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Economía y Finanzas

La euforia de la IA convive con los riesgos de las inversiones cruzadas, las amenazas de los bajistas y el alza de los tipos

📅 🕐 08 Nov 2025🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 7 min de lectura
La euforia de la IA convive con los riesgos de las inversiones cruzadas, las amenazas de los bajistas y el alza de los tipos
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La sonrisa provocada por la euforia de la Inteligencia Artificial (IA) podría tornarse en mueca de confirmarse las exageradas expectativas de la máquina de hacer dinero más prodigiosa de las últimas décadas. Entre los argumentos para amargar la fiesta destaca la previsible subida de los tipos de interés en Estados Unidos, una vez que parece que estos ya han tocado su suelo. También inquieta la promiscuidad de las inversiones cruzadas, con la interdependencia de los grandes jugadores del sector y los riesgos concentrados en las cestas de Nvidia y OpenAi. Es decir, como tropiece uno de ellos, la escena recordará la vulnerabilidad de las fichas alineadas del dominó.

En este terreno movedizo, irrumpió el pasado miércoles el inversor estadounidense Michael Burry, conocido por atisbar antes que nadie el fiasco de las subprime. En 2008, el fundador de Scion Asset Management dirigió sus inversiones en contra del mercado hipotecario. Y estos días repite aquella exitosa jugada, con posiciones bajistas, convencido del futuro colapso de Nvidia y Palantir, con posiciones de venta de 1.100 millones de dólares. Tan inquietante inversor ahora considera que el mercado de la IA está replicando con milimétrica precisión los antecedentes de la burbuja puntocom, de ahí sus posiciones, motivo que le anima a dirigir sus fondos hacia los chinos Alibaba Group y Baidu. Otros reputados analistas han ido más lejos al apuntar esta semana «la posibilidad practicamente nula de que la burbuja de la IA llegue sin explotar a fin de año».

El fin del ciclo de recortes de tipos, del que ha informado este periódico al detalle, abre la puerta al previsible encarecimiento del dinero. Si ese suelo ya ha llegado, las compañías comprometidas con tan disparatadas inversiones en la IA serán las primeras en resentirse. La primera en esta lista es OpenAi, compañía que merece un análisis desapasionado. Tras su reciente acuerdo con Amazon, por valor de 38.000 millones de dólares, que se suma a otros similares con Nvidia, Microsoft y Oracle, OpenAI alcanzó una capitalización de 10 billones de dólares, frente a unos ingresos de solo 13.000 millones.

La pasmosa tranquilidad con la que OpenAI afronta su futuro produce escalofríos. El padre de ChatGPT esperaba perder el año pasado la friolera de 5.000 millones de dólares, pero el resultado final duplicó sus previsiones, con números rojos de 10.000 millones. El quebranto 2026 será de 14.000 millones y en 2029 rondará los 44.000 millones de dólares. Ante ese paisaje, Sam Altman, CEO de OpenAI, se vanagloria de que ganar dinero no aparece entre sus diez grandes prioridades. Solo el 5% de usuarios de ChatGPT pagan 20 euros al mes. Y así las cuentas no salen ni duplicando el precio de la suscripción, previsto en 44 dólares en el plazo de cinco años. La respuesta de Altman a tanta zozobra se resumió en la conversión de la fundación en una compañía. En esa sociedad, Microsoft ha invertido unos 13.000 millones de dólares desde que entró en el accionariado del laboratorio de IA, lo que le confiere un capital del 27%, frente al 26% de la propia fundación o el 47% restante en manos de los empleados.

Mientras se agitan los cimientos de OpenAI, su legión de fans duerme tranquila con la esperanza de recompensa cuando ChatGPT comience a ganar dinero. Otra que tal baila -también en punto de mira bajista de Michael Burry-, es Palantir. La tecnológica de IA capitaliza lo mismo que Netflix, pero con ingresos 750 veces menores. Por eso y mucho más, algunos de los banqueros con mejor olfato pronuncian la frase maldita de estos días: «Esto huele a burbuja».

Un posible batacazo de OpenAI salpicaría a Amazon, compañía que ha dirigido el grueso de sus inversiones (más de 8.000 millones de dólares) en sus desarrollos propios de Nova Premier, así como en Anthropic, ambos rivales de ChatGPT. Ahora, AWS venderá capacidad de procesamiento a OpenAI, asociado a chips de Nvidia, por valor de 33.000 millones de euros. La compañía fundada por Jeff Bezos intuye la feroz competencia que representará ChatGPT en cuanto los usuarios se aficionen a preguntar, por ejemplo, cuál es la mejor zapatilla para un corredor novato por menos de 120 euros. La respuesta de la IA podría incluir un enlace para comprar al momento, con la consecuente comisión para OpenAI y a espaldas de la tienda de Amazon.

