La firma de videojuegos francesa Ubisoft se asoma a una gran crisis bajo la sombra de una compra por parte de China

Cuando una empresa anuncia un aplazamiento en la presentación de sus cuentas semestrales y pide suspender sus acciones de cotización mientras tanto, es normal que se enciendan las señales de alarma. Cuando lo hace una compañía que lleva sufriendo años de malos datos y rumores de compra, la situación es más que inquietante. Eso es lo que le acaba de ocurrir a la firma de videojuegos francesa Ubisoft, creadora de la saga Assassin’s Creed o Just Dance, inmersa en un proceso de reestructuración que cada vez tiene un aspecto más preocupante.
La compañía parisina tocó techo en 2018, cuando sus acciones alcanzaron los 94 euros. Desde entonces, su valor se ha derrumbado un 93% hasta los 6,77 euros que valía ayer, cuando emitió un comunicado pidiendo la suspensión de sus acciones en la bolsa francesa. El motivo era «evitar la especulación» a la espera de que publicara sus cuentas, que debía haber entregado ayer, pero que aplazó alegando la necesidad de «más tiempo para cuadrar» los números. Los derechos de la compañía que cotizan en EEUU llegaron a caer hasta un 19% tras el anuncio, y viven una enorme volatilidad desde entonces.
Ubisoft lleva años atrapada en las dos grandes trampas que están sacudiendo al sector de los videojuegos: los crecientes costes de producción y la búsqueda de los «juegos como servicio», juegos infinitos que se actualicen cada pocos meses y así puedan seguir vigentes durante años y años. Muchas otras compañías se han estrellado contra estos dos muros, perdiendo grandes cantidades de dinero en el intento de hacer juegos fotorrealistas o buscando el ‘Santo Grial’ del juego eterno.
En 2024, la compañía sufrió un duro golpe con Skull and Bones, un juego de piratas cuya producción costó más de 200 millones de dólares a lo largo de una década. El juego salió a la venta a 70 euros, ante el alto coste y la «calidad AAAA» del mismo, según la compañía. El resultado fueron unas ventas mediocres que no han permitido recuperar lo invertido. Algo parecido ha ocurrido con Star Wars Outlaws, un juego de aventuras inspirado en la saga de Disney, que se ha quedado por debajo de las expectativas. Y su intento de crear un juego infinito, al estilo del exitoso Fortnite, también fue un fracaso: XDefiant, la apuesta de Ubisoft en el género, fue cancelada el pasado mes de junio ante la falta de jugadores.
Todos esos tropiezos han abierto un agujero en su cuenta de resultados: la firma perdió 82 millones de euros en el año fiscal 2024-25, y se ha visto obligada a hacer fuertes recortes de gasto. Pero los movimientos más destacados han abierto fuertes dudas sobre su futuro. Por un lado, la entrada de la firma de juegos china Tencent en su accionariado, comprando un 25% del total por 1.160 millones de euros. Y, por otro, la separación de sus tres principales sagas –Assassin’s Creed, Far Cry y Tom Clancy’s Rainbow Six– en una subsidiaria, Vantage Studios, para «cristalizar el valor de sus principales franquicias» y «acelerar su desarrollo».
Por el momento, la compañía está intentando reactivar su negocio con un plan de reorganización interna, aprovechando el éxito de Assassin’s Creed Shadows, el último lanzamiento de la serie y su mayor apuesta para demostrar que aún tiene futuro. Pero si las cuentas vuelven a decepcionar a los inversores, la puerta está abierta a dos escenarios peores: una absorción total por Tencent, o la venta de parte de Vantage Studios, sus ‘joyas de la corona’, a algún otro inversor.
Pero su crisis encaja perfectamente en la precaria situación del mercado de los videojuegos, ante el aumento de costes y el enfriamiento de las ventas de los grandes juegos. Sony perdió cientos de millones de dólares en su intento de crear su propio Fortnite con Concord, uno de los mayores fracasos de la historia del sector. Empresas medianas, como Square Enix, se están viendo forzadas a recortar gastos y limitar sus apuestas. Y hasta Rockstar, los creadores de la saga GTA, han tenido que retrasar el deseado GTA 6 a noviembre de 2026 por conflictos con su plantilla y rumores de un precio de lanzamiento en torno a los 100 euros, lo que sería un récord, para intentar cubrir los gigantescos costes de producción, que se acercarían a los 1.000 millones de dólares.
Por el momento, solo se salvan Nintendo, que rechaza los juegos hiperrealistas para controlar sus gastos, y apunta a un perfil de jugador distinto al de sus rivales, y las pequeñas firmas independientes, que hacen juegos más limitados y con costes mucho menores. Precisamente, dos de los grandes éxitos de este año, Hollow Knight: Silksong y Clair Obscur: Expedition 33, son dos juegos independientes, hechos por estudios pequeños, y que se venden por debajo del precio estándar de los 60 euros. Ambos han logrado ‘enhebrar la aguja’ de hacer juegos relativamente ‘baratos’ pero muy divertidos, y han triunfado entre audiencia y crítica. Las grandes productoras, por contra, están en una encrucijada de la que todavía no saben cómo salir.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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