Las 21 vidas que un explosivo arrebató en la vía Panamericana, en Cajibío: docena de víctimas vivían en un pueblo del Cauca azotado por otras masacres
📅 🕐 02 May 2026🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 14 min de lectura
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Cuando ni siquiera el sol planeaba asomarse sobre Cajibío, María Clemencia Valencia ya tenía preparado el café y había puesto a cocer el arroz para el almuerzo.
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Como buena campesina solía estar de pie de madrugada. Eran las horas previas del sábado de mercado, el insospechado preámbulo de la nueva masacre de 21 civiles que derramaría más sangre en estas tierras del Cauca, como otras que han enlutado el corregimiento de La Pedregosa y más pueblos de Cajibío, 20 y casi 50 años atrás por paramilitares y la extinta guerrilla de las Farc.
Alirio Medina y María Clemencia Valencia. Foto:Archivo particular, redes sociales
María Clemencia, de 65 años, ya había sufrido el miedo a morir con su familia en La Pedregosa, a donde en aquel año 2000 habían llegado las autodefensas de alias HH, que torturaron y asesinaron a nueve campesinos ante la mirada atónita de la gente que los conocía, tras un recorrido macabro en el pueblo y en el también corregimiento de La Rejoya con sus veredas cercanas.
La escalada violenta en el suroccidente del país. Foto:
La adulta mayor era una desplazada del conflicto que hace 26 años había huido hacia el departamento de Caldas. Pero sus sueños la hicieron regresar después a su natal La Pedregosa, que desde esa masacre de los ‘paras’ se volvió un territorio cuyos pobladores han defendido la paz a toda costa, ayudándose entre ellos mismos con iniciativas comunitarias.
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La campesina se había apurado en la madrugada del 25 de abril de este 2026 para alcanzar con su inseparable esposo de 78 años, el caldense Alirio Medina, la chiva, ese viejo bus escalera que conducía su vecino José Ciro Puliche para llevar a la pareja y a otros labriegos a Piendamó donde comprarían el mercado más barato.
José Ciro Puliche. Foto:Archivo particular, redes sociales
Así lo hicieron hasta que al mediodía del sábado retornaron al bus de don José Ciro, de 61 años, con otra docena de personas para estar en La Pedregosa a tiempo para almorzar. El vehículo había tomado la vía Panamericana, el corredor arterial que atraviesa todo el Valle, el Cauca y Nariño, comunicando la región con el interior del país.
Esa misma Panamericana es el camino de viajeros hacia Ecuador y de ciudadanos que por otros motivos recorren este paso nacional en buses intermunicipales y en chivas como hacen moradores de la ruralidad, además de carros particulares y motos.
María Etelvina Valencia y su hija Liliana Valenzuela Valencia. Foto:Archivo particular
En el bus de José Ciro también iban la hermana de María Clemencia, María Etelvina Valencia, y la hija de ella, Liliana Valenzuela Valencia. Toda esta familia como otras dos hijas de María Clemencia se han dedicado a vivir del campo, de la siembra de café y caña de azúcar en Cajibío. María Clemencia esperaba pronto recoger una cosecha del grano.
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Tenían animales de granja. María Etelvina, de más de 70 años, cuidaba sus pollitos y gallinas, además de que preparaba tortas para venderlas en la panadería que funcionaba en la casa que ella con sus propias manos construyó, luego de la separación del padre de sus tres hijos, entre ellos, Liliana. Esta última, de más de 40 años, soñaba con poder ser sometida a una cirugía con esfuerzo para corregir un problema en sus orejas que ocultaba con su cabello largo y oscuro, y superar así su discapacidad, por la que la rechazaban al momento de buscar empleo.
Hace un año, Liliana había vivido en Cali, trabajando como empleada doméstica, pero por su discapacidad física era discriminada y tuvo dificultades. Por eso, volvió a La Pedregosa a vivir con su mamá. Ambas mujeres vivían en la misma casa, la una ayudando a la otra con la panadería, y los cultivos de café y caña.
En la chiva había más pobladores de las veredas La Palma y Carpintero, de Cajibío.
María Libia Flor Sánchez. Foto:Cortesía
De esta última vereda provenía María Libia Flor Sánchez, de 56 años y también agricultora de café y caña. Rogaba a la Virgen de la que era devota para volver rápido a La Pedregosa. Su especialidad en la cocina era el sancocho de gallina, en torno al cual se sentaba a la mesa con su esposo y sus cuatro hijos.
