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Douglas Farah: Los grupos mafiosos extra-regionales cobran fuerza en Latinoamérica

📅 🕐 01 Sep 2025🔗 Fuente: analitica.com🕑 15 min de lectura
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El crimen organizado responde con lógicas de una empresa. Sus productos se encarecen o se abaratan siguiendo reglas del mercado. El manejo de los riesgos impacta en la dinámica del negocio y ha demostrado una flexibilidad y dinamismo que le permite adaptarse a las circunstancias.

Otra característica es su capacidad para establecer alianzas y en ese progreso ha demostrado una eficiencia superior a la de los Estados nacionales. Esa es uno de las conclusiones del trabajo, De las calles al Estado. Cómo el crimen organizado redefine el juego político en América Latina”, una investigación para DP Enfoque, publicación de la Fundación Konrad Adenouer.

Los autores son: Douglas Farah,  periodista y consultor estadounidense, fundador y presidente de IBI Consultants LLC, consultoría especializada en investigación de crimen transnacional en América Latina y ex periodista investigador del The Washington Post y el chileno Pablo Zeballos, experto en crimen organizado, inteligencia y terrorismo el trabajo. Sobre los hallazgos de este trabajo, Farah aceptó conversar en exclusiva para Analítica.

Lo que ha cambiado

“Nosotros hemos estado viendo este mundo del crimen organizado durante varias décadas y vimos que de repente muchas cosas habían cambiado sin explicación dentro de los parámetros normales”, explica Douglas Farah, vía telefónica desde Washington.

Uno de los aspectos que menciona es el rol fundamental de Venezuela en la ecuación criminal en América Latina. Lo otro es que han entrado en acción grupos extra-regionales, como turcos, con relaciones estrechas con Venezuela y mafias albanesas con nexos en Ecuador.

Además, “Hay grupos nuevos que han cambiado dramáticamente el mundo del crimen transnacional y a la vez hay una mutación muy notable del consumo de cocaína en Estados Unidos, que ha bajado bastante, entre 20 y 30% en los últimos 5 años, más no el consumo de droga sintética”. 

Explica el experto que el consumo en Europa se ha disparado y los precios por kilo son muchos mayores en Europa que en Estados Unidos. “Entonces, los narcotraficantes buscan el mejor mercado, van reorientando la coca hacia Europa de nuevas maneras, que les trae muchas ganancias y Estados Unidos se está inundando de la droga sintética Lo que quiere decir que hay un cambio de mercado, cambio de actores, cambio de rutas, que nos llama mucho la atención”.

–Ustedes refieren en la investigación que estamos en presencia de una cuarta ola del crimen organizado transnacional. ¿Nos podrían identificar estos ciclos previos antes de llegar a esta a esta cuarta ola?

 -Nosotros identificamos la primera ola con Pablo Escobar y el cartel de Medellín, que fueron innovadores en crear laboratorios enormes, fabricar toneladas de cocaína y moverlos de la selva en Colombia a Estados Unidos entrando por Miami y pasando por las rutas caribeñas. Era el fenómeno inicial. Entonces, cae Pablo Escobar y cambian las cosas. La segunda ola la definimos como la del Cartel de Cali. Cuando ellos entran son mucho más sofisticados en términos de lavado de dinero, de sus operaciones y un cambio fundamental que ellos implementan es comenzar a mandar la droga por Centroamérica y México en vez de por el Caribe y ese es el nacimiento de la fuerza real de los grupos mexicanos. Después vimos la tercera ola, que la definimos con la llegada de los países estados bolivarianos, comenzando con Hugo Chávez, pasando a Maduro, pero también Rafael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales, donde tenemos por primera vez estados aliados con grupos como las FARC, que en ese ese momento era el productor más grande de cocaína y comienzan a tejer alianzas encubiertas, secretas con grupos del narcotráfico. Con la caída de producción del petróleo y todo el fenómeno que ha pasado Venezuela y otros países, ellos buscan alianzas, digamos, más formales e incorporan a grupos del narcotráfico al Estado. Entonces, es un cambio muy brusco. En esas tres olas, lo que vimos es que básicamente hay un solo producto que es la cocaína que va a un solo mercado, que es Estados Unidos y de regreso traen las armas y el dinero. O sea, es un ciclo más o menos sencillo. Entonces, lo que estamos viendo hoy en día, y por  eso lo definimos como la cuarta ola, es que tenemos por primera vez grupos extra-regionales ahora operando en la zona, o sea, italianos, albaneses, turcos, rusos, chinos, muchos grupos nuevos con productos nuevos, o sea, los grupos que estamos viendo ahora ya no son realmente grupos de narcotraficantes, son grupos de crimen transnacional que trafican  obviamente en narcotráfico, pero también personas, armas, oro, madera, animales en peligro, todas esas cosas. Hay una serie de economías ilícitas que ahora están, y estos grupos ya operan no como un mercado único de en la cocaína, sino con una suerte de cosas. Si uno corta un poco el narcotráfico, se giran más al oro. Ustedes en Venezuela tienen ese problema enorme, pero también está en Bolivia, Perú, Ecuador, todos tienen ese problema, donde ya tenemos grupos extra-regionales en diferentes negocios. Entonces, es otro momento donde todos los parámetros anteriores ya se cumplieron y estamos en este nuevo estado.