El gran mapa de la Inteligencia Artificial (IA) baila de una semana para otra, con nuevos anuncios de inversiones entre la mayoría de los grandes del sector. Basta un vistazo para comprobar que una veintena de multinacionales hermanan su futuro con el de Nvidia, con Amazon recién incorporada a la fiesta. La ausencia del dueño de AWS chirriaba hasta la fecha en el peligroso juego que entretiene a otros gigantes, como OpenAI, Microsoft, AMD, Intel, Google, Oracle, xAI, Samsung, Nokia, CoreWave o Meta, todas ellas interconectadas con acuerdos bilaterales con cifra de más de nueve ceros.

La fiesta inversora de proyectos de IA ha movido en lo que va de año cerca de 500.000 millones de dólares (432.000 millones de euros), según las estimaciones del sector. Nadie duda de que se trata de una de las mayores revoluciones de la historia de la humanidad, para algunos superior a la llegada de Internet y comparable al descubrimiento del fuego. No se recuerdan tantas alianzas estratégicas tan multimillonarias en tan poco tiempo. Por lo pronto, Nvidia ya vale en bolsa cinco billones de dólares, mientras que Microsoft y Apple rompen la barrera de los cuatro billones de valoración.

El reclamo empresarial de las inversiones cruzadas se resume en pocas palabras: «Yo invierto miles millones en tu compañía, tú haces lo propio conmigo y así seguimos tan contentos»

En este ambiente de expectativas desaforadas, el optimismo de los planes de negocios invita a cruzar los dedos para que nada se tuerza. Los agoreros del mercado recuerdan en voz baja el triste destino del que sube mucho y muy deprisa. El reclamo empresarial se resume en pocas palabras: «Yo invierto miles millones en tu compañía, tú haces lo propio conmigo y así seguimos tan contentos». Este comportamiento proyecta una lectura feliz para los protagonistas del win-win, pero también desvela una evidente fragilidad si alguien o algo tambalea los pilares de la estructura financiera que sostiene la IA.

¿Qué pasaría si surge otro Deepseek capaz de cuestionar la hegemonía de Nvidia? Aquella inteligencia china quedó en un amago, pese a restar temporalmente más de 600.000 millones de euros a la empresa más valiosa del mundo. Su ejemplo debería aleccionar a los que concentran todas sus inversiones en un puñado de referencias.

Pocos dudan del poder transformador de la IA en la actividad económica. La revolución tecnológica habita entre nosotros ajena al pesimismo… por ahora. Pero otra cosa muy distinta es la rentabilidad de tan desaforadas inversiones. Nada asegura que los grupos empresariales que ahora se reparten el pastel de la IA sigan en la pomada en el futuro. Y mucho menos cuando la computación cuántica asalte el tablero de juego de la IA. ¿Seguirá Nvidia en el centro de ese universo? ¿Habrán surgido otros pretendientes al trono, aún sin romper el cascarón?

Google también sufre los efectos colaterales de la IA en su buscador, su principal fuente de ingresos publicitarios. En lugar de acudir a la barra de búsquedas, cada vez son más los usuarios que lo piden a su IA. Por ese motivo, el grupo de Mountain View incluye en Google las respuestas de la IA de Gemini, para que no caigan en el saco de ChatGPT. Sin embargo, Google se rindió el pasado verano a OpenAI, para atraerlo parcialmente a su nube, contrato que hasta el momento era exclusivo de Azure (Microsoft). De esa forma, el acuerdo para alojar parte de ChatGPT en Google Cloud amenaza a la empresa del buscador en caso de siniestro de su socio.

Nokia y Samsung también han arrimado el ascua a la sardina de Nvidia, con compromisos recíprocos que en el caso de la finlandesa alcanza los mil millones de dólares. Asimismo, en las dos últimas semanas se ha sumado la fiesta Qualcomm, con la sana intención de diversificar las ofertas de chips para IA de Nvidia y AMD, con la fabricación de dos superchips AI200 (previsto para 2026) y el AI250, con vistas a compartir en el segmento de centros de datos a partir de 2027.

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es

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