La Fed mantiene los tipos y Powell apunta a un inminente ‘giro hawkish’ hacia una subida si la inflación por Irán se enquista

La Fed ha cumplido las expectativas y ha mantenido los tipos estables en el entorno del 3,50%-3,75%, aunque ha advertido de que la guerra de Irán ha volado por los aires todas las previsiones. En su ‘último baile’, la institución que dirige Jerome Powell ha reconocido que es muy difícil pronosticar movimientos mientras continúe la crisis en Oriente Medio y la subida del petróleo siga impulsando la inflación. De hecho, tres miembros han indicado que rechazan el tono ‘dovish’ del comunicado de cara a las futuras reuniones, en la primera señal de que podrían llegar a plantearse el ‘melón’ de subir tipos si la inflación se enquista.
En el comunicado, Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan han rechazado el «tono dovish» del banco central, en una disidencia muy específica: están preocupados porque la inflación se descontrole si la guerra no termina pronto. Aunque está muy lejos de suponer un apoyo a una subida de tipos, sí que es la primera señal tangible de que hay un grupo de gobernadores que quiere dejar abierta esa puerta. Poco después, Powell ha reforzado la idea, apuntando a que podría haber un giro ‘hawkish’ «en la próxima reunión», si las condiciones no cambian.
La que probablemente haya sido la última reunión del Comité Federal de Mercados Abiertos con Jerome Powell de presidente –aunque seguirá como gobernador raso- se ha celebrado bajo la sombra de la guerra. Desde el inicio del conflicto con Irán, la rentabilidad de la deuda a 10 años ha crecido 45 puntos básicos. En los minutos posteriores al comunicado, la probabilidad de subida de tipos para 2027 se ha disparado y la herramienta Fedwatch ya recoge un 40% de opciones de un alza de los tipos para abril del próximo año.
Powell no se va
Además, sobre la sala sobrevuela la duda de si Powell seguirá en el cargo de gobernador raso más allá de mayo. Tradicionalmente los presidentes de la Fed dimiten de todos sus cargos para no dar la impresión de que están ‘supervisando’ a su sucesor. En este sentido, Powell ha mostrado su satisfacción por la decisión del Departamento de Justicia de archivar la investigación contra él, pero ha afirmado que quedan «algunos flecos» por resolver antes de que tome la decisión de marcharse o no. En concreto, Trump se ha negado a cerrar por completo todas las opciones de persecución contra el economista, y quedan algunas posibles opciones sobre la mesa. Powell querría ver esas últimas amenazas desaparecer antes de marcharse, según ha indicado.
El movimiento creará una situación que no se veía en 75 años de ‘dos presidentes’ en una misma reunión. Powell asegura que «no pretendo interferir» con Warsh, ni ser un «presidente en la sombra», sino que intentará «colaborar con lo que pueda con el nuevo presidente». Aun así, preocupado por la amenaza a la independencia de la Fed, considera que debe continuar hasta que esta desaparezca por completo.
Según ha asegurado en la rueda de prensa, su permanencia en el Consejo de Gobernadores está vinculada a los «ataques ilegales» de la Administración Trump. Para Powell, este hostigamiento de la Casa Blanca «pone en riesgo la habilidad de la Fed para tomar decisiones sin entrar a valorar los factores políticos». En consecuencia, ha dicho que dimitirá de su cargo como gobernador raso «cuando lo considere apropiado».
«Estas acciones legales de la administración no tienen precedentes y todavía hay amenazas. Me preocupan que estos ataques estén golpeando la institución y su capacidad de tomar decisiones sin tener en cuenta los elementos políticos. Es importante que la gente dependa de una institución libre de influencia política; es parte de la fundación de Estados Unidos y es parte del motivo por el que la economía americana es la envidia del mundo entero», asegura Powell. Mientras decía esto, Trump comentaba a los medios que «es un buen día para bajar tipos», subrayando las palabras de Powell.
Powell ha terminado advirtiendo de que «la independencia de la Fed está en riesgo». «Todos los gobiernos han intentado utilizarnos para conseguir sus objetivos, y nos hemos resistido», pero las presiones de Trump son cada vez mayores. «Hemos ido a los tribunales para defendernos», ha dicho, en relación al intento del magnate de despedir a la gobernadora Lisa Cook, «y es imprescindible que la independencia vaya más allá de la ley». Es decir, la Fed no solo debe ser independiente, sino también parecerlo, parafraseando a la frase sobre la mujer del César.
Con todo esto sobre la mesa, la pregunta es qué ocurrirá cuando Kevin Warsh tome posesión del cargo como presidente de la Fed, previsiblemente en dos semanas. El economista ha dejado claro que su apuesta es por usar los tipos de interés de forma más directa, ya que «son una herramienta más justa». Por contra, la hoja de balance, «una herramienta con la que nos encontramos en 2009», tiene el problema de que «solo favorece a las personas con activos financieros».
La esperanza de Warsh era bajar tipos rápidamente y compensar el efecto expansivo con fuertes recortes a la hoja de balance, para que el efecto neto sobre la economía fuera lo más neutro. Pero el golpe inflacionario de la guerra supone un fuerte obstáculo a esos planes, al menos en el corto plazo. Y la posibilidad de que Powell galvanice un grupo de gobernadores ‘hawkish’ aleja aún más esa opción.
La inflación se enquista
La clave detrás de la decisión de hoy está en los efectos de la subida de precios del petróleo sobre la inflación. En la anterior reunión, el ‘dot plot’ preveía un recorte de tipos para este año, aunque Powell dejó claro que todo dependería de la evolución de los precios y sus efectos sobre la demanda agregada y el mercado laboral. La peor pesadilla de la Fed es una situación de estanflación, en la que la inflación se recaliente pero el mercado laboral y el PIB se estanquen. Según JPMorgan, el comunicado de hoy deja claro que «la Fed está cada vez más preocupada» por la subida de precios.
El último dato de IPC, publicado el pasado día 10, muestra un rebote de la inflación, del 2,4% al 3,3%, con el aumento de precio del petróleo como principal responsable. Un enquistamiento de la guerra y un barril más caro durante el resto del año supondrían un duro golpe a las esperanzas de lograr devolver la inflación al nivel del 2% tras cuatro años por encima. Aun así, la principal clave es si esta inflación será transitoria, una palabra ya casi maldita para el banco central, o si desatará una espiral en la economía.
Según apunta Mabrouk Chetouane, estratega jefe de Mercados de Natixis IM Solutions, «la información de que disponen actualmente los miembros del FOMC no permite identificar ningún posible efecto de transmisión del aumento de los precios de la energía a los precios subyacentes. Además, los datos sugieren que, de media, se tarda un trimestre en que las presiones nominales se transmitan al componente subyacente», por lo que sería más importante «mantener una gama de opciones disponibles para hacer frente a cualquier tipo de escenario».
«Los indicadores de inflación general ya reflejan la crisis de los precios del petróleo que se ha prolongado desde marzo hasta la actualidad», explica Joseph Purtell, gestor de Neuberger. «Sin embargo», continúa el analista, «las expectativas generales de inflación en Estados Unidos se han mantenido estables en comparación con la magnitud de la crisis. En un escenario adverso en el que el conflicto con Irán y el cierre del estrecho se prolonguen más allá de este trimestre y se extiendan hasta el tercer trimestre, es probable que la Fed mantenga los tipos sin cambios a la espera de una resolución. Esto retrasaría aún más las bajadas, quizá hasta 2027«, explica Purtell.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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