Las diademas y láminas de oro de Hala Sultan Tekke reescriben la Edad del Bronce: así nació la joyería internacional hace 3.300 años

Durante la Edad del Bronce Final, el Mediterráneo oriental funcionó como una inmensa red de contactos por la que circulaban metales, cerámicas, tejidos de lujo, ideas religiosas y símbolos de prestigio. En ese mundo intensamente conectado, Chipre ocupó una posición privilegiada. Tanto su riqueza cuprífera como su situación geográfica la convirtieron en un auténtico puente entre el Egeo, Egipto, Anatolia y el Levante. Y esa vibrante conexión dio origen a un estilo decorativo rico y con carácter.
Uno de los mejores ejemplos de esa realidad cosmopolita se encuentra en Hala Sultan Tekke, una gran ciudad portuaria situada en la costa suroriental chipriota, cerca de la actual Lárnaca. Un conjunto de recientes excavaciones ha recuperado un extraordinario repertorio de diademas y bocados funerarios de oro que permiten observar cómo los artesanos locales absorbieron una multitud de influencias extranjeras sin perder su propia identidad. El estudio, publicado en Oxford Journal of Archaeology por Peter M. Fischer, analiza estas piezas halladas en varias tumbas de los siglos XV y XIII a. C. y su conclusión resulta especialmente sugerente.
Las recientes excavaciones en Hala Sultan Tekke (Chipre) han recuperado un rico repertorio de objetos de oro que muestran cómo los artesanos locales absorbieron influencias extranjeras sin perder su identidad.

Hala Sultan Tekke: un puerto cosmopolita en el corazón del Mediterráneo
Hala Sultan Tekke prosperó entre 1630 y 1150 a. C., aproximadamente, desde el final de la Edad del Bronce Medio hasta buena parte del Bronce Final. Esta prosperidad se explica, en gran medida, por su ubicación. Se emplazaba junto a una antigua bahía protegida que hoy corresponde al lago salado de Lárnaca. En el pasado, se conectaba directamente con el mar Mediterráneo. Ese puerto natural convirtió a la ciudad en uno de los enclaves más accesibles y estratégicos de Chipre.
Las excavaciones han sacado a la luz una urbe especializada en la producción de cobre a gran escala, así como en textiles teñidos de púrpura y cerámica de alta calidad. A cambio, llegaban productos de lujo procedentes de regiones muy diversas: oro, plata, marfil, piedras preciosas, vidrio, fayenza y recipientes finos. También aparecen importaciones de Creta, Grecia continental, Egipto, Anatolia, el Levante, Mesopotamia, Cerdeña, Afganistán, India e incluso el Báltico. Este panorama demuestra que Hala Sultan Tekke fue uno de los grandes nodos internacionales del Mediterráneo oriental, un espacio donde la mezcla cultural formaba parte de la vida cotidiana.
Hala Sultan Tekke prosperó entre 1630 y 1150 a. C. Fue una urbe especializada en la producción de cobre a gran escala, así como en textiles teñidos de púrpura y cerámica de alta calidad.

Diademas y bocados funerarios: joyas para los vivos y los muertos
Entre los hallazgos más llamativos del yacimiento, destacan las diademas y los llamados mouth-pieces, pequeñas láminas de oro que se colocaban en la boca de los difuntos. Estas piezas aparecieron en siete tumbas de cámara y una tumba de pozo del cementerio extramuros. Las diademas eran piezas más largas, destinadas a colocarse sobre la frente, y podían utilizarse tanto en vida como en contextos funerarios. Las laminillas, en cambio, eran más cortas y tenían una función exclusivamente ritual: se depositaban sobre la boca del fallecido durante el enterramiento.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que Fischer ha constatado que las diademas no estaban reservadas únicamente a adultos de alto rango. También se utilizaron en niños, adolescentes y hombres y mujeres de distintas edades. Esto sugiere que el valor simbólico del oro funerario formaba parte de la construcción social de la identidad y del prestigio familiar.
Entre los hallazgos más llamativos del yacimiento, destacan las diademas y los llamados mouth-pieces, pequeñas láminas de oro que se colocaban en la boca de los difuntos.

El toro egipcio y las rosetas micénicas
La diadema más espectacular del conjunto se ha denominado la Diadema del toro. Con sus 34,2 centímetros, es la más larga que se ha hallado hasta ahora en el yacimiento. Estaba asociada a una mujer de entre 35 y 40 años enterrada en la tumba XX. La pieza está decorada con siete cabezas de toro representadas frontalmente. Portan un disco solar entre los cuernos y una peluca estriada que remite claramente a la iconografía egipcia. El toro, además, aparece acompañado de motivos florales compuestos y de numerosas rosetas de ocho pétalos, muy frecuentes en los contextos micénicos.
En esta joya se aprecia con claridad la lógica de la fusión cultural. El motivo bovino y la peluca evocan el repertorio egipcio, mientras que las rosetas y ciertos elementos vegetales remiten al mundo egeo. Sin embargo, la composición general no copia con exactitud ninguno de estos modelos extranjeros.
Por todo ello, Fischer sostiene que la pieza habría sido fabricada probablemente en Chipre por artesanos locales. Estos artesanos reinterpretaron referentes internacionales para crear un objeto nuevo.
En la Diadema del toro, se aprecia la lógica de la fusión cultural: el motivo bovino y la peluca evocan el repertorio egipcio, mientras que las rosetas y ciertos elementos vegetales remiten al mundo egeo.

Íbices, felinos y espirales: un lenguaje visual internacional
Otra pieza excepcional es la diadema con íbices y felinos, la más pesada del conjunto, con más de 23 gramos de oro. Su iconografía combina íbices en movimiento con grandes cuernos curvados, rosetas, motivos vegetales y cabezas de felinos en los extremos. Los íbices remiten a repertorios muy difundidos en el Próximo Oriente y el Egeo, mientras que los felinos tienen paralelos tanto anatolios como levantinos.
En el conjunto, también destacan varias diademas decoradas con dobles espirales, un motivo muy conocido en la cerámica micénica. Una de ellas apareció colocada sobre la frente de un niño de entre 4 y 5 años. El infante se enterró hacia 1350 a. C.compañado de pendientes de oro, cuentas y un colgante de plata con una divinidad anatólica. Según el autor del estudio, este hallazgo resulta especialmente revelador porque muestra que los símbolos de prestigio y de pertenencia social se transmitían desde la infancia.
Hace más de 3.000 años, los artesanos chipriotas ya combinaban referentes egipcios, micénicos y orientales para construir objetos prestigiosos con sabor local.

La orfebrería como prueba de un Mediterráneo conectado
El estudio de Fischer propone que las diademas y láminas de oro de Hala Sultan Tekke responden a una producción local sofisticada que absorbía las influencias externas y las transformaba. Chipre no fue un receptor pasivo de las tendencias mediterráneas, sino un agente creativo dentro de esa red internacional. Este matiz cambia profundamente nuestra comprensión del Mediterráneo del Bronce Final al centrar la atención en los procesos de apropiación cultural, reinterpretación simbólica y creación artística. En definitiva, hace más de 3.000 años, los artesanos chipriotas ya combinaban referentes egipcios, micénicos y orientales para construir objetos prestigiosos con sabor local.
Referencias
- Fischer, Peter M. 2026. “Cultural Fusion in Late Bronze Age Goldwork: Diadems and Mouth-Pieces from Hala Sultan Tekke, Cyprus”. Oxford Journal of Archaeology, 45(2): 151–179. DOI: https://doi.org/10.1111/ojoa.70012
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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