Un rompedor estudio demuestra el papel clave que jugó la tracción animal en la revolución agrícola de la Edad del Bronce británica hace 3.500 años

El sol apenas se alzaba sobre los campos húmedos de la antigua Bretaña cuando un agricultor del segundo milenio antes de nuestra era se preparaba para enfrentarse a su jornada de trabajo. Junto a él, dos reses, sujetas por un rudimentario yugo de madera, aguardaban inmóviles. Estos animales estaban a punto de convertirse en agentes de una serie de tareas que transformaría para siempre la relación entre los humanos y el ganado.
Durante generaciones, las comunidades neolíticas habían cultivado la tierra con herramientas simples: practicaban un sistema de agricultura que dependía exclusivamente de la fuerza humana. Sin embargo, en algún momento del pasado, se descubrió que era posible aprovechar la potencia de los bovinos para transportar bienes, arrastrar cargas o abrir surcos. Se inauguraba así una auténtica revolución tecnológica y social.
Hoy, miles de años después, los arqueólogos han podido reconstruir parte de ese proceso a partir del análisis de pequeños restos óseos y de huellas casi imperceptibles. Un reciente estudio, publicado en Archaeological and Anthropological Sciences en 2026, ha logrado identificar con precisión cuándo y cómo empezó a utilizarse la tracción animal en las labores agrícolas en la Bretaña prehistórica, y cómo este cambio afectó a la economía, la organización social y la propia concepción del trabajo.
Las comunidades neolíticas habían cultivado la tierra con herramientas simples: practicaban un sistema de agricultura que dependía exclusivamente de la fuerza humana.

La tracción animal como revolución tecnológica en la prehistoria
La introducción de la tracción animal constituye una de las innovaciones más decisivas de la prehistoria reciente. Supuso una transformación radical de los sistemas agrícolas y económicos, al permitir multiplicar la capacidad de trabajo humano mediante la colaboración con los animales.
La tracción animal implicaba una relación mucho más compleja entre humanos y animales. Los bovinos dejaron de ser meros recursos que podían explotarse para obtener productos como la leche o la lana para convertirse en agentes activos en las tareas productivas. Este cambio exigía entrenamiento, control y una inversión sostenida de recursos.
Sin embargo, detectar esta práctica en el registro arqueológico resulta particularmente difícil, ya que la tracción animal no deja rastros directos evidentes. Por ello, los investigadores han recurrido a métodos indirectos, como el análisis osteológico de los huesos del ganado, en busca de deformaciones asociadas al esfuerzo físico continuado.
La introducción de la tracción animal supuso una transformación radical de los sistemas agrícolas y económicos, al permitir multiplicar la capacidad de trabajo humano mediante la colaboración con los animales.

Un método basado en la «lectura» de los huesos del ganado
El estudio se ha basado en el análisis de restos óseos procedentes de 22 yacimientos británicos, que abarcan desde el Neolítico hasta periodos históricos posteriores. Se ha buscado identificar patologías y cambios morfológicos en los huesos de las extremidades, sobre todo en los metapodios y las falanges, que pudiesen relacionarse con un cambio en los usos de explotación del ganado. Para ello, se ha empleado un índice patológico modificado que evalúa diversas alteraciones óseas, como la exostosis, las deformaciones articulares y los signos de desgaste. En particular, la proporción entre la anchura y la longitud de ciertas falanges se considera un indicador fiable de estrés mecánico prolongado, compatible con el trabajo de arrastre.
El Neolítico británico: una economía sin tracción animal consolidada
Los resultados del estudio cuestionan la idea de un uso temprano y extendido de la tracción animal en el Neolítico británico. Las evidencias osteológicas muestran niveles muy bajos de patologías asociadas al trabajo, lo que sugiere que el ganado no se utilizaba de forma sistemática en las labores de tiro. De hecho, los análisis actuales indican que los huesos de los bovinos neolíticos se asemejan a los de animales no sometidos a esfuerzos de tracción.
Este panorama se explica por el propio modelo agrícola de la época. La agricultura neolítica británica se caracterizaba por la explotación de pequeñas parcelas, cultivadas de manera intensiva con herramientas manuales, como las azadas y los palos excavadores. En este contexto, la inversión necesaria para mantener los animales de tiro no compensaba los beneficios potenciales.
Además, las vacas desempeñaban un papel fundamental en la producción de leche, lo que limitaba su uso en tareas que pudieran afectar a su rendimiento reproductivo y lácteo. Así, aunque no puede descartarse un uso ocasional de animales para arrastrar cargas, la tracción animal no constituía una práctica bien implementada en el Neolítico.
En el Neolítico británico, las evidencias osteológicas muestran niveles muy bajos de patologías asociadas al trabajo, lo que sugiere que el ganado no se utilizaba de forma sistemática en las labores de tiro.

