Mario Vargas Llosa, un compromiso por la libertad
Introducción
No hay duda alguna de que uno de los grandes pensadores liberales de nuestro tiempo es el recientemente fallecido, Mario Vargas Llosa. Nuestro literato, uno de los prosistas más impactantes de habla hispana y figura excepcional de la literatura contemporánea; ha trascendido los cauces de la narrativa para transformarse en un pensador influyente en el ámbito político, cultural, y económico.
Con ejemplos como la igualdad de oportunidades, la igualdad de géneros o la defensa del medio ambiente, temas que en los siglos XIX y XX no formaban parte de la preocupación pública, hoy en día lo son gracias al impulso y la filosofía liberal. “Comencé a leer a muchos pensadores liberales y quedé seducido por ellos, convencido de que el liberalismo dentro de la cultura democrática, dentro del sano ambiente de la libertad, era probablemente la doctrina que había impulsado las reformas más profundas, las mejores transformaciones que habían ido enriqueciendo a la democracia y promoviendo valores que hoy día son universalmente aceptados”, declaró en una ocasión el premio Nobel de Literatura.
Como hombre de letras, sus novelas también forjan su visión del mundo. Conversación en La Catedral es un manifiesto contra el autoritarismo; La fiesta del Chivo, un demostración del horror del poder absoluto; La guerra del fin del mundo, una narración sobre el fanatismo ideológico; y El sueño del celta, un análisis sobre los abusos del colonialismo. Inclusive en Pantaleón y las visitadoras o Travesuras de la niña mala se exhibe su suspicacia hacia toda forma de moral impuesta desde arriba.
La famosa “década perdida” de América Latina por las políticas populistas del desarrollo hacia dentro, el intervencionismo estatal, y el nacionalismo económico que recomendaba la CEPAL, impregnada de la filosofía económica de su presidente Raúl Prebisch, resultó particularmente letal para el Perú, puesto que sus gobiernos fueron todavía más lejos contra las inversiones extranjeras y en sacrificar la creación de riqueza A este respecto el propio escritor relata que en 1960 el Perú se encontraba por su nivel de ingresos en el octavo lugar en América Latina mientras que en el gobierno de Alan García había descendido al puesto catorceavo.
En efecto, encabezando las protestas contra esta negativa gubernamental actitud en 1987. Es interesante destacar que en este nefasto gobierno de A. García, el déficit de las empresas públicas había arribado a la cantidad de US $ 2.500 millones equivalente a todas las divisas que habían ingresado ese año por las exportaciones.
El Movimiento Libertad
Después del triunfal mitin en la plaza San Martín, que detuvo en seco los intentos de nacionalizar la banca peruana, nuestro escritor experimenta la necesidad de fundar un movimiento similar a un partido, pero mucho más abierto e ideológico orientado hacia el liberalismo moderno. Así efectivamente se funda el Movimiento Libertad (ML) junto con algunos amigos y protectores, y el 15 de marzo de 1988 abre su primer local. En una de sus primeras jornadas del ML, se propuso en una presentación que las naciones del Tercer Mundo que las políticas de mercado, con impulso a las exportaciones, mediante las empresas privadas habían proporcionado un vigoroso crecimiento, a países como los denominados cuatro dragones asiáticos —Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur— o como Chile. Si bien en estos países las reformas económicas chocaban con la acción represora de sus respectivos gobiernos, en las jornadas perseveraron en demostrar que esto no era tolerable ni obligatorio.
La informalidad en la economía
El estudio de los problemas de informalidad, ahora están de moda, es decir que el Estado elabora y ordena tantas disposiciones legales y de carácter administrativo que es casi imposible a un empresario pequeño o mediano obtener ganancias y lograr una posición en el mercado sin violentar la ley o las disposiciones de carácter sub-legal. Así en la actualidad los gobiernos de Javier Milei (Argentina) y de Donald Trump (EE.UU) han emprendido la urgente tarea de derogar cientos de disposiciones legales y administrativas para darle un empujón a sus respectivos aparatos productivos.
Mario Vargas Llosa conoció en estos menesteres a Hernando de Soto del Instituto Libertad y Democracia en donde éste junto con Enrique Ghersi y Mario Ghibellini habían escrito un libro El otro sendero, que precisamente fue prologado por primera vez por el propio Vargas Llosa, el cual estaba sustentado por una sólida investigación, cómo aquella economía informal, estructurada al margen legal y administrativo, era una excelente interesante respuesta de los pobres a las barreras discriminatorias que imponía una adaptación mercantilista al capitalismo que conocía el Perú.
