La urgencia del mensaje moral unificador


Hoy más que nunca es imprescindible reconocer que para reconstruir nuestra sociedad tenemos una tarea indelegable y urgente los que luchamos por la liberación democrática de Venezuela: construir una fuerte coalición unitaria de sectores sociales y políticos en la cual todos puedan sentirse parte de una indetenible presión social hacia la transformación del país.
Esta tarea requiere lo que Emeterio Gómez denominó un mensaje moral. No es una invitación técnica, ni siquiera política a sectores o fragmentos de la sociedad. Es un mensaje moral basado en valores básicos compartidos.
Estamos presionados por grandes urgencias. El destrozo de Venezuela es casi total. La dinámica del socialismo del siglo XXI ha sido efectiva. Se esforzó en desunir a la sociedad, separándonos entre escuálidos y patriotas. Destruyó el mundo rural, la agricultura, alentando las expropiaciones, convirtiendo a los productores en explotadores y los campesinos en títeres de sus predicas destructivas, obligando a una gran mayoría a huir del campo condenados a formar parte de los batallones de pobreza marginal que rodea a todas nuestras ciudades. Inculpó a los industriales y comerciantes de falsos delitos, rebajándolos a la categoría de especuladores insensibles que debían ser castigados por el pueblo. Los industriales y comerciantes fueron vilipendiados, convertidos en miserables explotadores, ávidos solo de riqueza material. Argumentos que nutrieron perversamente la catastrófica diáspora que expulsó del país a nueve millones de venezolanos, batallones de la clase media y a una mayoría de la población que sobrevivía en una situación de pobreza sin esperanzas en pueblos abandonados, sin servicios y sin oportunidades de trabajo.
Una dinámica corrosiva que se llevó por delante a nuestros principales medios de comunicación, artistas, periodistas, maestros, jueces, médicos, agricultores, industriales, comerciantes y todo aquel que pudiera cumplir una actividad beneficiosa, requerida por todos, y con esa base ejercer un liderazgo moral constructivo.
El chavismo puede ufanarse de haber cumplido su tarea. El país tiene que comenzar a reconstruirse desde sus cimientos morales. Esto quiere decir, ni más ni menos, que la división fue corrosivamente casi insalvable. Unos derrotados aspirantes a la democracia y a la libertad y otros que solo se concentraron en enriquecerse, asumiendo un futuro bajo el mandato de una jerarquía política que les señalaba que hacer y cómo actuar para lograrlo sin ningún freno moral o impedimento ético.
Hoy el tema resurge en toda su complejidad, nos obliga a tener un verdadero mensaje moral sanador, debemos incorporarnos, mostrar las tareas constructivas que solo pueden ejecutarse desde el acuerdo y la aceptación de ciertas prioridades.
Pongo ejemplos. Quienes se unirían en una campaña para restituir a nuestras universidades la capacidad y los medios para seguir formando a nuestras nuevas generaciones. Cuánto nos importa la Universidad Central, la Universidad del Zulia, la maltratada casa universitaria de Oriente, nuestras queridas universidades de los Andes y Centroccidente. Quién valora la importancia del INCE tripartito (trabajadores, patronos y Estado). Todo hoy en la miseria, castigados fríamente por el régimen. Acaso no se albergaban en los miles de hogares humildes la esperanza de ver egresar de esas nobles instituciones a sus hijos, con toga y birrete. O que el INCE les otorgará la calificación profesional a sus hijos para trabajar, tener éxito y ayudar al resto la familia. Estas esperanzas hoy fueron casi liquidadas.
A cuantos no le gustaría que regresaran los miles de médicos, salidos de nuestras universidades autónomas, que hoy son reconocidos y aceptados en los mejores centros de salud del mundo.
Quién sería capaz de negar que tenemos una gran urgencia de formar los mejores maestros, recuperar aquellas magnificas escuelas, muchas denominadas como República de Bolivia, República de Ecuador. Recuperar la fe en la justicia, en jueces honestos, aquellos que le dan dignidad a la vida cotidiana de nuestros hogares y a cada uno de nosotros en particular.
Este manojo de aspiraciones, más que razones, son las cosas que deseamos ardientemente, que quisiéramos ver en marcha en el segundo siguiente. La pregunta sería: ¿qué tenemos que hacer, en cuáles objetivos unirnos? O ¿cuáles son las grandes tareas en las cuales participaría o apoyaría, sea cual sea mi filiación política?
