Con el inicio de un nuevo año, muchas personas se proponen leer más, pero el entusiasmo suele durar poco. La falta de tiempo, la dificultad para concentrarse o la idea de que leer es una actividad exigente siguen siendo barreras comunes. Sin embargo, especialistas en lectura coinciden en que formar el hábito no depende de la cantidad de libros, sino de la relación que cada persona construye con la lectura.
Natalia Cadavid Ruiz, profesora e investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana (Cali), explica que el hábito lector no se impone ni se acelera. “Leer se vuelve un hábito cuando tiene sentido para quien lee. Si la lectura se asume como una obligación, es muy difícil que se sostenga en el tiempo”, señala.
Natalia Cadavid Ruiz Foto:Cortesía
Empezar con poco, pero de forma constante
Uno de los errores más frecuentes es fijarse metas poco realistas, como leer un libro por semana o dedicar largas horas diarias. Para Cadavid, el proceso debe ser gradual: comenzar con sesiones cortas, de entre 10 y 15 minutos al día, en horarios específicos y fáciles de mantener.
La constancia, más que la intensidad, es la base del hábito. Leer todos los días un poco ayuda a que la actividad se integre a la rutina cotidiana sin convertirse en una carga.
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Leer por interés, no por obligación
Otro punto clave es elegir lecturas que conecten con los gustos personales. No existe una lista universal de libros “imprescindibles”. Novelas, cuentos, crónicas, ensayo, poesía o incluso textos breves pueden ser una puerta de entrada válida.
“La lectura no debe responder a lo que otros consideran importante, sino a lo que despierta curiosidad en cada lector”, explica la experta. Cuando hay identificación con el contenido, la lectura deja de ser un esfuerzo y se convierte en una experiencia placentera.
Crear un entorno que invite a leer
El hábito también se fortalece con pequeños cambios en el entorno: tener el libro a la vista, asociar la lectura a un momento específico del día o reducir distracciones durante ese espacio. Estos gestos ayudan a que la lectura se repita y, con el tiempo, se naturalice.
Además, compartir lecturas, hablar sobre lo leído o recibir recomendaciones puede reforzar la motivación y el compromiso personal.
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Un hábito que se construye, no se impone
Formar un hábito lector no es una carrera de velocidad, sino un proceso progresivo. La clave está en la paciencia, la elección consciente de los textos y la constancia diaria. Leer más no significa leer mejor ni leer más rápido, sino leer con sentido.
En un contexto donde el tiempo parece escaso, la lectura sigue siendo una herramienta para la reflexión, el aprendizaje y el disfrute personal, siempre que se integre de manera realista a la vida cotidiana.