Luz Dary Valencia Solarte también iba en la chiva. Tenía 47 años y era mamá de dos mujeres y tres varones, a quienes tuvo desde temprana edad. La pareja de Luz Dary y ella vivían con su hijo menor, de 12 años. Luz Dary había ido a Piendamó a comprar un abono para la finca en La Pedregosa.
Luz Dary vivía en la vereda Carpintero del corregimiento La Pedregosa. La mayoría de los hijos organizaron sus vidas en municipios del Cauca, como Santander de Quilichao, y en Cali, capital del Valle del Cauca.
Virgelina Valencia, de 60 años. Foto:Archivo particular, redes sociales
Virgelina Valencia, de 60 años, era de la vereda La Granja de La Pedregosa, como Florinda Camayo Méndez, de 62 años; también estaban en la chiva por el sábado de mercado en Piendamó. Virgelina era esposa, madre con hijas y abuela.
Las primas Nidia, Patricia y Nereida Mosquera. Patricia Mosquera era lideresa y trabajaba en la CRC. Foto:Archivo particular, redes sociales
En esa carretera se desplazaban las primas Mosquera: la lideresa Patricia, de 58 años y funcionaria de la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC), así como las hermanas Nereida y Nidia Mosquera Angulo. Estas mujeres afrodescendientes eran oriundas de El Patía, exactamente del corregimiento de El Puro, donde Patricia se había destacado como defensora del territorio y del medioambiente. Su labor ha sido reconocida por la CRC y la Agencia de Renovación del Territorio (ART).
Las primas Mosquera venían de asistir al sepelio de un familiar en el municipio de Palmira, en el Valle. Luego, tomado rumbo a sus hogares en El Patía, por la Panamericana.
Jarold Jair Bojorge Escobar, de 40 años. Foto:Archivo particular, redes sociales
Jarold Jair Bojorge Escobar, al igual que Patricia Mosquera era funcionario de la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC). Se movilizaba en la vía Panamericana, en su vehículo particular a esa hora del mediodía del sábado 25 de abril.
Daniela Valencia Holguín, de 26 años. Foto:Archivo particular, redes sociales
Por su parte, Daniela Valencia Holguín, de 26 años y nacida en Concordia, Antioquia, vivía con su esposo en La Pedregosa porque él es nativo de allí. Daniela La joven se había dirigido ido a Piendamó por una cita de ortodoncia. Era madre de una niña de 8 años, el mismo tiempo que llevaba viviendo en La Pedregosa. Era la segunda de una familia antioqueña de siete hijos.
Bertha Betancur Cardona, de 58 años. Foto:Archivo particular, redes sociales
A esa hora del mediodía, entre las 12:30 del día y la 1:00 de la tarde, la antioqueña Bertha Betancur Cardona, de 58 años y originaria del municipio Andes en ese departamento, viajaba en un carro particular con un hermano y otros familiares. Querían llegar al vecino Ecuador para disfrutar vacaciones.
Carmen Lasso de Dorado. Foto:Archivo particular, redes sociales
Carmen Lasso de Dorado, de 67 años, era otra de las viajeras en la carretera Panamericana. Era familiar de la coordinadora de un centro hospitalario en el municipio caucano de Balboa.
Atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
El retén con volquetas, los soldados a pie, la explosión, el caos y la masacre
Sin embargo, todos estos colombianos tuvieron que frenar sus vehículos en el sector de El Túnel. Veían a lo lejos a un grupo armado de disidentes de las Farc de ‘Iván Mordisco’ haciendo uno de los tantos retenes ilegales que mantienen azotados la Panamericana. Estaban repartiendo un panfleto con el título de ‘Es la hora del antiimperialismo!’, mientras un par de volquetas bloqueaban el tránsito en la carretera.
Atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
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El trancón en ambos carriles, entre Popayán y Cali, motivó a que algunos de los viajeros también se bajaran de los carros, buses y motos para mirar cuál era la causa del embotellamiento. Muchos se percataron de que era el retén de los subversivos hasta que el tramo de la carretera estalló y quedó en pedazos, dejando un cráter de 20 metros de diámetro por un explosivo de gran poder oculto en una alcantarilla. Desde la fila de vehículos de más atrás se vio el estallido.
