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▷ En Carabobo la oscuridad pesa: El desgaste emocional de vivir entre apagones #31Mar

📅 🕐 01 Abr 2026🔗 Fuente: elimpulso.com🕑 6 min de lectura
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Por César Heredia

Elia Torres vive en Barrio Unión, en Naguanagua, con un hermano parapléjico. Cuando son víctimas de cortes de electricidad, en especial de noche, es difícil dormir.

Elia cuenta su experiencia. «Uno por lo menos se para y se pone debajo de la mata de mango, camina por la calle o hace cualquier cosa. Él no, él tiene que estar postrado en su cama y eso lo asfixia porque no tiene la ventilación».

Torres, así como sus vecinos y comunidades aledañas, padecen un problema que no parece tener solución en el corto plazo. Los cada vez más frecuentes cortes diarios, e imprevistos, de electricidad. Es una situación que hace mella en la rutina de estas personas y que deja secuelas emocionales con el paso del tiempo.

«A veces la luz se va de 10:00 a. m. a 2:00 p. m.. Otras veces de 2:00 a 6:00 de la tarde o de 7:00 a 11:00 p. m.», explicó Gina Suárez, habitante de Barrio Unión.

Y es que, entre la lista de problemas que afronta este barrio, ubicado en las cercanías de la avenida Universidad de Naguanagua, el de la ausencia de luz pasó a ocupar los primeros lugares.

Los afectados no son solo los residentes. Los comerciantes también sufren, en especial quienes no cuentan con una planta eléctrica de respaldo.

Es el caso de Indira Valladares, vecina y quien tiene un abasto en el sector. A ella, y otros comerciantes, se le descongelan los productos que requieren de refrigeración como los helados y la carne. Por lo tanto, se les dificulta su venta y están más propensos a sufrir pérdidas.

No cierra su negocio porque hay productos que no dependen de la electricidad. A ella le afecta particularmente cuando se va la luz en la noche, porque debe prender todos los bombillos recargables para poder «medio trabajar». El queso lo vende por peso. Sin electricidad se le complica, por mencionar un ejemplo puntual.

Otro aspecto importante para los comerciantes es el tema del pago. El punto de venta de Valladares funciona con internet. Sin luz, debe pasar datos de su teléfono al punto y hay días en que este simplemente no funciona por lo débil de la señal. Por esta razón, a los vecinos también se les dificulta hacer pago móvil.

Valladares quisiera comprar una planta eléctrica para su negocio y para brindarle apoyo a sus vecinos, pero en estos momentos no tiene la posibilidad de adquirir una por su alto costo. Se suma la dificultad de buscar el diésel para su funcionamiento.

Cortes disruptivos

Para los vecinos de Barrio Unión, los cortes de luz representan un cambio drástico en su cotidianidad. Además, la impredecibilidad añade un elemento de zozobra. Se debe hacer todo lo que requiera electricidad antes de que esta se vaya. «Nos cambia la rutina porque si no tenemos gas y no tenemos luz no podemos cocinar; si queremos hacer un jugo, no tenemos licuadora. En verdad es un caos cuando se va la luz para todo lo del hogar», dijo Torres.

El racionamiento de electricidad afecta las labores domésticas. Daña los aparatos, así como los alimentos refrigerados. Debido a las fluctuaciones, a la nevera de la señora Torres se le quemó el motor. La reparación salió en 130 dólares, un monto que no formaba parte de su presupuesto y que tuvo que sacar de emergencia.

Otra consecuencia, más cuando está a punto de llegar el verano, es el calor. «Al que sufre de tensión, se le sube. Hay que tomarse la pastilla. El calor no se soporta», expresó Suárez.

Todo esto se traduce en angustia y desesperación para los habitantes, quienes lo afrontan de distintas maneras. Cuando se va la luz, la señora Torres trata de contar hasta 10 para no ponerse de mal humor. No siempre lo logra porque quiere hacer algo y no puede.

A Valladares, quien es comerciante, la situación con los cortes de electricidad le produce mucha indignación. Y, como sus vecinos, se ve muy afectada por el calor.

La falta de información agrava todo

El problema con la electricidad en el país no es nuevo. Todos recuerdan el apagón del 7 de marzo de 2019, que se prolongó por días y que dejó a oscuras a buena parte de Venezuela.

A mediados de la década pasada, la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) publicaba en medios de comunicación los cronogramas de «administración de carga» semanales. Aunque eso no solucionaba el problema, al menos permitía a los usuarios planificar un poco mejor su día. Hoy, el hermetismo es la norma.

En días recientes, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció un plan especial de ahorro energético, sin proporcionar mayores detalles sobre su ejecución. «Durante 45 días los rayos del sol van a caer directamente sobre Venezuela. Eso nos llama a la conciencia ciudadana para avanzar a un plan de ahorro de energía eléctrica: la adecuación de los aires acondicionados (…) la desconexión de los equipos eléctricos».

En días recientes circuló en redes sociales un supuesto plan de racionamiento de Corpoelec en 20 estados del país. La información fue desmentida.

Los residentes de Barrio Unión, del estado Carabobo y de buena parte del país, han visto con asombro el incremento de la frecuencia y duración de los cortes de electricidad en las últimas semanas. Más aún cuando, en enero de este año, la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el inicio de trabajos conjuntos con las autoridades interinas de Venezuela y la industria privada para fortalecer el sistema eléctrico nacional.

Muchos temen que la electricidad, y la situación del país, se agrave como en los periodos entre 2014 y 2019, lo que llevaría a algunos a considerar irse de Venezuela. No es el caso de las entrevistadas para este trabajo.

Valladares ya se fue del país en una oportunidad en los años de la crisis económica y considera que como migrante se pasa mucho trabajo, así que lo descarta. Ella emigró primero a Colombia y luego a Ecuador, se regresó en pandemia. A pesar de que se mostró agradecida con los países y personas que la recibieron, no abandonaría de nuevo el país.

A pesar de que Torres no se iría de Venezuela por el tema eléctrico, tiene familiares que sí se fueron recientemente. La semana pasada se fue una sobrina con sus dos hijas porque una de ellas es asmática y cada vez que se iba la luz no podía nebulizarla.

«Me quedaré aquí soportando la situación crítica del país», sentenció Suárez con tristeza.

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