Vigilia de libertad 2026 – EL NACIONAL


Hay nombres que el poder procura borrar de los registros, rostros que la censura intenta desvanecer en la niebla del olvido, pero que están escritos con letras de fuego en el libro de la conciencia humana. Que este mensaje, anhelo silente de millones, encuentre su camino; atraviese las frías paredes y se cuele, desafiante, por los barrotes de acero. Que navegue los mares de la separación hasta las lejanías que los acogen y llegue hasta ustedes no como un eco de lástima, sino como aliento de certeza, no están solos, no han sido olvidados, no están abandonados.
Que no se confunda el encierro o el exilio con la derrota. Son, por el contrario, la prueba viviente, incómoda y heroica de que existe algo que el poder despótico no puede comprar ni doblegar, la integridad de un alma en paz con su conciencia. Su reclusión no es signo de culpa, sino la feroz contradicción de quien teme más a una idea libre que a sus propias cadenas. Cada reja que los aísla del sol, cada frontera que aleja del terruño, es la confesión de un tirano que sabe que su amenaza no es un arma, sino la validación de una verdad dicha en voz alta; un principio defendido con dignidad. Reciban este homenaje como el reconocimiento a quienes libran la batalla en el frente más cruel.
La patria duele y espera a la vez; su sacrificio es el peso de la traición. La tierra que los vio nacer hoy los reclama, no con la justicia de la ley, sino con la injusticia del déspota. En la prisión, el aire pesa más que el plomo, no suenan gaitas, ni villancicos, solo el sonido de las cerraduras que vejan. Pero no pueden extinguir la memoria que alberga el calor de un abrazo y el olor inconfundible a patria.
Desde el silencio del calabozo político, desde el exilio que es una herida abierta en el alma, ustedes encarnan el precio más alto de la libertad: el de perderla para que otros la recuerden y no se resignen.
A los que celebran con la mirada fija en un punto del mapa, tienen un lugar vacío, pero el corazón, atiborrado de venezolanidad, no cabe en un infame decreto de expulsión. Es amargo, sí, pero no estéril; de esta nostalgia nacerá la raíz fuerte para el reencuentro que nos debemos.
Hoy, bajo un mismo cielo, ya sea el que se observa tras las rejas, el de un país ajeno o el que cubre a sus familias aquí, hagamos un pacto silencioso. Un brindis sin copas con el agua amarga de la resistencia. Un apretón de manos sin contacto físico. Brindemos por la terquedad de la esperanza, esa que no solicita permiso y se purifica por las rendijas inesperadas. Ofrezcamos por la fe que no se discute. Llegará la mañana en la que la puerta se abra no para huir, sino para volver a entrar en la casa; reconstruirla sobre cimientos de valor que solo ustedes han sostenido a un precio tan terrible.
Que este nuevo año 2026, en su dureza, les traiga una paz distinta, la convicción férrea de que su sacrificio no es en vano, sino la semilla dolorosa de la que brotará la libertad que merece Venezuela. No escribo de un heroísmo fácil, lo hago de la resistencia diaria, del amanecer que se enfrenta sin certezas, del recuerdo al que se aferra el arraigo. En esa entereza se forja la grandeza. Cada uno de ustedes es testimonio de incidencias en las que no se negocian la dignidad, la verdad, el derecho a pensar y a disentir.
A las familias que cargan un calabozo paralelo de angustia y espera, el mundo los ve. Su súplica resuena en cada denuncia de la injusticia, en cada informe que documenta lo indecible, en cada gesto de solidaridad que cruza océanos y fronteras.
No sabemos cuánto durará, pero la aurora no le pregunta al reloj del tirano cuándo debe llegar. Y cuando llegue, será porque ustedes, desde la penumbra, mantuvieron viva la tenue y obstinada llama de la fe en un mañana mejor, diferente, de excelencia.
Frente a la tiranía que festeja, el decoro y la decencia resisten; su silencio confinado es más elocuente que los discursos oficiales vacíos. Este no es un año nuevo cualquiera, es la víspera, la vigilia de la libertad.
Con el deseo de encontrar justicia, verdad y reencuentro, feliz año 2026 de la esperanza indomable. No están solos. Jamás lo estarán. Con profunda admiración, respeto y compromiso inquebrantable, les desea un compañero en el sentimiento y la lucha.
@ArmandoMartini
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
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