El Pentágono pide a las automovilísticas que fabriquen armas por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial

El Gobierno de Donald Trump se ha reunido con los máximos dirigentes de la industria automovilística norteamericana para que aumenten la producción de armas y desarrolle más productos específicos para la guerra. Según una exclusiva de The Wall Street Journal, oficiales del Pentágono han mantenido conversaciones con directivos de varias compañías, incluidos los CEO de General Motors y Ford, para que fabriquen armamento, munición y otros suministros para las Fuerzas Armadas de EEUU.
El objetivo del Pentágono es aumentar la producción de armamento y rellenar los arsenales norteamericanos. Las guerras de Ucrania e Irán han vaciado los polvorines en los últimos años, lo que ha forzado a los Estados de la OTAN a incrementar la fabricación y los presupuestos de defensa en una carrera armamentista no vista en décadas. El Departamento de Guerra ha dejado la puerta abierta a que el motor contacte con las firmas militares para satisfacer sus necesidades.
El Pentágono aseguró al medio estadounidenses que «está comprometido con la expansión acelerada de la base industrial de defensa aprovechando todas las soluciones y tecnologías comerciales disponibles». El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha asegurado en varias ocasiones que quiere que la producción militar alcance niveles de economía de guerra. Trump ha remitido al Congreso un presupuesto militar para el próximo año de 1,5 billones de dólares, lo que llevaría el gasto en defensa a cerca del 5% del PIB.
Los movimientos de la Casa Blanca con la industria del motor siguen la estela planteada en Europa para reacondicionar las plantas automovilísticas en crisis en fábricas de armas, con empresas como Santa Bárbara Sistemas proponiendo readaptar centros españoles. Los contactos de esta compañía ganan mayor proyección al ser subsidiaria de General Dynamics, una de las armamentísticas más importantes de Estados Unidos.
La petición del Departamento de Guerra rememora los peores episodios de la Segunda Guerra Mundial cuando las plantas de automóviles empezaron a producir armamento en masa. General Motors detuvo la producción de automóviles como los Cadillac o los Chevrolet entre 1942 y 1945 para ensamblar tanques incluido el M4 Sherman; los motores de las cazas P-51 Mustang o bombarderos B-29 Superfortress (como los que lanzaron las bombas atómicas sobre Japón); o las barcazas de desembarco usadas en Normandía en 1944.
Algunas de estas empresas han mantenido líneas de negocio. Por ejemplo, General Motors cuenta con una subsidiaria de defensa encargada de construir el nuevo vehículo de desplazamiento de pelotones pensado para reemplazar a los Humvee del Ejército de EEUU. Con el rearme acelerado propuesto por la Administración, estas compañías podrían volver a engrasar la maquinaria de guerra norteamericana.
Los conflictos en Ucrania e Irán han demostrado que la doctrina militar de armas muy avanzadas y caras para enfrentamientos de corta duración podría haber caducado. El estancamiento del frente eslavo, los bombardeos generalizados de drones y misiles, así como la expansión de técnicas baratas y caseras para derribar al enemigo ponen en duda los principios militares imperantes hasta ahora por un nuevo campo de batalla masivo y de bajo coste propia de las Guerras Mundiales.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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