ANT recupera 2.708 hectáreas de tierra en Córdoba que estuvieron en poder de jefes paramilitares y la entrega a familias de campesinos y pescadores
📅 🕐 01 Ago 2025🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 6 min de lectura
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En un rincón de la Ciénaga de Ayapel, donde el tiempo se había hecho espeso y la memoria de la tierra se había enterrado bajo el lodo de la violencia, sucedió lo que los viejos decían que no pasaría nunca: la tierra se sacudió su manto de terror y regresó a su dueño original, al campesino que la había trabajado con sus propias manos y la había regado con su propio sudor.
El sol, un disco de cobre que se levantaba perezoso sobre los pastizales infinitos, parecía atestiguar un milagro. En un acto que tenía más de resurrección que de justicia, el equipo humano de la Agencia Nacional de Tierras desembarcó en los parajes de La Apartada y Pueblo Nuevo, no para pelear una guerra, sino para clausurar la última batalla de una contienda que llevaba casi veinte años en el alma de los cordobeses.
Llegaron para entregar la Hacienda Isla Sola, un puñado de predios que sumaban 743 hectáreas, una vasta extensión donde el eco de un grito se perdía en la lejanía.
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Mientras las víctimas se están envejeciendo y muriéndose sin reparación, estos predios fueron aprovechados y explotados ilegalmente
Felipe Harman, director de la ANT.
La tierra había sido entregada por José Germán Sierra Pico, alias ‘Nico’
TIERRA entregada por la ANT Foto:ANT
Durante diecisiete años, ese territorio, entregado por José Germán Sierra Pico, alias ‘Nico’, exjefe del Bloque Central Bolívar, en un gesto de reparación que nunca se concretó, había permanecido cautivo.
Un finquero sin nombre ni vergüenza había tomado posesión de él con quinientas cabezas de ganado, sin pagar un solo centavo, sin firmar un solo papel, como si el eco de la guerra fuera un pasaporte para la impunidad.
“Mientras las víctimas se están envejeciendo y muriéndose sin reparación, estos predios fueron aprovechados y explotados ilegalmente”, señaló Felipe Harman, director de la ANT, con una voz que era mezcla de furia y de esperanza, lo dijo sin rodeos en medio de los pastos.
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diseñar un esquema de transferencia y parcelación para que al menos cien familias campesinas de la región puedan llamarla ahora sí su hogar
Felipe Harman, director de la ANT.
La justicia llegó a Pueblo Nuevo
Felipe Harman, director de la ANT durante las jornada de entrega de tierra a campesinos de Córdoba. Foto:ANT
Horas después, la caravana de la ANT, rodeada por una fuerza pública que ya no perseguía insurgentes sino que escoltaba la esperanza, se internó en el corregimiento de Cintura, en Pueblo Nuevo. La misión era más que un simple operativo; era el asalto final a la fortaleza del olvido. Los esperaban las 1.965 hectáreas de la hacienda La Palmira, un predio que se extendía hasta la orilla misma de la Ciénaga de Ayapel, y que alguna vez había pertenecido a Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, otro de esos espectros de la violencia que caminaron por estas tierras como si fueran suyas.
En este lugar, el robo había sido aún más descarado: una empresa de nombre pomposo: ‘Ganadería de la Costa Limitada’ había mantenido la hacienda bajo su control ilegalmente, ignorando cualquier orden de restitución, con un rebaño de cinco mil cabezas de ganado que pastaban sin pudor sobre predios ajenos.
Harman, con la mirada clavada en el horizonte donde el cielo y la ciénaga se hacían uno, señaló que esta tierra gigantesca fue robada dos veces: «la primera por la violencia y la segunda por el descaro».
La visita de la ANT a estos territorios de Córdoba con la Reforma Agraria busco llegar con justicia, y darle a cada cual lo que le pertenece.
La idea, dijo el funcionario, «es diseñar un esquema de transferencia y parcelación para que al menos cien familias campesinas de la región puedan llamarla ahora sí su hogar».
Uno de los beneficiados es Rosario Betancourt quien Llevaba 20 años en una lucha sorda, una batalla contra el olvido y la burocracia, una odisea de papeles y promesas incumplidas.
Ella es la representante legal de la Asociación Ortofrutícola del Alto San Jorge, quien había creído, tenido fe y esperado con larga paciencia. Hoy, de pie sobre el predio de La Apartada, con el sol de la tarde lamiéndole la cara, las palabras la abandonaron. El torrente de emoción que la invadió era tan inmenso que no podía nombrarlo. Con la voz quebrada por el llanto, solo pudo pronunciar una frase que era un himno a la dignidad recuperada, un grito que venía desde el fondo de una vida de privaciones: “Hoy puedo decir con orgullo ‘¡Esta tierra sí es mía!’”.
La comitiva del Gobierno Nacional también llegó hasta Tierra Alta, a solo quince minutos de donde se firmó el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, ese pacto entre el poder y el crimen.
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Tierra Alta, Córdoba. Foto:ARCHIVO/ El Tiempo
Allí se levanta la Hacienda La Macarena, una extensión de 900 hectáreas entregadas por el jefe paramilitar Salvatore Mancuso, pero que también había permanecido en manos de un invasor ilegal, con las vallas del Fondo para la Reparación a las Víctimas como una burla desoladora en el paisaje.
La ANT también llegó allí para recuperar esa tierra que, como un fantasma errante, llevaba años esperando a que se hiciera justicia.
Luego, en Buenavista, la Hacienda Cartagenita, de 213 hectáreas, que también había pertenecido a ‘Macaco’, fue entregada a veintiocho familias de las asociaciones Agro Pesca y Camproco, que ahora tienen la certeza de que el destino de sus hijos ya no es el de un jornalero, sino el de un propietario.
En total, en Córdoba, según la Agencia Nacional de Tierras ha recuperado más de 12.000 hectáreas de tierra que alguna vez fueron el fortín de estructuras narco-paramilitares.
Estos predios, que fueron testigos de la violencia y el desplazamiento, hoy vuelven a manos de campesinos que no buscan la guerra, sino el pan de cada día.
La tierra, esa madre antigua que todo lo perdona y todo lo da, ahora recibirá la semilla del maíz, el arroz, el plátano, la yuca y el ñame. Y cada brote será una promesa cumplida, cada cosecha una victoria sobre el olvido. Y los campesinos, con las manos curtidas por el sol y el corazón lleno de la más pura esperanza, podrán, finalmente, sembrar dignidad y paz en sus propios territorios.
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