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Salud

Conocer las dinámicas internas de un hospital público protege al paciente del caos – Efecto Cocuyo

📅 🕐 hace un momento🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 9 min de lectura
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Foto: Archivo

¿Es posible hacer exámenes complejos en el Hospital Clínico Universitario de Caracas (HCUC)? Sin pretender documentar que hay una mejora, reactivación o superación de la crisis estructural que mantiene intervenido este centro de salud tipo 4 y que opera bajo mínimos estándares éticos y de materiales, la respuesta es sí, aunque es importante decir que no es una ruta sencilla.

En un sistema donde la información oficial está oculta, la ciudadanía tiene el derecho de saber cuáles atenciones aún prevalecen y, fundamentalmente, comprender cómo funcionan sus complejas dinámicas internas para no perder la vida —ni los recursos— intentando acceder a ellas.

Dos realidades

A simple vista y desde afuera, el HCUC es un robusto complejo arquitectónico que tiene una particularidad única: es una joya arquitectónica (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte de la Ciudad Universitaria) que hoy sobrevive partida en dos realidades: la fachada cosmética de las remodelaciones y el colapso interno de sus servicios básicos.

Aun así, es centro de referencia nacional y sede de la docencia médica. Eso garantiza su vigencia. Y por eso, Leonardo* (57) llegó en enero de este año al servicio de Radiodiagnóstico, luego de ser referido por su médico cardiovascular tratante, en un centro privado, quien le diagnosticó claudicación de los músculos de las pantorrillas.

Esa afección no le permitía caminar una cuadra completa sin que se parara por el dolor agudo. Durante varios años estuvo buscando explicaciones óseas o musculares, sin éxito. Pero, “era un asunto vascular, así que mi médico me refirió al Clínico, al servicio de Radiodiagnóstico”.

Para Leonardo, caminar era un acto de pura resistencia, y también lo era ir al sistema público de salud. En la práctica, tenía temor de ir, pues no está ajeno a la crisis sanitaria que aún persiste en el país: tiene familiares en el sector salud y está al tanto de las carencias.

Armado de valor, llegó al servicio y se topó con el contraste que define la medicina actual. Por un lado, la promesa de la ciencia moderna: el intervencionismo cardiovascular, una disciplina mínimamente invasiva y, por el otro, andamios, polvillo de construcción de áreas bajo eternas remodelaciones que nunca terminan de inaugurarse, y el peso de una crisis presupuestaria que ha privatizado, por la vía de los hechos y la escasez, el derecho a la salud en el HCUC.

“Me realizaron dos angioplastias, la última hace 15 días. Sin embargo, en insumos gasté 3.700 dólares. Desde enero hasta esta fecha fue que pude reunir la plata. Porque eso funciona así, te atienden y te meten en plan quirúrgico, pero cuando tienes la lista de insumos. Me ingresaron a un quirófano especializado, no el que usan para las cirugías de rutina, así que no estuve en un pasillo haciendo una larga cola con el resto de los pacientes de otras patologías”.

Este laberinto de carencias no siempre fue la norma. El Hospital Universitario de Caracas nació y creció bajo un modelo institucional descentralizado; gozaba de una autonomía de gestión que le permitía administrar sus propios recursos, recibir créditos adicionales y diseñar presupuestos ajustados a su gigantesco volumen de atención.

El punto de quiebre fue en el año 2018, cuando el HCUC fue formalmente centralizado e intervenido por el Ministerio del Poder Popular para la Salud. Desde ese momento, la autonomía técnica y financiera se desvaneció.

“Las consecuencias de esta intervención se reflejan hoy en números devastadores: entre 2013 y 2014, mantenía una capacidad operativa de casi 1.200 camas ocupadas. Hoy, sobrevive con menos de 300 camas operativas, una reducción de 75 % en su capacidad de hospitalización”, dijo un trabajador con 27 años de servicio y a quien se le reserva la identidad por protección.

Ciertamente, la intervención también golpeó al talento humano. En 2018, en las salas del hospital había aproximadamente 1.400 enfermeras; hoy quedan menos de 400. “Esta alarmante deserción obliga a una sola enfermera a atender entre 30 y 40 pacientes por guardia, o a cubrir hasta dos y tres servicios enteros durante las jornadas nocturnas. Fueron empujadas a la migración o al comercio informal, debido a salarios que pulverizan lo establecido en el artículo 91 de la Constitución”, añadió el trabajador.

Lo que le hicieron a Leonardo, angioplastia femoral, es un procedimiento técnico que, al ser mínimamente invasivo, no reviste los riesgos de una cirugía abierta. A pocas horas ya estaba de pie y de regreso a su casa. 

Pasadas tres semanas de su última intervención, reconoce que hubo buena atención médica, que no estuvo en lista de espera, que no le suspendieron las citas y que, pese al calvario de reunir los $3.700, esto significó un punto a favor de su salud y a su bolsillo, pues en el sector privado los precios superan los $4.000. El costo final depende de la clínica, la cantidad de obstrucciones y el tipo de insumos médicos (como los balones o stents de última generación).

Vista su experiencia, esta es la hoja de ruta logística basada en la realidad interna del hospital:

  • Quienes van a este servicio no necesitan llevar referencias. 
  • Ahí hacen angiotomografías, pues tienen un tomógrafo y los pacientes deben llevar el contraste. Según Leonardo,  le costó $15. Luego de ese diagnóstico fue que le dieron la lista de materiales.
  • Las consultas para los casos de intervención quirúrgica con la técnica intervencionista son martes y jueves por orden de llegada, en el piso 6.