-¿Cómo funcionan esos los grupos criminales?  Es decir, ¿un grupo criminal puede tener su primer negocio en el narcotráfico y aliarse con otras organizaciones que tienen su principal negocio, digamos, en trata de personas o en minería, o todos están haciendo un poco de todo?

–En este mundo ahora hay de todo, pero muchos grupos no comienzan con el narcotráfico, sino la utilidad y parte del auge de violencia que estamos viendo en la región, especialmente en países tradicionalmente muy tranquilos como Ecuador, Costa Rica es porque la violencia se genera porque los grupos grandes, los carteles mexicanos, como el de Sinaloa, Jalisco, Nueva Generación, están aliados ya con grupos extra regionales. Pero básicamente en este momento tenemos una estabilidad, digamos, macro a los niveles de más arriba del mundo del crimen organizado donde está la Ndrangheta (organización italiana) y llos albaneses sirviendo como policía de tránsito para dirigir la cocaína hacia Europa básicamente y abajo hay caos entre los grupos que están peleando el territorio. Entonces hay una estabilidad macro arriba, y un caos abajo, ¿no? Y ahí estamos viendo la entrada de grupos, más que nada chinos, con la caída de los precursores para la droga sintética. Entonces estamos viendo que los puertos han cobrado una importancia mucho mayor porque no se puede transportar una tonelada de cocaína por aire a España. O sea, hay que mandarlo por barco. Para traer las toneladas de precursores también hay que traerlos por barco, porque no hay otra manera. Entonces, estamos viendo el deterioro de la seguridad de los puertos también de una de manera muy fuerte.

–¿Qué elementos facilitaron la la aparición de esta cuarta ola?

–Hay varios factores.  Primero, el gobierno de Estados Unidos se ha retirado básicamente de la zona. En muchos casos lo que llevamos ahora con la administración Trump de cortar todo el financiamiento fue un factor, pero eso data antes de Trump, obviamente. O sea, desde hace muchos años la América ha sido menos relevante en la política exterior de Estados Unidos. Tenemos el cambio dramático en Colombia, donde ya pasó de ser un país que se dedicaba a la lucha contra las FARC y las insurgencias como el narcotráfico a un país que trató de negociar su paz total que yo diría ha sido un fracaso rotundo. Y yo creo que también existe la globalización. En general, de repente estos grupos fuera de la región vivieron especialmente en Ecuador, porque Rafael Correa en 2010 implementó la política de la ciudadanía universal, o sea, cualquier persona podía entrar a Ecuador sin papeles y quedarse. Y ese es un país dolarizado con acceso fácil a puertos importantes. Entonces, ahí es donde se metieron los albaneses principalmente y los italianos, o sea, porque simplemente vieron la oportunidad. Son muy inteligentes. Cambiaron sus nombres y ahora nadie sabe quién es quién allá, porque las identificaciones originales ya se borraron y nadie sabe nada. Entonces, yo creo que hay varios factores en esto y el tema económico.  O sea, el mundo del cambio de mercados, porque los narcotraficantes son capitalistas muy inteligentes que buscan la mayor ganancia posible. Cuando cambia el mercado, ellos también van a cambiar su estrategia de marcadeo y eso también lo estamos viendo.

