Arqueólogos descubren en un santuario galo-romano la primera representación pictórica documentada del dios celta Sucellus

El bosque parecía silencioso, casi impenetrable. Su espeso manto vegetal cubría siglos de historia olvidada. Nadie que caminara por aquel paraje elevado del sur de Borgoña habría imaginado que bajo sus pies se ocultaba un complejo religioso antiguo en el que se habían celebrado cientos de rituales, banquetes sagrados y festejos durante generaciones. Sin embargo, la aplicación de la tecnología LiDAR permitió identificar varias anomalías, pequeñas irregularidades en el terreno que rompían la aparente uniformidad del paisaje y que apuntaban a la existencia de un misterio bajo tierra.
Lo que, en un principio, se identificó como simples acumulaciones de piedras pronto se transformó en algo radicalmente distinto. Los arqueólogos, al realizar los primeros sondeos, comprendieron que no se encontraban ante un asentamiento rural, sino ante un espacio sacralizado. La densidad de materiales y la estructura del lugar apuntaban inequívocamente a un santuario de gran relevancia, frecuentado durante siglos.
La verdadera sorpresa, sin embargo, llegó en las fases finales de la excavación. Entre los restos rituales y los depósitos votivos, emergió un elemento inesperado: una representación pintada del dios celta Sucellus, un hallazgo sin precedentes que abre nuevas perspectivas interpretativas sobre las prácticas religiosas en la Galia romana tardía.

La densidad de materiales y la estructura del lugar apuntaban a un santuario de gran relevancia en la Galia romana tardía.
Paisaje, visibilidad y sacralidad en un santuario elevado
A pocos kilómetros de Tournus, el santuario de Mancey se sitúa en una posición dominante, en un emplazamiento que ofrece una amplia visibilidad sobre el territorio circundante. Como en muchos otros ejemplos de espacios sagrados de la Antigüedad, la ubicación en altura refuerza el carácter simbólico y territorial del espacio religioso, que se convierte en un punto de referencia tanto físico como espiritual.
El conjunto se organiza en torno a varios montículos de piedra, que se han interpretado como restos de edificaciones colapsadas. Entre ellos, destacan dos estructuras principales: el monumento M3 y el fanum M5. A estos se suma un posible muro perimetral que delimitaría el área sagrada. El uso sistemático de la geolocalización, los análisis geoquímicos y los estudios de distribución espacial ha generado una documentación del yacimiento excepcional, con cerca de 20.000 artefactos registrados.

El santuario de Mancey se sitúa en una posición dominante, a pocos kilómetros de Tournus. La ubicación en altura refuerza el carácter simbólico y territorial del espacio religioso.
El templo M3: rituales, banquetes y élites
El monumento M3 constituye uno de los espacios más reveladores del santuario. Se trata de una estructura compuesta por una sala sagrada precedida de un vestíbulo que atravesó varias fases constructivas entre finales del siglo III y finales del IV d.C.
En su fase de mayor desarrollo, el interior del templo presentaba una organización espacial pensada para la celebración de rituales. Los bancos laterales y un posible podio cultual delimitaban un espacio destinado a las prácticas religiosas. Según los arqueólogos, la disposición arquitectónica sugiere que el templo se diseñó para acoger ceremonias colectivas, probablemente vinculadas al banquete ritual.
Los materiales recuperados refuerzan esta interpretación. La presencia de restos de fauna (como lechones, aves y peces), fragmentos de cerámica y vidrio, y numerosas monedas indica la celebración de comidas rituales. La presencia de objetos de prestigio, además, como una parure de oro y perlas, apunta a una clientela selecta. Los datos recabados sugieren que el acceso al templo pudo haber estado restringido a una élite local.
En su fase de mayor desarrollo, el interior del templo presentaba una organización espacial pensada para la celebración de rituales colectivos.

La destrucción del santuario: violencia, ritual y memoria
La evidencia arqueológica muestra un proceso complejo que combina destrucción, reutilización y ritualización del espacio M3. Tras el desmantelamiento del edificio, algunos elementos, como los pedestales de las estatuas, se recolocaron. Los expertos también han podido constatar que se encendieron fuegos en su interior.
La repetición de prácticas rituales en un edificio ya destruido indica, de acuerdo con los expertos, una voluntad consciente de clausura simbólica. De hecho, los restos de banquetes, las monedas y los objetos votivos siguen apareciendo incluso en esta fase tardía, lo que parece demostrar la persistencia de la actividad cultual.
En este sentido, resulta especialmente significativo el depósito de una fosa que contenía monedas, una lámpara de culto y diez figurillas de diosas-madre. Este conjunto representa uno de los últimos actos rituales realizados en el santuario que marca el cierre definitivo de este espacio sagrado.
Los restos de banquetes, las monedas y los objetos votivos siguen apareciendo incluso en esta fase tardía, lo que parece demostrar la persistencia de la actividad cultual.

El descubrimiento clave: la primera imagen pintada de Sucellus
En este contexto de destrucción ritualizada se produjo el que quizás sea el hallazgo más extraordinario. Entre los elementos litúrgicos recuperados, se localizó un bloque pintado con la representación del dios celta Sucellus. Según el estado actual de las investigaciones, esta sería la única representación pictórica conocida de esta divinidad.
Sucellus es una figura bien documentada en el ámbito galo-romano. Habitualmente representado en esculturas con un martillo, se asocia con la fertilidad, la abundancia y el mundo subterráneo. Sin embargo, hasta ahora su iconografía se conocía casi exclusivamente a través de soportes escultóricos.
La aparición de una imagen pintada cambia radicalmente este panorama. El hallazgo en el santuario de Mancey, además de ampliar el repertorio iconográfico de la divinidad Sucellus, demuestra que su culto incluía también representaciones murales. Por otro lado, el hecho de que se haya descubierto en un contexto de abandono añade una dimensión simbólica adicional.
Entre los elementos litúrgicos recuperados, se localizó un bloque pintado con la representación del dios celta Sucellus. Sería la única representación pictórica conocida de esta divinidad.

El fanum M5: arquitectura monumental y destrucción sistemática
El segundo gran edificio del santuario, el fanum M5, presenta una arquitectura diferente. Se trata de un templo de planta centrada, con una galería periférica y una cella elevada. Su construcción revela un alto nivel de sofisticación, con suelos de terrazo, revestimientos de mármol y una abundante decoración pictórica. La riqueza ornamental del edificio refleja la importancia del santuario y los recursos invertidos en su mantenimiento. Al igual que el M3, el fanum fue objeto de un proceso de destrucción sistemática. La presencia de fragmentos de estatuas rotas deliberadamente y las evidencias de expolio indican un proceso consciente de desmantelamiento.
Un hallazgo que redefine la iconografía celta
El descubrimiento de la primera representación pictórica de Sucellus constituye un hito en el estudio de la religión galo-romana. La combinación de arquitectura, rituales, objetos y, ahora, imágenes pintadas permite reconstruir con mayor precisión la experiencia religiosa de las comunidades antiguas. El santuario de Mancey emerge como un laboratorio excepcional para el estudio de las prácticas cultuales en la Antigüedad tardía.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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