descubren que la división celular no siempre sigue las reglas

En biología, hay ciertas ideas que parecen inamovibles. Una de ellas es el modelo clásico de la división celular, ese proceso esencial que permite a una célula convertirse en dos. Según lo aprendido en escuelas y universidades, una célula se divide gracias a un anillo contráctil de actina y miosina que se forma en su centro y se va cerrando como un lazo, separando el contenido celular en dos mitades iguales. Sin embargo, nuevas observaciones han empezado a cuestionar esta visión.
Un estudio reciente publicado en Nature por el equipo de Jan Brugués ha revelado que, al menos en las primeras etapas del desarrollo de ciertos animales, la división celular puede funcionar de una forma completamente distinta. En vez de apoyarse en un anillo cerrado, estas células gigantes y ricas en vitelo, como las del pez cebra, utilizan un mecanismo que combina estructuras internas del citoesqueleto y cambios físicos temporales en el interior celular. El resultado es una especie de “trinquete mecánico” que impulsa la división sin necesidad de cerrar el anillo por completo.
Un desafío geométrico en los primeros ciclos de división
En especies con embriones grandes, como reptiles, aves, tiburones o el propio ornitorrinco, las células iniciales presentan un tamaño fuera de lo común. En estos casos, el anillo contráctil no puede rodear la célula por completo debido al gran volumen del vitelo, una sustancia nutritiva densa que ocupa la mayor parte del espacio. La pregunta clave era: ¿cómo logran dividirse estas células si el anillo nunca se cierra?
Para abordar este enigma, los investigadores trabajaron con embriones de pez cebra (Danio rerio), un modelo habitual en estudios del desarrollo. Usando láseres de alta precisión, cortaron el anillo de actina mientras se formaba y observaron algo inesperado: a pesar del corte, el anillo seguía contrayéndose hacia el centro, lo que indicaba que su fuerza no dependía exclusivamente de los extremos, sino de algún tipo de anclaje a lo largo de toda su longitud.

El papel estructural de los microtúbulos
Al explorar qué elementos podrían proporcionar este anclaje, el equipo centró su atención en los microtúbulos, fibras que forman parte del citoesqueleto celular. Estas estructuras, visibles en forma de grandes “astros” durante la interfase, no solo ayudan a posicionar el plano de división, sino que también parecen desempeñar un papel mecánico esencial.
Los autores usaron un inhibidor activado por luz para desestabilizar los microtúbulos justo después de la formación del anillo contráctil. Cuando los microtúbulos se desensamblaban, el anillo colapsaba por completo, dejando la célula sin dividir. Este resultado se repitió también cuando se colocó una gota de aceite dentro del embrión como obstáculo físico, perturbando localmente los microtúbulos.
“Nuestros datos sugieren que el anillo contráctil activo se establece anclándolo localmente a lo largo de su longitud”, señala el artículo . Así, los microtúbulos no solo señalan dónde debe dividirse la célula, sino que estabilizan físicamente el anillo mientras este crece.

Citoesqueleto y reología: cuándo ser sólido y cuándo ser fluido
Un hallazgo clave del estudio fue que la rigidez del citoplasma cambia con el ciclo celular. Durante la interfase (el periodo entre divisiones), los microtúbulos forman una red densa que endurece el interior celular. Esta rigidez actúa como un andamio que permite al anillo de actina crecer y mantenerse en su sitio. En cambio, durante la fase M (mitosis), esa red desaparece, el citoplasma se vuelve más fluido y el anillo puede comenzar a ingresar en la célula para completar la división.
Para medir estos cambios, los científicos utilizaron microesferas magnéticas y ópticas que se inyectaban en el citoplasma y luego eran sometidas a fuerzas controladas. Durante la interfase, las esferas apenas se movían, lo que indicaba un citoplasma más sólido. En M-fase, en cambio, la movilidad aumentaba, lo que demostraba una transición hacia un estado más fluido .
Este cambio no es trivial: la fluidez permite que la célula sea “deformada” por la contracción del anillo. Sin embargo, esa misma fluidez debilita el anclaje del anillo. ¿Cómo se resuelve esta aparente contradicción?
El modelo del trinquete mecánico: estabilidad e inestabilidad alternadas
La solución que proponen los investigadores es un mecanismo que funciona como un trinquete temporal. Durante la interfase, el anillo se forma y se estabiliza gracias a la rigidez del citoplasma. Cuando llega la M-fase y el citoplasma se vuelve más blando, el anillo puede ingresar y avanzar un poco más. Aunque parte del anillo se retrae, este retroceso es parcial y se compensa en el siguiente ciclo.
Este patrón se repite a lo largo de varios ciclos celulares hasta completar la división. “Este proceso se asemeja a un trinquete mecánico que impulsa la división celular sin necesidad de un anillo completo de actomiosina”, concluyen los autores .
Esta dinámica puede parecer ineficiente, pero tiene una ventaja: permite dividir células extremadamente grandes sin requerir estructuras completamente cerradas, algo que sería inviable por las limitaciones físicas del entorno.
Cambiando los libros de texto: una nueva visión de la citocinesis
Este trabajo no solo explica cómo se divide el embrión del pez cebra, sino que ofrece una pista para entender otros casos similares en la evolución. En especies con grandes células embrionarias, los ciclos celulares son extremadamente rápidos, lo que parece ser una estrategia evolutiva para evitar que el anillo colapse antes de que pueda ingresar lo suficiente.
Al mostrar que la división celular puede basarse en propiedades físicas temporales del citoplasma y no solo en estructuras predefinidas, este estudio cambia el enfoque clásico de la citocinesis. Las implicaciones podrían extenderse a estudios sobre el desarrollo de organismos, la mecánica celular e incluso a contextos patológicos donde los procesos de división se alteran.
Aunque queda mucho por entender sobre los detalles moleculares que conectan microtúbulos y actina en este contexto, los autores dejan claro que la estabilidad del anillo depende de factores mecánicos distribuidos en el espacio y el tiempo.
Referencias
- Alison Kickuth, Urša Uršič, Michael F. Staddon & Jan Brugués (2026). A mechanical ratchet drives unilateral cytokinesis. Nature. DOI: 10.1038/s41586-025-09915-x.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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