La Edad del Bronce: el surgimiento de una nueva tecnología agrícola
El panorama cambia de manera significativa a partir de la Edad del Bronce. Los datos osteológicos indican un aumento claro de las patologías asociadas al esfuerzo a partir del Bronce Medio y Final (1600–700 a.C.). Este cambio sugiere que las poblaciones adoptaron progresivamente la tracción animal.
Este cambio se confirma mediante el análisis biométrico, que revela modificaciones en la forma de las falanges compatibles con el uso de animales de tiro. En yacimientos como Potterne o Clay Farm, estas evidencias resultan especialmente claras.
No obstante, la adopción de esta tecnología no fue homogénea. La tracción animal aparece como una práctica localizada, restringida a determinadas comunidades o regiones. Los estudiosos, por tanto, han concluido que su difusión dependió de factores económicos, sociales y ambientales específicos. Por otro lado, incluso en contextos donde la tracción está documentada, solo una parte del ganado muestra signos de haberse utilizado como fuerza de trabajo.
A partir de la Edad del Bronce, el análisis biométrico revela huellas de desgaste en las falanges compatibles con el uso de animales de tiro.

Agricultura intensiva y transformación del paisaje
La introducción de la tracción animal se relaciona con un proceso de intensificación agrícola. Así, durante la Edad del Bronce, se observa una expansión de terrenos cultivados y una mayor explotación de suelos pesados, en especial los arcillosos. El uso de animales de tiro permitió cultivar superficies más extensas y reducir el esfuerzo humano, lo que, a su vez, facilitó la producción de excedentes. Este cambio tuvo profundas implicaciones económicas, al posibilitar una mayor acumulación de recursos.
Implicaciones sociales: desigualdad, cooperación y poder
La adopción de la tracción animal también tuvo consecuencias sociales. El mantenimiento de los animales de tiro requería la disponibilidad de recursos económicos, conocimientos técnicos y organización del trabajo, lo que pudo generar desigualdades entre las comunidades.
Por un lado, el acceso a estos animales pudo favorecer la acumulación de riqueza y el surgimiento de élites. Por otro, existen indicios de la puesta en marcha de prácticas comunitarias, como el uso compartido de animales para reducir costes. En este sentido, la tracción animal se inserta en un contexto de creciente complejidad social.
Otro aspecto clave concierne a la relación entre la tracción animal y el desarrollo del transporte. La aparición de vehículos con ruedas durante la Edad del Bronce coincide con las evidencias de uso de animales de tiro. Esta combinación habría permitido trasladar mercancías a mayores distancias, lo que, a su vez, habría favorecido la expansión de las redes de intercambio. Productos como cereales, lácteos o materiales de construcción podían circular con mayor facilidad entre los distintos asentamientos.
El mantenimiento de los animales de tiro requería la disponibilidad de recursos económicos, conocimientos técnicos y organización del trabajo, lo que pudo generar desigualdades entre las comunidades.

Una innovación que transformó la prehistoria británica
El estudio demuestra que la aplicación de la tracción animal a la producción conómica fue el resultado de un proceso gradual que culminó en la Edad del Bronce. A partir de este periodo, el uso de animales de tiro se convirtió en un elemento clave de la economía y la sociedad británicas. En última instancia, la tracción animal representa mucho más que una mejora técnica. Supuso una redefinición de la relación entre humanos y animales, así como una herramienta fundamental para la construcción de sociedades más complejas y jerarquizadas.
Referencias
- Liu, P. y Albarella, U. 2026. «The origins of animal traction in Britain: implications for technological and social developments in the Bronze Age». Archaeological and Anthropological Sciences. DOI: https://doi.org/10.1007/S12520-026-02455-Z
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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