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Argentina abrió una puerta inesperada en la IA: antes de crear empresas no humanas, hay que responder quién paga si algo sale mal

📅 🕐 hace 2 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 4 min de lectura
Argentina abrió una puerta inesperada en la IA: antes de crear empresas no humanas, hay que responder quién paga si algo sale mal
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Una idea argentina que entró en el debate global

La propuesta de Javier Milei y Federico Sturzenegger de permitir “corporaciones no humanas” operadas por agentes de inteligencia artificial consiguió algo poco habitual: colocó a Argentina en el centro de una discusión que normalmente llega escrita desde Silicon Valley, Washington o Pekín.

La idea es provocadora. Si en el pasado la sociedad anónima permitió organizar grandes inversiones humanas, una nueva figura legal podría permitir que agentes autónomos de IA operen empresas, firmen contratos, tomen decisiones y desplieguen actividad económica con responsabilidad limitada.

La reacción de Yuval Noah Harari mostró que el tema no era menor. Para el historiador, otorgar personalidad jurídica a agentes de IA sería un error. Pero incluso antes de llegar a esa discusión jurídica, hay una pregunta anterior: qué clase de tecnología estamos intentando encuadrar.

No toda innovación puede tratarse como software común

La IA de frontera no se parece del todo a una aplicación tradicional. Su potencial positivo es enorme: medicina, ciencia, productividad, educación, logística, energía y descubrimiento tecnológico. Pero sus riesgos plausibles también empiezan a ser tratados como estratégicos por los Estados.

Ciberseguridad, infraestructura crítica, sistemas militares, bioseguridad y automatización de tareas sensibles ya no son escenarios de ciencia ficción. Son áreas donde gobiernos y empresas están tomando decisiones concretas.

Por eso la discusión no puede reducirse a “regular o no regular”. Hay actividades donde el daño posible supera por mucho el patrimonio de cualquier compañía. Cuando eso ocurre, el mercado deja de funcionar como disciplina suficiente: las ganancias quedan en manos privadas, pero las pérdidas pueden volverse sociales, incobrables o directamente sistémicas.

El problema económico detrás de la responsabilidad limitada

La responsabilidad limitada funciona cuando los daños posibles son razonablemente acotados, asegurables o absorbibles por el sistema. Permite invertir, asumir riesgos y crear empresas sin que cada accionista responda con todo su patrimonio personal.

Pero si una actividad puede generar daños muy superiores al capital de la empresa, el incentivo cambia. Una compañía puede capturar beneficios privados mientras traslada el peor escenario a terceros.

Ese es el motivo por el que no existe un mercado libre de armas nucleares. No porque el Estado sea siempre mejor que el mercado, sino porque el tamaño del daño potencial rompe la lógica normal del contrato, el seguro y la quiebra.

La pregunta para la IA de frontera es si algunos de sus usos empiezan a entrar en esa categoría.

Estados Unidos y China ya están actuando como si fuera estratégico

Los movimientos recientes de Estados Unidos y China muestran que las grandes potencias ya no tratan a la IA avanzada como un simple producto digital.

En EE.UU., el gobierno intervino sobre el acceso a modelos avanzados de Anthropic por motivos de seguridad nacional. En China, la estructura de financiación de DeepSeek dejó una señal clara: el capital privado puede entrar, pero el Estado conserva una posición privilegiada cuando la tecnología se vuelve estratégica.

No se trata de elogiar ninguno de los dos modelos. Se trata de observar una regularidad: cuando una tecnología concentra poder económico, militar y geopolítico, los Estados aparecen.

La frontera de la IA probablemente quede en manos de quienes puedan pagar su coste completo: infraestructura, chips, energía, talento, seguridad y riesgo político. Hoy, eso apunta sobre todo a Estados Unidos y China.

Dónde puede jugar Argentina

Eso no vuelve inútil la propuesta argentina. Al contrario: puede hacerla más interesante si se la ubica en la capa correcta.

Argentina no necesita competir por la “bomba” de la IA de frontera. No tiene por qué intentar desarrollar los modelos más potentes, más caros y más riesgosos del planeta. Pero sí puede posicionarse en la capa de los “reactores”: aplicaciones confiables, auditables, útiles y gobernables.

Ahí las corporaciones automatizadas podrían tener valor real. Empresas pequeñas operadas por agentes de IA, servicios digitales, comercio, administración, logística, software, investigación aplicada y procesos productivos podrían ganar eficiencia si existen reglas claras.

Pero para que eso funcione, primero hay que separar dos mundos: la IA de frontera, con riesgos sistémicos, y la IA desplegable, con riesgos acotados y mecanismos de control.

La idea de las corporaciones no humanas no debería descartarse por futurista. Tampoco debería aprobarse como si fuera una simple extensión del derecho societario.

Antes de darle responsabilidad limitada a una empresa manejada por IA, hay que responder una pregunta básica: si algo sale mal, quién puede pagar el daño.

Esa es la discusión que Argentina abrió. Y, bien dada, puede ser más importante que la propuesta original.

 

 

Fuente: Infobae.

Fuente de TenemosNoticias.com: es.gizmodo.com

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