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El largo crepúsculo del ministro Serguei Lavrov, el ‘Mister Niet’ que se pasó de duro con Estados Unidos | elmundo.es

📅 🕐 11 Nov 2025🔗 Fuente: elmundo.es🕑 7 min de lectura
El largo crepúsculo del ministro Serguei Lavrov, el 'Mister Niet' que se pasó de duro con Estados Unidos
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Serguei Lavrov ha sido ministro de Exteriores de Rusia durante 21 años, en la guerra y en la paz, y ha trabajado sin demasiados problemas con Vladimir Putin pese a ser dos personajes muy distintos. Pero su presencia pública se ha apagado entre algunas sombras, sobre todo tras la conversación telefónica del pasado 21 de octubre entre Lavrov y su homólogo de Estados Unidos, Marco Rubio. El objetivo de la llamada era preparar la reunión entre Trump y Putin en Budapest. Sin embargo, Rubio instó a Trump a cancelar la cumbre después de que su contraparte en Moscú se negara a suavizar sus demandas territoriales con respecto a Ucrania. Al parecer, fue una tensa conversación entre el secretario de Estado estadounidense y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, durante la cual Washington concluyó que Moscú no estaba dispuesto a negociar. Poco después, Estados Unidos impuso nuevas sanciones a Rosneft y Lukoil. Fueron las primeras desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.

Hace años que circulan en Moscú rumores -y hasta obituarios– sobre Lavrov, que en alguna ocasión ha mostrado en privado su deseo de liberarse de la agenda de viajes a la que se subió con su nombramiento en 2004. El nuevo Mister Niet (así apodaron en su día a Andrei Gromiko, ministro de Exteriores soviético por su habitual «no» en negociaciones y vetos en la ONU durante décadas) está cansado y soñó con presidir el Parlamento o el partido del Gobierno; pero tampoco pertenece a ninguna familia que le pueda asegurar el retiro plácido al que aspira la gerontocracia rusa.

Es más patente su rivalidad con Kirill Dmitriev, el negociador favorito de Trump. El financiero ruso y director del Russian Direct Investment Fund, el fondo soberano de Rusia, es el hombre que encandila al magnate con proyectos de colaboración millonarios de dudoso horizonte. En un momento en el que la acción exterior de Putin se resume en trabucos y cofres (tomar al asalto Ucrania y, a la vez, comprar el favor o al menos la inhibición de Estados Unidos), la diplomacia más tradicional ha quedado, por muy retorcida que intente ser para no perder comba, algo arrinconada.

Altibajos aparte, Lavrov es un experto -y cínico- diplomático que ha rendido buenos servicios a Putin. Firmó en 2009 el reinicio de relaciones con Washington y, cuando Rusia desplegó a sus soldados en Crimea, salió obedientemente al estrado a mentir diciendo que eran locales vestidos todos iguales. De estatura imponente y porte elegante, aunque cada vez más encorvado e hinchado por la edad, fue la ruptura flagrante de la legalidad internacional en Ucrania la que empezó a arrinconarlo hace 11 años. Desde entonces, el Kremlin ha estado reforzando su control sobre la representación internacional, reduciendo la independencia del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Esta vez, el primero en señalar los malos pasos de Lavrov fue un medio extranjero. El 31 de octubre, un artículo del Financial Times achacaba al ministro ruso la ruptura de los preparativos para la reunión entre presidentes. Pero los rumores se desataron sobre todo cuando Lavrov estuvo por primera vez ausente de una reunión clave del Consejo de Seguridad el 5 de noviembre, donde Putin discutió la reanudación de las pruebas nucleares, realizadas por última vez en 1990.

Varias fuentes indicaron al diario ruso Kommersant que la ausencia del ministro fue de mutuo acuerdo. En Moscú, las filtraciones rara vez encarnan el sentir de Putin, sino que suelen ser salvas interesadas de los múltiples bandos que compiten por su atención.

De hecho, tras dos semanas de rumores sobre su caída en desgracia, Lavrov reapareció ayer martes. El viejo diplomático, de 75 años, se sacudió toda culpa por la cancelación de la cumbre de Budapest y le pasó la pelota a Washington. «Estamos dispuestos a abordar con nuestros colegas estadounidenses la reanudación del trabajo preparatorio de su propuesta cumbre entre los líderes de Rusia y Estados Unidos», declaró en una comparecencia de prensa por videoconferencia.

A diferencia de otras eminencias del Kremlin, Lavrov jamás ha sido amigo de Putin. No es próximo a la familia, ni proviene del KGB, ni se crió en Leningrado como tantos incondicionales del presidente. No juega al hockey con Putin, ni veranea con él. Es el diplomático más relevante en un entorno presidencial donde lo que abundan son los espías y empresarios estatales.

Es posible que, por esta razón, Putin -generalmente de formas suaves y poco amigo de las broncas- tenga menos paciencia con él. Nezygar, un canal de Telegram con 400.000 suscriptores, citó fuentes no identificadas que afirmaban que Putin mantuvo «una conversación seria» con Lavrov después de su llamada con Rubio. Pareció que el ruso no estaba muy dispuesto al diálogo con su homólogo estadounidense «y lo llevó a cabo de manera extremadamente tensa», dicen esas fuentes. Lo más probable es que Lavrov siguiera las instrucciones del Kremlin de forma demasiado literal. No parece que Putin busque acuerdos de verdad con Estados Unidos respecto a Ucrania, pero quiere que al menos se celebren las reuniones.

Algún bando debió de oler la sangre y orquestó la publicación en el Financial Times, que resultó «muy dolorosa» para Lavrov, quien intercala su flema diplomática con episodios de homo sovieticus irascible. Con el artículo convertido en la comidilla de las cancillerías, el hiperactivo ministro redujo su actividad pública para lamerse las heridas.

El veterano diplomático también ha sido desposeído de su puesto como jefe de la delegación rusa en la cumbre del G20 de este año, un cargo que ahora ocupa el asesor presidencial Maxim Oreshkin. Además, la delegación rusa en la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que en los últimos años ha estado liderada por Lavrov, estuvo encabezada el mes pasado por el viceprimer ministro Alexei Overchuk.

Lavrov ahora afronta el mismo aislamiento que precedió a la caída del ex ministro de Defensa, Serguei Shoigu, reciclado en la sala de máquinas del poderoso Consejo de Seguridad de Rusia. Putin -que no asistirá a la cumbre de Sudáfrica, donde pesa sobre él una orden de arresto de la Corte Penal Internacional- no quiere que ninguno de sus alfiles sea demasiado indispensable.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

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