Reconocer las complejidades

Tras la eliminación de la histórica Central de Citas, que estaba ubicada en el piso 1, los pacientes deambulan piso por piso:

1: Reumatología y otras especialidades de estudio.

2: Neurocirugía, Cirugía Cardiovascular, Psiquiatría e Infectología.

3: Medicina 1, 2 y 3 y Cardiología.

4: Neurología, Gastroenterología, Urología y Ginecología.

5: Cirugías 1, 2, 3 y 4.

6: Traumatología y Cirugía de la Mano.

7: Oftalmología y otorrinolaringología.

8: Dermatología y Neumología.

9: Pediatría Médica y Pediatría Quirúrgica.

10: Unidad Neonatal.

11: Osteopexia, diálisis.

Recorren todo el edificio buscando turnos de madrugada. En especialidades críticas como Neurología o Gastroenterología, conseguir un cupo toma de dos a tres días de pernocta. Incluso en el Ambulatorio Docente, la demanda pulveriza la oferta: hay apenas 2 médicos por la tarde para 150 personas esperando; se entregan 40 números y más de 100 pacientes quedan fuera diariamente.

Pero, volviendo al Clínico, la dinámica de citas varía. Los pacientes (es oportuno decir aquí que primero hay que pasar el cerco de los vigilantes de la entrada) acuden directamente a la jefatura del servicio del área médica tratante para ser evaluados de forma individual e ingresar en la lista de espera quirúrgica.

Para que el usuario no pierda el viaje, debe llegar a: 

  • Neumología a las 4:00 a.m.
  • Ginecología / Dermatología / Otorrino / Oftalmología: entre las 5:30 a.m. y 6:00 a.m.
  • Neurología y Gastroenterología: Reportan que los pacientes van hasta 3 días seguidos para conseguir un cupo de atención, que por lo general es tardío, no apto para emergencias.
  • Cardiología: requiere pernoctar (quedarse de un día para otro). Las citas para estudios complejos (como ecocardiogramas) se están asignando con 6 meses de diferencia (ejemplo: orden en mayo, cita para noviembre).

¿Qué más debe saber el enfermo o el familiar? 

Una vez lograda la cita, la ruta se hace más empinada porque todo implica gastos, hasta la planilla que debe llenar el médico se la dan al paciente para que saque una fotocopia, y en el mismo récipe le ponen la lista de insumos de limpieza o papelería que debe llevar para poder ser atendido: cloro, desinfectante o desengrasante, bolsas de basura, servilletas, alcohol, lapiceros o resmas de papel para la historia médica. 

Las personas hacen lo posible por cumplir con estos pedidos que igual representan un golpe al bolsillo. Se apoyan con las familias, buscan donaciones, hacen rifas y campañas para poder asumir los costos, que en una clínica privada serían más elevados e imposibles de asumir.    

En la planta baja del edificio funciona Imagenología, que ahora es una fundación, tal como lo expresó una de las trabajadoras que da las citas.

Hacen RX, ecos, doppler, resonancias, tomografías, mamografías, densitometría, biopsias, a precios muy por debajo del mercado. “Dicen que cobran o piden colaboración para poder hacer mantenimiento”, comentó el trabajador.

Lo cierto del caso es que las citas para las tomografías, por ejemplo, las van a dar a partir del 15 de julio para agosto o septiembre. La simple tiene un costo de $20; pero si es con contraste, la persona debe llevarlo. En la taquilla tienen una muestra del producto.

Los pagos se realizan en bolívares calculados a la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) el mismo día del estudio. “No hay reembolso, bajo ningún concepto”, así que si la persona paga antes y el día citado está dañado algún equipo, “pierde el dinero bajo su propio riesgo”, dijo la trabajadora. 

Crisis sostenida 

El HCUC no está operativo al 100 % y eso se nota en los largos pasillos vacíos, en los servicios cerrados, en la falta de personal. Sin embargo, hay exclusividad en los departamentos de Otorrinolaringología y en Oftalmología (solo compartido con el Hospital Risquez en Cotiza) y Neurología/Neuropediatría (inexistente incluso en hospitales pediátricos de referencia).

En estos servicios la demanda es muy alta y el colapso evidente.

Navegar por los pasillos de este centro asistencial no es un ejercicio de optimismo; es una estrategia de supervivencia. Por eso es pertinente registrar que existen servicios operativos —bajo dinámicas extenuantes y costos compartidos—. 

No es lo anterior una normalización del desabastecimiento ni la validación del maquillaje de sus fachadas ni convalidar la opacidad oficial. Es, estrictamente, un ejercicio de derecho constitucional a la información.

Frente a un sistema que a menudo responde con el silencio burocrático, la desinformación de los filtros de seguridad o el trato hostil en las taquillas, una persona enferma necesita certezas logísticas: a dónde acudir, qué llevar, conocer los horarios de llegada, los pisos de cada especialidad y el costo real de los insumos.

Esa es la única herramienta disponible para evitar que el paciente (especialmente aquél que no tiene una patología crónica o cuadro de urgencia en marcha) y su familia pierdan recursos, tiempo y dignidad en un laberinto de desorientación.

*Leonardo, se usa seudónimo a petición de la fuente 

Fuente de TenemosNoticias.com: efectococuyo.com

En la sección: Salud Archives – Efecto Cocuyo

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