Copio a Emeterio en su Propuesta ética para Venezuela: “Toda sociedad necesita utopías, esperanzas, ideales e ilusiones en los cuales creer y a partir de los cuales impulsarse hacia el futuro. Para alcanzar el bien, la felicidad, el progreso, el heroísmo, el consumismo o cualquier otra meta que se haya propuesto. Toda sociedad necesita esperanzas y en la Venezuela de hoy esta necesidad es tal vez más apremiante que en cualquier otra circunstancia. Hay que estimular las utopías y los ideales”.
Es imprescindible engendrar, parir propuestas con alma, tratar de unirnos desde el inicio a través de una confrontación electoral iluminadora que trascienda la simple maniobra cuantitativa, no-separatista, que propicie depositar la confianza en unos y borre la sensación de derrota en otros, aunque sean pocos.
El momento electoral esta vez puede ser mucho más que un careo primario, es una gran exigencia histórica, concentrada en buscar hasta el cansancio aquellas cosas que compartimos sin egoísmos, unirse en torno a ellas y con una sola voz hacer real el mensaje moral que tanto anhelamos. Estamos en el tiempo preciso. Basta reforzarnos espiritualmente y no encasillarnos en la búsqueda de un reconocimiento que puede separar en lugar de unir. Hoy es urgente, dado el surgimiento de nuevos gobiernos en Latinoamérica con tendencias libertarias, contrarias a las autocracias del pasado, rotas con el neo comunismo envilecedor.
Confieso que solo aspiro ir al mercadito de mi barrio los domingos, saludar a mis vecinos, al maestro que vive cerca, a la esposa del militar, comprar en el kiosco cercano El Nacional y regresar a mi casa, tirarme en el piso, extender el periódico, leer y regocijarme con la lectura del Papel Literario y las agudezas de sus columnistas. Sencillo. Solo que eso requiere perder el temor a los otros, al gobierno, a los militares, al vecino contrario en ideas, porque es simplemente vivir en paz.
Los líderes que aspiran confrontarse, que se acerquen a la noción de que absolutamente nada en el mundo, a excepción del espíritu humano, es ni bueno ni malo (Emeterio dixit). Y solo él puede poner en “la realidad” lo bello y lo feo. El reto es convertir valores individuales en valores sociales compartidos que nos integren en una legión de seres humanos que creen en su libertad, respetan, confían en los otros y asumen un liderazgo generador de encuentros y no de separaciones, porque pregonan valores compartidos.
La gran ventaja de hoy es reconocer que tenemos líderes que pueden sentarse en una mesa y compartir con el país la necesidad de salvar nuestra infancia desnutrida, rescatar las escuelas, los maestros, los médicos, los jueces, las universidades, los medios de comunicación, nuestro patrimonio cultural, la justicia y la fraternidad entre individuos distintos. Todo es posible, podemos empezar con elecciones transparentes que propicien nuestras posibilidades.
Podemos hacer visible, concretar la democracia, el mercado y la libertad individual, porque todas estas nociones son la herencia de occidente su fuerza y vigencia. Estamos obligados a parir las ideas matrices para reconstruir, que la gente que creció en el campo pueda aspirar a una revalorización del desarrollo rural, que vitalice esos 17 estados donde solo permanecen gente ligada la siembra, a la cría de animales, a la producción de alimentos que derroten el hambre en el país. Aspiramos ver pronto una vuelta al campo y el florecimiento de miles de pequeños productores que llevan sus productos al mercado mientras sus hijos van a escuela a aprender, a ser ciudadanos.
Hoy sabemos qué es una democracia, cuánto vale la libertad para pensar y actuar, una lección dolorosa que hemos aprendido en los últimos 25 años de opresión y mentiras, apreciamos cuánto vale vivir en tu país y construir familia sin amenazas y en libertad. Estas oportunidades están abiertas, esperamos grandes regresos de venezolanos, sí, aprendimos y podemos reconocer el saqueo y la injusticia, pero también hoy internalizamos lo que vale la justicia, la probidad de los dirigentes, poder construir el Estado de derecho y libertad que hoy valoramos como lo esencial que es en nuestras vidas.
“La libertad solo es posible luchando constantemente por ella”, Albert Einstein.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
En la sección: EL NACIONAL
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