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El ‘enemigo externo’ como trampantojo | elmundo.es

📅 🕐 23 Jun 2025🔗 Fuente: elmundo.es🕑 8 min de lectura
El 'enemigo externo' como trampantojo
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La República Islámica de Irán, desde su origen, ha oscilado constantemente entre dos polos: la crisis de legitimidad interna y la amenaza externa. Pero el ataque llevado a cabo por Israel días atrás -y respondido por Teherán- marcó un punto de inflexión en esta dinámica. ¿Está sirviendo esta guerra para que el régimen iraní utilice al enemigo externo como palanca para reforzar su legitimidad interna?

Antes de junio de 2025, la situación económica de Irán era crítica: una inflación superior al 65%, una tasa de desempleo de dos dígitos y una fuerte recesión industrial. Las huelgas masivas en sectores como el transporte (sobre todo por parte de los camioneros), la industria alimentaria, la sanidad (enfermeras), la educación (profesores), el funcionariado o los jubilados eran signos evidentes de una grave crisis socioeconómica. La subida del dólar, el descenso de las reservas de divisas, la devaluación sin precedentes de la moneda nacional y las sanciones internacionales agravaban aún más la situación. Desde hace años, la economía iraní sufre crisis estructurales que afectan a toda la sociedad. La inflación ha reducido drásticamente el poder adquisitivo de la población y ha encarecido la vida de forma alarmante, especialmente para las clases bajas y medias.

La recesión industrial y la falta de inversión interna, junto con un desempleo creciente, han condenado a muchas familias por debajo del umbral de pobreza. La escasez de alimentos, medicamentos y piezas de repuesto en diversas industrias también se agravó en este período.

Tras las protestas de Mujer, Vida, Libertad, en 2022, la brecha entre los iraníes y la Republica Islámica se profundizó. Aunque esta pérdida de legitimidad ya se había iniciado en noviembre de 2019, con la masacre por parte de los agentes del Gobierno de 1.500 personas en solo tres días durante las protestas contra el aumento del precio del combustible.

Una nueva ola de desobediencia civil en 2024 e inicios de 2025 dominó el espacio público. Las alarmantes cifras de fuga de cerebros también reflejaban la situación catastrófica del país. La combinación de crisis económica y política ha incrementado la presión psicológica sobre la sociedad. El suicidio especialmente entre los adolescentes, la depresión y los trastornos sociales aumentan entre los jóvenes y los sectores más vulnerables.

La crisis de legitimidad del régimen tiene su raíz en la pérdida de confianza ciudadana en las instituciones. Las elecciones de 2023 registraron una participación históricamente baja. Muchos ciudadanos, especialmente los jóvenes, optaron por no participar en procesos electorales. Encuestas independientes mostraron que la confianza pública en el Gobierno y el Parlamento alcanzó su nivel más bajo en los 46 años de existencia del régimen.

Cabe destacar que esta pérdida de legitimidad no se debe sólo a la ineficacia económica y política, sino también a la ausencia de vías legales para la participación y el cambio. La censura mediática, la restricción del espacio político y la securitización de la vida pública han profundizado la brecha entre los ciudadanos y el Estado.

El régimen respondió de inmediato a los ataques israelíes con un estricto control de medios e internet, centrándose en conceptos como la «defensa sagrada» y la «inocencia de Irán». Las instituciones mediáticas y militares se alejaron por primera vez de los eslóganes religiosos y comenzaron a reactivar conceptos nacionalistas como «preservar Irán», «unidad nacional» y «patriotismo frente a la agresión».

En redes sociales internas y canales de Telegram vinculados a las fuerzas de seguridad se lanzaron numerosas campañas que presentaban los ataques como una «oportunidad para demostrar la fuerza nacional». Ejemplos de ello fueron los hashtags en persa de : #NuevaDefensaSagrada, #ResistenciaIraní y #NaciónUnida.

En los días posteriores, la aparición del líder supremo en los medios, las reuniones de emergencia de la Guardia Revolucionaria y el uso intensivo de símbolos de resistencia ayudaron a redefinir su imagen y la de los militares como baluartes de la defensa nacional. Esta narrativa tuvo cierto impacto, sobre todo entre sectores tradicionales, miembros de las fuerzas armadas y partes del aparato estatal.

A la sombra de la guerra, se desató una ola de arrestos contra activistas civiles y ciudadanos que expresaron su oposición a la guerra. El corte de internet y el control total de los medios redujeron drásticamente las voces disidentes. El argumento oficial: «alteradores de la unidad nacional en tiempos de guerra». Esto llevó a muchos activistas políticos y sociales a restringir su actividad, provocando un estado de parálisis en la sociedad civil.

Durante los primeros días de la guerra, se observó cierta cohesión temporal entre capas religiosas y vinculadas al poder. En algunas ciudades pequeñas, una parte minoritaria de la población apoyó las acciones del régimen, aunque este respaldo fue mayormente emocional y pasajero.

Con el paso del tiempo, el impacto económico del conflicto -crisis energética, escasez de alimentos y miedo por los bombardeos- reavivó el descontento social. La reducción del cupo diario de gasolina, los cortes de electricidad, la escasez de medicamentos y las dificultades con las divisas agravaron la situación. Incluso grupos que antes apoyaban al régimen comenzaron a dudar.

Investigaciones de campo de varios think tanks, entre ellos el Centro de Estudios Estratégicos de Oriente Medio (ME Studies), indican que utilizar la amenaza externa como estrategia de supervivencia no es sostenible a largo plazo.

Porque, en paralelo al deterioro económico, se profundizan las fracturas culturales, étnicas, generacionales y de clase. Los eslóganes no pueden sustituir una solución de fondo a la crisis de legitimidad del sistema político ni a los problemas estructurales internos. Las presiones económicas, la represión política y las divisiones sociales persisten y, a medio plazo, constituyen una seria amenaza para la estabilidad del régimen.

La República Islámica ha intentado utilizar la guerra de junio de 2025 como una oportunidad para revitalizar su legitimidad y reforzar la cohesión interna. Esta estrategia dio frutos parciales y momentáneos entre una pequeña parte de la sociedad, pero a medio y largo plazo, considerando las consecuencias sociales, económicas y psicológicas del conflicto, no puede garantizar la supervivencia del sistema.

Jugar con el fuego del enemigo externo, aunque se vista de resistencia, sin cambios estructurales y políticos profundos, solo servirá para aplazar la caída del régimen, no para evitarla.

Rima Sheermohammadi es activista de orígen iraní.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

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