–En la investigación ustedes señalan que estas mafias criminales se integran mucho mejor que los estados.

–Estamos viendo como ha avanzado la Mara Salvatrucha en Centroamérica por diferentes elementos, donde es notable que la gente los prefiere por el desgaste del estado. O sea, el estado ya no es un interlocutor válido para mucha gente, por la corrupción, por la ineficiencia, por todo lo que ha pasado. Entonces, cuando entran estos grupos, lo vimos con los Lobos en Quito y Guayaquil, en Ecuador y en San Pedro Sula, en Honduras, donde hicimos el trabajo de campo y la gente prefiere que estén esos grupos porque ofrecen cosas que el Estado no puede ofrecer. Primero, dice la gente, «Bueno, nosotros pagamos impuestos y no recibimos nada. Pagamos impuestos de guerra a la panadería a la Mara, o al grupo acá y nos protegen”. O sea, sacan algo de poner el dinero. Segundo, muchos de esos grupos tienen su propio sistema de justicia, o sea, llega el jefe de clica en las maras o jefe de la zona, dos veces a la semana y dice, «Bueno, ¿cuál es el problema?» y resuelve ahí rápidamente, “bueno, tú eres el culpable, te vamos a matar, te vamos a castigar, te vamos a echar o no eres culpable, tú eres culpable”. O sea, esas cosas se resuelven en días y no años como el sistema, digamos, de gobierno. Y están también ofreciendo empleo. O sea, hay mucha oportunidad con estos grupos de entrar, especialmente si es un joven varón con disposición al trabajo. Entonces, son esos factores más la incapacidad del estado, Yo creo que es la parte triste de lo que ha hecho atractivo a gente como Bukele: Los autoritarios, los nuevos autoritarios, a gobernantes de hecho por seguridad. Esto ya es un problema enorme en las democracias, cómo enfrentar eso y cómo relegitimar el estado. Pero hoy en día mucha gente en estas zonas que están más afectadas, prefieren un grupo no tan terrible a su criterio, o sea, que no comete tantas barbaridades como el estado. Prefieren que ellos estén ahí, que es terrible.

-Ahora, generalmente se pone a la hora del análisis en las zonas productoras, Pero ¿qué está pasando en los sitios de consumo, porque tiene que haber algunas mafias locales tanto en los Estados Unidos como en Europa que además sirva no solamente para la distribución de la droga, sino la distribución del dinero y muy probablemente con alianzas también con estructura de esos estados? ¿No es así?

-Como todo está cambiando, es cierto, o sea, tiene que haber estructuras en los lugares de consumo, sin duda… Nosotros tenemos acceso a hablar con gente experta, pero conocer es otra cosa…En Estados Unidos es especialmente enorme el consumo de la droga sintética. Si tú vas a comprar droga sintética en Estados en Washington, en Miami, tú vas a gastar probablemente entre 50 y 150 dólares. Ese movimiento de dinero no causa ninguna alarma, o sea, mucha gente gasta eso en Amazon casi todos los días. Cuando se movía con cocaína tenías una tonelada que pasaba y recibía decenas de millones de dólares a cambio y eso se podía rastrear de alguna forma.  Es difícil rastrear venta por pequeñas cantidades de producto y de dinero. Por eso decimos que es una nueva ola, porque no hay solución a ese problema, porque como vimos en Breaking Bad, la serie de Netflix,  lo puedes hacer (droga sintética) en tu cocina… hay laboratorios en todas las ciudades de  Estados Unidos. O sea, es tan dispersa que es mucho más fácil difícil rastrear.

-En estos días el el presidente de Colombia Gustavo Petro hablaba de una junta del narcotráfico. Llama la atención porque creo que es la primera vez que alguien se refiere a este a este grupo, que es como una especie de estructura élite de varios grupos dedicados al narcotráfico que se unen para para trabajar y hacer sinergia.

