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Opinión

De vuelta a los instintos

📅 🕐 11 Jul 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
De vuelta a los instintos
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@AAAD25

El sempiterno reproche que se hace a las ciencias sociales es su abordaje de cuestiones que a duras penas se pueden cuantificar. He ahí, según sus detractores, la diferencia insalvable entre ellas y las ciencias “duras” de la naturaleza. Irónicamente para quienes desprecian las humanidades, esas nociones son un producto filosófico (cuánta razón tenía Jaspers al afirmar que el desdén a la filosofía es, también, una filosofía). Es por la veneración de las matemáticas, en su abstracta constancia: dos más cinco siempre dará siete. Cosa que el pensamiento occidental lleva a cuestas al menos desde Pitágoras.

De todas formas, las ciencias sociales han hecho un esfuerzo considerable por circunscribirse lo más posible al paradigma cuantitativo. Quizá eso se note más en otras latitudes y sobre todo en el mundo anglosajón, donde predomina la llamada “filosofía analítica”, con su énfasis en las demostraciones matemáticas. Recuerdo la impresión que me causó, recién llegado al Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia para cursar una maestría, el empeño en que todo estuviera respaldado por regresiones y otras formas de análisis de datos numéricos.

La ciencia política profesional contemporánea se aboca a procesar cifras: patrones de voto, sondeos de opinión, etc. El objetivo es medir aquellos comportamientos masivos que constituyen el quehacer político. Las tecnologías actuales, como los big data, han abierto un nuevo abanico de posibilidades que permite conocer con cada vez más precisión los comportamientos de interés para la disciplina. A veces, eso se ha prestado para abusos y perversiones, como la apropiación de datos personales de usuarios de Facebook por la firma de consultoría política Cambridge Analytica.

Pues bien, en Venezuela no va a pasar nada de eso… Porque tenemos el problema inverso. A saber, un déficit extremadamente agudo de datos. Pudiera decirse que ese atraso con respecto a los países muy desarrollados (e incluso, los desarrollados pero no tanto), se debe al hecho de que el nuestro se ha quedado estancado en el tiempo en varios aspectos, y en otros hasta ha retrocedido. Una consecuencia inevitable de la combinación de pérdida de instituciones republicanas y destrucción aguda de riqueza material que el país ha experimentado en lo que va de siglo XXI.

Para otras humanidades, como la economía y la sociología, la cuestión radica principalmente en una ausencia total o casi total. Entes del Estado hace años que dejaron de publicar los reportes sobre aquellos ámbitos que les corresponden, como es el caso de los índices de pobreza. O interrumpen, reanudan y vuelven a interrumpir, como sucede con la inflación. No es difícil inferir que las omisiones se deban a que la información no es precisamente halagüeña para los responsables. Muy de vez en cuando, cuando a la elite gobernante le provoca, alguno de sus miembros suelta súbitamente una de estas cifras, pero de manera imposible de corroborar por parte del público mediante acceso transparente a la metodología.

Con la ciencia política pasa algo distinto. Sí, al comparar de nuevo con otros países notamos que hay muy poca información sobre perfiles demográficos de ciudadanos políticamente activos y corrientes de opinión pública. Pero al margen de eso, en cuestiones tan básicas como las tendencias de voto sí hay información… Solo que su confiabilidad es poca o nula. Empezando por la que se supone que es la más exhaustiva y sólida de esas fuentes: los resultados comiciales propiamente dichos. No tengo que decirles qué ha pasado con la posibilidad de consultarlos de forma desagregada después del 28 de julio pasado.

Luego tenemos las fuentes privadas, que consisten principalmente en firmas encuestadoras. Con pocas excepciones, sus productos dejan mucho que desear. Suelen estar plagados de vicios como ausencia de ficha metodológica, preguntas groseramente sesgadas y el conflicto de interés por el cual sus directores opinan constantemente sobre los temas abordados en sus propias encuestas. Es decir, tratan de moldear la opinión pública que luego dicen sondear. Muchas tienen favoritismos a duras penas disimulados. Si están fuera del país, a favor de la oposición antisistema. Si están radicadas dentro del país, a favor de la oposición pro sistema o hasta de la elite gobernante. Este contraste se debe, en parte, a un cada vez más intenso ambiente de miedo mediante el cual quienes están en Venezuela se sienten presionados a difundir solo información que se acople a la simulación de democracia, tema que desarrollaré en otra oportunidad.

