El Kremlin reaccionó oficialmente a la operación ejecutada por Estados Unidos en aguas internacionales frente a Venezuela, que culminó con la incautación del petrolero Bella 1, un buque que navegaba bajo bandera rusa y mantenía vínculos con el país sudamericano.
En un comunicado difundido por el Ministerio de Transporte de Rusia, encabezado por Andréi Nikitin, Moscú apeló a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 para cuestionar la actuación estadounidense. Según el texto, la normativa internacional garantiza la libertad de navegación en alta mar y prohíbe el uso de la fuerza contra embarcaciones debidamente registradas bajo jurisdicción extranjera.
Las autoridades rusas aseguraron además que, tras la intervención del Comando Europeo de Estados Unidos, se perdió todo contacto con el petrolero. En paralelo, el senador Andrei Klishas calificó la incautación como un “acto de piratería absoluta”, de acuerdo con declaraciones recogidas por la agencia estatal TASS.
Desde Washington, el presidente Donald Trump se refirió públicamente a la captura del Bella 1 y la enmarcó dentro de las acciones emprendidas por su administración en política exterior. En ese contexto, el mandatario recordó decisiones previas de su gobierno y afirmó que durante su gestión logró poner fin a ocho conflictos armados.




