Joplin: demostrar que lo sincopado podía ser arte mayor.

Hoy Scott Joplin es estudiado en conservatorios y universidades de música. Su Maple Leaf Rag y su Entertainer son partituras obligadas en la historia del piano, y Treemonisha ha sido revalorada como un hito de la ópera estadounidense. El reconocimiento tardó, pero llegó, como una justicia poética para quien nunca dejó de soñar en grande.

Escuchar a Joplin es escuchar no solo el nacimiento del jazz, sino también la voz de un hombre que se atrevió a componer contra la corriente del racismo. Cada síncopa de su piano es un acto de resistencia, una risa luminosa contra la sombra de la discriminación. Y cada nota, más de un siglo después, sigue recordándonos que el talento no conoce color de piel ni fronteras.

De Scott Joplin, interpretado por el pianista italiano Dario Ronchi, podemos escuchar su muy famosa pieza Maple Leaf Rag: https://www.youtube.com/watch?v=bCxLAr_bwpA 

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.el-carabobeno.com

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