Sembrar sin certeza: cuando el clima amenaza las raíces indígenas en El Salvador : IPS Agencia de Noticias

Desde que tenía siete años, Sonia Pérez ha cultivado las mismas tierras de su padre. Pero ese mismo campo que la vio crecer se ha vuelto irreconocible. En años de cosecha regular, una manzana de terreno le daba hasta 60 quintales de maíz, ahora, con suerte, solo alcanza los 30, en su siembra de la milpa, sistema agrícola tradicional donde se cultivan en conjunto el grano con otras plantas, como frijol y calabaza.
El año pasado no logró recuperar los 800 dólares que invirtió para cultivar, que incluyen alimentación, fertilizantes, abono y compra de semillas. Solo logró sacar un poco más de la mitad, el resto lo solventó con ayuda de organizaciones que trabajan en la zona.
La reducción en la producción es consecuencia del exceso de agua o la sequía; fenómenos que terminan secando o ahogando las plantas.
Para garantizar su supervivencia y crecimiento, una planta de maíz necesita agua y nutrientes. Pero los incrementos de temperatura alteran el desarrollo natural del maíz, según el documento “Impactos potenciales del cambio climático en la producción de maíz”, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
Antes, recuerda Pérez, el problema era, sobre todo, la falta de lluvia. Las milpas llegaban a crecer unos 30 centímetros, pero luego pasaban entre ocho y 30 días sin una sola gota, provocando que el desarrollo de la planta se estancara. Sin embargo, calcula que en los últimos cuatro años, la amenaza se ha diversificado: sequía prolongada o lluvias desbordadas, ambos extremos terminan en pérdida.
Los registros respaldan su experiencia. El informe “Estado del clima en América Latina y el Caribe”, elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), indica que en 2024 la temperatura media en América Latina y el Caribe se ubicó 0.90 °C por encima del promedio de 1991-2020, convirtiendo a ese año en el más cálido, o segundo más cálido, del que se tenga registro.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) coincide en su resumen climático, pero agrega que en El Salvador el 2024 pasará a la historia como un año de extremos: fue +0,6°C más cálido que el promedio, pero también el quinto año más lluvioso en 54 años, con 17.8 % más de lluvia respecto al promedio anual.
Estas condiciones golpearon directamente a familias como la de Barrera, quien perdió una de las dos manzanas de maíz y frijol. Además, los 100 pollos que criaba murieron por el frío. Hace tiempo que su tierra no vuelve a dar como antes.
“Antes se sembraban dos manzanas y todo se lograba, como que el tiempo era diferente. Todo lo que uno sembraba: maíz, maicillo, frijoles de toda clase, ayote, pipianes, hasta chipilines había, y todo se daba, todo se cultivaba”, agrega con nostalgia.
Según el informe “Panorama de Oportunidades” del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) del 2024, la producción de maíz en el país cayó 13 % debido a los efectos del clima, mientras que el arroz y el frijol registraron pérdidas de 11 %.
Además, estimaciones de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (Campo), indican que las pérdidas han aumentado drásticamente en los últimos años, sobre todo en el cultivo de maíz, que pasó de una pérdida de 160 000 quintales en 2021-2022 a más de 2,3 millones en 2023-2024.
Esta situación golpea a los 350 000 pequeños productores que subsisten de la agricultura en el país, según datos del “Informe Socioeconómico de El Salvador 2024”, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.
Fuente de TenemosNoticias.com: ipsnoticias.net
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