▷ La biología del afecto: El apego como columna vertebral de una sociedad sana y solidaria #19Mar
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La historia de la psicología y la medicina cambió profundamente cuando, a mediados del siglo XX, se identificó que el vínculo afectivo temprano no era un simple sentimentalismo, sino una necesidad biológica primaria. Bajo esta premisa se desarrolló el XXVII Ateneo de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud, un encuentro celebrado en la Real Academia Nacional de Medicina de España donde expertos analizaron cómo la teoría del apego, desarrollada inicialmente por John Bowlby, se ha convertido hoy en una herramienta indispensable para entender la salud mental y la responsabilidad social en todas las etapas de la vida.
Durante la apertura y clausura del evento, el profesor Diego Gracia destacó que el apego constituye una realidad biológica con implicaciones éticas ineludibles, ya que cuando este vínculo falla, no solo se resiente la estabilidad emocional del individuo, sino que se compromete su salud integral y el bienestar colectivo. Esta visión integral permite entender que la construcción de sociedades sanas depende directamente de nuestra capacidad para garantizar entornos de seguridad y afecto desde el nacimiento.
El impacto del desarrollo temprano y la protección del menor
La base científica de esta teoría se sustenta en la neurobiología, tal como expuso el Dr. Carlos Avendaño, quien señaló que los dos primeros años de vida son determinantes para construir los pilares de la salud mental. En este periodo, la ausencia de una figura de apego seguro genera una desconfianza básica que puede derivar en daños permanentes en el desarrollo cerebral y la conducta.
Complementando esta visión, la psiquiatra María Eugenia Herrero advirtió que las carencias afectivas tempranas pueden manifestarse antes del año de edad a través de trastornos del sueño o irritabilidad, evolucionando en la adolescencia hacia cuadros psiquiátricos más severos si no se interviene a tiempo.
Esta realidad tiene un reflejo directo en el sistema de protección de menores en España. La experta Salomé Adroher subrayó una brecha crítica en la aplicación de la ley: aunque se debe priorizar el acogimiento familiar, los datos de 2024 indican que solo el 45% de los niños bajo protección estatal se encuentran en familias.
La conclusión institucional es contundente: ningún centro residencial, por profesional que sea, puede sustituir la capacidad de una familia para ofrecer el apego seguro que un niño necesita para su organización psíquica.
La trascendencia del vínculo en la enfermedad y el final de la vida
Más allá de la infancia, la teoría del apego ha encontrado una aplicación innovadora y necesaria en los sistemas sanitarios, específicamente en el área de los cuidados paliativos. La psicóloga Helena García introdujo la perspectiva de que la persona enferma requiere establecer un vínculo de seguridad con el equipo médico para sentirse protegida y acompañada en momentos de vulnerabilidad extrema.
Los estudios científicos demuestran que un estilo de apego seguro actúa como un amortiguador del sufrimiento, facilitando mejores estrategias de afrontamiento ante la experiencia de la muerte.
Entender los diferentes estilos de apego desde el seguro hasta los inseguros como el evitativo o el desorganizado, permite a los profesionales de la salud adaptar su atención para mitigar la soledad existencial de los pacientes terminales.
En última instancia, el Ateneo concluyó que el apego es un vínculo capaz de transformar la realidad humana, instando a la sociedad a valorar el afecto y la solidaridad como herramientas de sanación y soporte ético desde el embarazo hasta el último suspiro.
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Fuente de TenemosNoticias.com: www.elimpulso.com
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