En fin, el politólogo venezolano con al menos un poco de talento y libre de compromisos con parcialidades políticas es capaz de advertir todo esto, lo cual lo deja en una situación difícil. ¿Con qué trabaja? ¿Cuáles son sus insumos? No hay buena respuesta a esas preguntas. La limitación es insalvable. Pero eso no quiere decir que el profesional tenga que claudicar. Ante la falta de datos, no le queda más remedio que recurrir a la cruda intuición. A los instintos epistemológicos fundamentales que, desde los albores de la humanidad, han sido la chispa primigenia de todo pensamiento científico, para luego corroborar con los instrumentos empíricos más sofisticados que haya a la mano.

Por supuesto, este es un escenario bien lejos del ideal. Tiene enormes restricciones. Para empezar, obliga a trabajar dentro de lo exclusivamente hipotético, hasta que algún evento sobre el que no se tiene ningún control confirme o refute la hipótesis. Y, no obstante, es posible hacer observaciones a partir del sentido común. Verbigracia, desde el 28 de julio pasado y sus secuelas siempre fue de sentido común asumir que, mientras el poder no atienda el reclamo opositor sobre lo que pasó ese día, la abstención en futuros “comicios” (si así se les puede llamar) sería altísima, porque la inmensa mayoría de la población que quiere un cambio político dejó de ver en el “voto” una forma de lograr dicho cambio. Solo algunos comentaristas comprometidos con la oposición prosistema pensaron lo contrario de cara al 25 de mayo. Hasta aparecieron encuestas augurando una cómoda victoria de Manuel Rosales en el Zulia. Pues llegó aquel domingo, los centros de votación estuvieron desolados y Rosales perdió.

Los instintos de cualquier estudioso de la política, sin haber hecho ninguna recolección de datos, pero guiados por el sentido común, resultaron estar más cerca de la realidad que aquellas encuestas, alegremente promovidas por gente titulada. Y para que no me digan que la tengo agarrada con la oposición prosistema, voy con la siguiente pregunta. ¿Tiene sentido asumir que María Corina Machado ha mantenido todo o casi todo el respaldo del que gozó en la cúspide de su popularidad, entre su triunfo en las primarias de 2023 y julio del año pasado? Pienso que no, teniendo en cuenta que su causa se ha estancado. Pero eso es lo que han sugerido otras encuestas. Mientras, en mi cotidianidad no se percibe el entusiasmo que había hace un año. Más bien la frustración y el desaliento reinan, lo que se traduce en una creciente apatía hacia la política nacional. ¿Experiencia anecdótica sin validez estadística? Claro que sí. A eso me refería con las limitaciones de esta ciencia política dependiente del instinto. Pero son los mismos instintos que me llevaron a advertir, acertadamente, qué pasaría el 25 de mayo. No puedo confiar en ellos lo suficiente como para pretender que mis pronósticos son infalibles. Pero sí como para señalar que el respaldo a Machado se ha reducido hasta cierto punto y seguirá reduciéndose a medida que pase el tiempo sin que la oposición avance.

Los modestos aportes que pueda a hacer a la discusión sobre política venezolana en su inmensa mayoría, si no es que todos, vendrán de la fuente intuitiva descrita en el presente artículo. Seguro me equivocaré más de una vez. Pero prefiero cualquier falla en mis maneras antes que entregarme a datos que desafían la lógica y la razón. Es así como insistiré en la que de momento es mi observación que más me inquieta: ni lo que está haciendo la oposición antisistema ni lo que está haciendo la oposición prosistema funciona; ergo, para todos los interesados en un cambio político en Venezuela es indispensable un replanteamiento estratégico. Eso me dice mi instinto.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Fuente de TenemosNoticias.com: runrun.es

En la sección: Opinión archivos – Runrun.es: En defensa de tus derechos humanos

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