Juan Vicente Gómez y su época (1975)

Por SAGRARIO BERTI
Juan Vicente Gómez y su época (1975) es una película historiográfica que narra un desgarrador período de la dictadura gomecista (1908-1935), mediante fuentes visuales. Es una película de citas visuales. Citas, sacadas de diferentes trozos de noticieros, filmados entre 1927-1936. Fragmentos recontextualizadas y resocializadas siguiendo un discurso visual, creado por Manuel de Pedro, en donde aprendemos acerca del pasado a través de sus restos. En este film se recuperan y reconstruyen archivos y no es el reflejo de lo real sino un ensayo visual dotado de sintaxis. Estas imágenes recicladas llaman la atención sobre sí mismas como imágenes, como piezas del vasto e intrincado mosaico de información que contienen. En principio los trozos de película no tenían relación entre sí, solo las une la presencia del caudillo; tampoco tuvieron la intención de estar juntos, pero es el montaje el generador del impulso que impulsa al film donde la idea del cineasta es materializada. De Pedro conjuga segmentos aparentemente inconexos de un metraje acuciosamente seleccionado, más que encontrados y a partir del poder transformador del montaje narra un discurso, inscrito al inicio de la película: “Documento auténtico que intenta interpretar las más contradictorias opiniones en torno al hombre que gobernó a Venezuela durante veintisiete años”. Según Godard el montaje es aquello que hace ver y el cine es una forma que piensa el montaje, en efecto, de Pedro través de este largometraje logra desarrollar una forma de arte, una forma que piensa, visibilizando al dictador desde una perspectiva dialéctica.
La película incluye interludios de entrevistas realizadas por el director a Gustavo Machado, Juanito Martínez Pozueta, Arturo Uslar Pietri, José Agustín Catalá, Enrique Tejera, Cecilia Pimentel y al cardenal Mendoza, entre otros. Estos testimonios describen las torturas y desapariciones y tienen la función de dar voz a los silenciados, a los presos políticos, a los testigos de los horrores del otro y del propio cuerpo humillado.
En la película se insertan fotografías animadas por los barridos de la cámara hechos por Manuel; por ejemplo, de las fotos de La Rotunda, tomadas por Alfredo Boulton (1936), de los pernos y grilletes que ilustran Memoria de un venezolano en decadencia (1927), de José Rafael Pocaterra, e imágenes de Enrique Avril de los saqueos en Caracas, después de la muerte del tirano (1935). Los trozos de película —un fragmento, entre otros, de la cinta La venus de nácar (1932), homenaje al general, realizado por su sobrino Efraín Gómez — y las fotografías tuvieron un uso y una función específica en el pasado y, por tanto, utilidades y sentidos diferentes a los enunciados por el cineasta al ensamblarlos.
Nos asombra la gran cantidad de personas que aparecen en las calles de Caracas, acompañando al general, sus comitivas. Esta sorpresa radica, en que, en la memoria de las fotografías de la época, por lo general, las calles de Caracas o Caracas era un lugar más bien desolado y hasta rural: pero acá vemos las masas: el pueblo que se acerca a ver, parafraseando a Manuel Caballero: al verdadero “Padre de la Patria”, de todos y cada uno de los venezolanos.
El proceso de producción de la película se basó en transcribir las imágenes, copiarlas, cambiándolas de lugar. Al grabarlas Manuel les otorga otro estatus para revelarnos la situación de precariedad en la que vivían buena parte de los venezolanos en el período de dictadura; en especial, una de las secuencias, quizá la más dolorosa del film, es la repartición de la carne en la parrilla en una fiesta de militares. Por otra parte, Manuel seleccionó el lugar donde tomó forma el horror: La Rotunda, vacía. Estas imágenes causan especial impresión, quizá acrecentado por el silencio; por ejemplo, las personas entran a la cárcel antes de la demolición, ven con precaución los espacios, la actitud de sus miradas enuncian la muerte, el envenenamiento, el dolor, la barbarie y es un momento cercano a depurar el dolor mediante la narración fílmica.
Para terminar, imposible no citar a la investigadora Ambreta Marrouso: “Juan Vicente Gómez y su época es una película de gran riqueza estética y cultural, que con absoluta vigencia sigue abriendo el debate sobre la relación entre cine e historia” (1), en especial en estos momentos, en el país, donde se conjugan narrativas transgresoras de la memoria.
Ficha técnica de la película
Guion y dirección: Manuel de Pedro. Producción: Cinecoteca Venezolana S.A. Fotografía: Jorge Balevich, Narciso Calderón, Rubén Alfaro, Martín Álvarez. Montaje: Juana Jacko, asistente de montaje Elia de Serrano. Laboratorio: Jorge Jacko (Bolívar Films). Sonido: Eduardo Andersen, asistente Josué Saavedra. Efectos ópticos: Florencio Méndez y Antonio Fernández. Locución: Orlando Andersen. Material de Archivo: Cinecoteca, Archivo Amábilis Cordero, Caremis, César Cortes. (35 mm, blanco y negro y sepia). Duración: 90 minutos.
1 Ver Ambreta Marrouso. Juan Vicente Gómez y su época. Cine documental en América Latina. Paulo Antonio Paranaguá (Ed.). España: Ediciones Cátedra. 2003, pp. 342-346.
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Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
En la sección: EL NACIONAL
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