Aquella investigación minuciosa, fue fundamental para la publicidad de las ideas liberales en el Perú y marcó un antes y un después. Más adelante, Hernando de Soto preparó dos Simposios internacionales (1979 y 1981) para los que trajo un elenco de economistas e intelectuales como —Hayek, Friedman, Jean-François Revel y Hugh Thomas, los cuales fueron como una ventana fresca e innovadora en aquel Perú agotado por años de demagogia populista y de dictaduras militares. Unas elecciones difíciles
Una de las razones que motivaron a nuestro escritor a meterse de lleno en una fuerte disputa por la presidencia del Perú, fue que desde que se iniciaron las primeras encuestas aparecía su nombre como una figura popular, con intenciones de voto, en caso de una eventual candidatura, de cerca de un tercio del electorado, ¡ el más alto porcentaje entre los presuntos aspirantes a la presidencia por aquella elección, todavía lejana en 1990 !
Después de pasar un año de negociaciones con los partidos Acción Popular y el Partido Popular Cristiano, se acordó la constitución del Frente Democrático.
La campaña electoral de Vargas Llosa se caracterizó por su firme defensa de los principios liberales, como el mercado libre, la democracia y la libertad individual. A pesar de que no pudo alcanzar la presidencia, su participación marcó un hito en la historia política del Perú, dejando un legado de ideas y críticas hacia los modelos populistas que habían predominado en el país.
Lamentablemente, según el propio novelista, el Frente Democrático, llamado Fredemo por la prensa, no logró a ser una fuerza única, coherente y acabada, en la que una meta común sobresaliera sobre los mezquinos intereses de los partidos que la formaban. Apenas en la segunda vuelta, luego de una sorpresa, — el impactante y elevadísimo porcentaje obtenido por el “outsider “ Alberto Fujimori y la certeza de que en la elección final posiblemente el voto aprista e izquierdista lo respaldaría—produjo un feo susto que unió a la militancia e indujo por fin a los dirigentes a ayudarse entre sí sin los egoísmos que habían prevalecido hasta el 10 de abril de 1990.
La vinculación con Acción Popular y el Partido Popular Cristiano no fue la causa principal de la derrota en las elecciones.
Creemos que nuestro hombre de letras, y gran entusiasta del liberalismo que en ese entonces, se echó encima toda la culpa. Para nada habla del ingeniero Alberto Fujimori japonés de origen, perteneciente a una nueva clase social distinta a los blancos y a los cholos. Recuerdo que mi padre (Héctor Esteves Llamozas) decía que el Perú se salvaría con un dictador japonés, y sus palabras resultaron proféticas.
Nuestro, escritor apenas nos dice lo siguiente sobre su inesperado y súbito contendiente:
En el debate que tuve con mi adversario, el 3 de junio de 1990, el ingeniero Alberto Fujimori ironizó : “parece que usted quisiera hacer del Perú una Suiza, doctor Vargas”. Aspirar a que el Perú sea “una Suiza” ha pasado a ser, para una considerable porción de mis compatriotas, una pretensión grotesca, en tanto que para otros, los que preferirían convertirlo en una Cuba o una Corea del Norte, en algo intolerable, además de imposible” (El pez en el agua, p.26).
Para concluir podemos decir que ya alejado de la política partidista, o con fines de alcanzar el poder, nuestro Premio Nobel prepara un extraordinario texto, La llamada de la tribu. Ahí estudia autores como lo son Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel, quienes le fueron de enorme ayuda durante aquellos años de congoja, exponiendo otra tradición de pensamiento que privilegiaba al individuo frente a la tribu, la nación, la clase o el partido, y que lucha por la libertad de expresión como valor fundamental para el ejercicio de la democracia
Se nos revela como un portentoso intelectual liberal, en donde reconoce las distintas escuelas del liberalismo moderno y de cómo magníficos autores como Milton Friedman, Friedrich von Hayek, y otros confluyen en el gran río del pensamiento pro-economía de mercado, pacifista, y defensor de las libertades individuales cómo la libertad de conciencia, y religiosa, pero por encima de todo: ¡ de los derechos humanos!
No tenemos duda alguna que después de leer La llamada de la tribu, nuestro Nobel de Literatura, nos parezca un verdadero sabio representativo de nuestra época.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.analitica.com
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