–Yo no he visto lo que dijo el presidente Petro, Sí vemos ahora que hay una especie de consolidación o de sociedad a muy alto nivel y de ahí para abajo, es otra cosa.  Si yo digo, como Cartel de Jalisco “me contrataron para mover 10 toneladas, pero necesito moverlo de la frontera a Guayaquil”. Entonces pregunto ¿Quién quiere licitar ese proyecto?”, entonces hay una violencia para controlar esa ruta. Por eso el caos de abajo. Pero la estabilidad que hablaba al principio de arriba viene de eso, de esa capacidad, digamos de los grandes CEOs. Así como Microsoft y Jeff Bezos, y toda esa gente puede manejar mucho de la economía, ellos solos tirando línea hacia abajo. Eso es lo que estamos viendo un poco en el mundo de crimen transatlántico, porque no es solo cocaína, por ejemplo, los grupos turcos en Venezuela están muy metidos en el oro también. Entonces, ¿Quién define cómo se mueve? Tiene que haber una policía de tránsito dirigiendo un poco la cosa, si no va a haber un caos total. Entonces, hay esa estabilidad arriba y abajo está el caos y la violencia.

–Ustedes plantean una relación entre el populismo y el crimen organizado trasnacional. ¿Cómo es ese nexo entre esos dos factores?

–Los gobiernos populistas tienen una característica inmutable en su desarrollo que es el fracaso económico. O sea, es lo vemos no solo en Venezuela, sino en Nicaragua, El Salvador, con Bolivia a punto de quiebra. Entonces, cuando entran en esa situación, primero tienden a ser muy corruptos, segundo termina el dinero y buscan desesperadamente de dónde sacar suficiente dinero para que el gobierno funcione mínimamente y que la cúpula, el círculo íntimo de los presidentes o de los jefes tengan acceso a más dinero Entonces, en ese en esa circunstancia, como ya han vulnerado todas las leyes, digamos, democráticas, todos los valores democráticos ya están echados a la basura. Normalmente, la primera cosa que hacen los gobiernos populistas es tomar control del sistema judicial, de las cortes, para que todo lo que ellos hagan sea legal y todo lo que haga cualquier otro sea ilegal. En esas circunstancias, los industriales, los inversionistas se van, entonces quedan cada vez con un insumo financiero legítimo muy reducido y buscan el narcotráfico, porque es la única manera de sobrevivir económicamente. Entonces, ese vínculo nace cuando ya controlas el sistema judicial, ya controlas la policía, ya controlas al fiscal ¿Quién te va a acusar de narcotráfico? Nadie. Entonces, puedes meterte a hacer lo que lo que quieras para sobrevivir.

–Sobre la estrategia para combatir este tipo de crimen, ustedes señalan que no hay que poner tanto énfasis en la persona, sino sobre el sistema que lo sustenta. ¿Qué significa esto?

–.Bueno, es que hemos visto por muchos años la idea de ir tras el jefe. O sea, de decapitar las organizaciones, que al final no ha dado resultado, porque hay en cada estructura gente, digamos, para reemplazar. Es como como una un vaso de champán. O sea, la boca está muy grande donde hay mucha gente que puede funcionar ahí y en la otra la parte del otro extremo, la parte baja también muy amplia, es la parte de consumo y de distribución local, pero en el medio hay gente muy especializada, los lavadores, los importadores de ciertos productos, etcétera. Entonces, mucho más importante, creemos nosotros, es ver dónde la organización no tenga capacidad de reactivar a alguien especializado, alguien que no es fácil de reemplazar y entender el sistema. O sea, uno puede decir, «Bueno, agarramos 10 toneladas» Todo el mundo (del narco) está ya en el precio de la contingencia de perder 10 o 15% de los cargamentos. Claro, es un golpe importante, puedes tener cierto impacto, pero no tumba la organización. Matar a Pablo Escobar no tumbó la estructura, encarcelando a los Rodríguez Orejuela, matando a los Rodríguez Gacha. ¿Qué pasó? Cuando agarraron al Chapo la primera vez no bajó la producción. Solo decir esa idea de tener en la mira a una persona, como si fuera lo más importante y no la estructura que gira alrededor, no tiene sentido y no ha tenido éxito.

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