El BSC cumple 20 años con la vista puesta en la soberanía europea

Se cumplen 20 años desde que la ciudadanía escuchó el término supercomputación fuera del marco de la ciencia ficción. Mucho antes de que todo el mundo conociera el término Inteligencia Artificial y muchísimo antes de que se hablara de soberanía tecnológica europea, en el campus de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) se llevó a cabo la creación del Barcelona Supercomputing Center (BSC). Era una entidad que surgió de la necesidad de tener un centro nacional de supercomputación que recogiera el testigo del Centro Europeo de Paralelismo de Barcelona (CEPBA), perteneciente a la UPC y operativo desde diez años atrás. La fundación de la nueva organización sucedió solo un año después de la creación del primer MareNostrum, la máquina más potente de Europa en su momento, diseñada para la investigación académica. Desde ese año hasta la actualidad, han pasado cinco versiones de este supercomputador hasta alcanzar el MareNostrum 5, un proyecto que se hizo realidad en 2023 y que se convirtió en el tercer superordenador del continente. Esta última actualización requirió de una inversión de 100 millones de euros por parte de la Unión Europea (UE), con ella el ordenador alcanzaba una potencia de 200 petaflops, unas 200.000 millones de operaciones por segundo.
La financiación del Barcelona Supercomputing Center ha contado con dos actores institucionales principales: las transferencias recibidas de parte de fondos de la Unión Europea y los ingresos por parte del Gobierno nacional mediante el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa (MINECO). Los ingresos de parte de estos organismos siempre han superado como mínimo el 75% de los recursos percibidos por la entidad, a los cuales se les suman otras partidas minoritarias como las derivadas por venta de servicios (investigaciones para empresas privadas) o intereses bancarios. Esta entrada de capital periódica se lleva dedicando a gastos de explotación y a la ejecución de proyectos en los que participa el equipamiento. El ayuntamiento de Barcelona entró dentro de este cómputo a partir del 2018, cuando empezaron a destinar cerca del 1% del total recibido por la entidad. La pandemia pasó factura a la inversión en el centro en 2020 la aportación de la Unión Europea (UE) superó a la de la administración nacional. Ese año, el Gobierno anunció una partida de 115 millones de euros hasta 2029 para asegurar la construcción del MareNostrum 5 y en 2022 volvió a tomar la delantera. Con la entrada de la nueva década, la inversión se disparó y hasta ahora se ha superado año tras año hasta los 91,3 millones actuales.
Proyectos a futuro
El futuro de la supercomputación en nuestra casa está orientado hacia la soberanía tecnológica europea con tal de lograr posicionar al continente dentro del mapa mundial. Una de las principales disputas se libra en el sector de la Inteligencia Artificial, tanto en el diseño y producción de sus componentes como en la programación de herramientas impulsadas por esta tecnología. En este sentido, el BSC canalizará un proyecto europeo llamado AI Factory, un servicio público que pone a disposición de entidades y empresas la capacidad del superordenador para que estas desarrollen aplicaciones específicas para modelos concretos como la salud o el clima. «Desde aquí se ofrece todo lo que es el servicio de cómputo para que empresas, startups… puedan procesar el entrenamiento de modelos de IA en clave comercial; de esta forma, se pueden empezar a desarrollar lo que serán nuevos productos y servicios europeos que se llevarán al mercado», explica Mariona Sanz, jefa de innovación y desarrollo de negocio del Barcelona Supercomputing Center. Más allá de la simple cadena de valor comercial, la iniciativa tiene una pretensión de gestión del talento que se produce en el país y que decide migrar a otros continentes buscando proyectos más atractivos y mejor financiados. «La marca BSC es una captadora de talento, pero no se trata de atraer solo a investigadores, proyectos como el de AI Factory logran atraer a startups que se desarrollan a nuestro alrededor gracias a todos estos servicios que ponemos en marcha», opina Sanz. Esta propuesta cuenta actualmente con un presupuesto de 200 millones de euros a tres años vista, todo financiado a partes iguales entre la Unión Europea y el Gobierno. En esta ambición por reducir la dependencia tecnológica respecto de otros actores, el BSC es coordinador del proyecto DARE, una iniciativa regada con un presupuesto inicial de 240 millones de euros en tres años para fomentar la fabricación de semiconductores en territorio europeo. Concretamente, se trata de chips diseñados con tecnología avanzada y dedicados a la computación de alto rendimiento que se usan en superordenadores para entrenar modelos de inteligencia artificial, entre otros.
Ampliación del MareNostrum 5
Otro de los frentes abiertos es la ampliación del actual MareNostrum 5, uno de los tres superordenadores que hay en el continente para actualizarlo a los requerimientos de la Inteligencia Artificial. En concreto, el año que viene se incrementará la potencia GPU del dispositivo en un 50% con la implementación de procesadores acelerados. Todo esto con el Marenostrum 6 en el horizonte, hito que se presentó el pasado miércoles y que pretende dar una dimensión más en el marco de la soberanía tecnológica del continente. «MareNostrum 6 será nuestro próximo gran paso. Ante las actuales realidades geopolíticas y los retos económicos, sociales y medioambientales, la IA y la supercomputación jugarán un papel aún más fundamental. Nuestro compromiso con Europa es firme: queremos que MareNostrum 6 incorpore tecnología europea y sea un símbolo de soberanía digital», comentó Manuel Valero, director del BSC, en la gala de celebración por los 20 años de la entidad. Se prevé contar con esta nueva actualización en 2029.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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