— ¡Corran, corran! Hermano, acaba de estallar una bomba. ¿Encima de la buseta, cierto?—. Un hombre le hablaba a otro y trataba de sacar alientos para calmarse ante el escenario dantesco.
— ¡Explotó. Es un ataque! — dijo una mujer desesperada que gritaba, mientras cerca de ella más sobrevivientes trataban de alejarse con maletas en mano al descender de los buses.
— ¡Hay otro explosivo en las alcantarillas!
Madres con niños en brazos, adultos, entre hombres y mujeres, querían protegerse y en sus rostros se les dibujaba el horror vivido. La onda explosiva fue tan fuerte que la chiva con las familias de La Pedregosa y con don José Ciro al frente del volante volaron por el aire. Había otras dos chivas más atrás que habían salido de la zona rural de Piendamó.
Carros particulares también se elevaron y quedaron totalmente volcados y destruidos sobre la Panamericana.
«Yo venía de Cali, me había bajado porque había un retén más adelante. Iba caminando y la explosión me lanzó unos 20 metros. El carro tiene pérdida total», comenta un ciudadano angustiado que no dio su nombre, en medio de las escenas desgarradoras.
“Yo había salido de Piendamó y me dirigía a Popayán. Había una fila larga de carros y una chiva intentó meterse en un espacio. Yo aceleré para que no se me pasara. En ese momento, la explosión estaba a uno o dos metros de mi camioneta”, dice Mario Guerrero, un sobreviviente. Agrega que sintió cómo el vehículo se levantó del suelo. “La camioneta salió volando. Yo caí golpeado contra la parte de arriba de la cabina. Pensé que era el final. Le pedí a Dios otra oportunidad”, cuenta mostrando milagrosamente un rasguño en la mano.
Andrea Golondrino Yonda, de 53 años. Foto:Archivo particular, redes sociales
21 vidas arrebatadas por el explosivo
Elvis Valenzuela Valencia, hijo de María Etelvina y hermano de Liliana, y Lina María Valencia, una de las hijas de María Clemencia y Alirio Medina, se enteraron de la explosión horas después.
Lo peor que temían se cumplió. María Clemencia y Alirio habían muerto, además de Daniela Valencia Holguín, Bertha Betancur Cardona, José Ciro Puliche, las tres primas Mosquera (la lideresa y funcionaria Patricia de la CRC, y las hermanas Nidia y Nereida, ambas de 62 y 68 años), María Etelvina Valencia con su hija Liliana Valenzuela Valencia, María Libia Flor Sánchez, Luz Dary Valencia Solarte, Carmen Lasso de Dorado, Francisco Javier Olave Balcázar, Andrea Golondrino Yonda, Teodomira Salazar Navia, Gloria Patricia Riascos Chantre, Florinda Camayo Méndez, José Edinson Sánchez Farfán, Jarold Jair Bojorge Escobar y Virgelina Valencia.
Gloria Patricia Riascos Chantre, de 53 años. Foto:Archivo particular, redes sociales
El dolor de las familias
«A esa hora, mis padres estaban montados en la chiva, venían de Piendamó. Cuando llegué al sitio en El Túnel me pasaron el mercado que ellos habían hecho, pero yo que iba a recibir esas cosas vueltas nada. Venían ya ilusionados para su casa», cuenta la hija de María Clemencia.
«Nosotros somos campesinos y desafortunadamente nos encontramos con esta catástrofe, no sé cómo decirle. La Pedregosa es un territorio de paz y esto no debe suceder», comenta Lina María. «Mis papás eran pareja muy unida, fueron tan unidos que hasta en la muerte quedaron juntos».
«Mi mamá vivió toda su vida en La Pedregosa. Tenía su casa y una parcelita con café y caña. Le gustaba hacer sus tortas». El relato de Elvis quedó interrumpido porque rompió en llanto.
«La gente quería mucho a Luz Dary Valencia. Era nacida en La Pedregosa y había formado un hogar. Tenía cuatro hijos y una pareja», cuenta John Freddy Valencia, primo de la víctima. «La queríamos mucho y la vamos a recordar por mucho tiempo», agrega el familiar. Sembraba café, caña, maíz y fríjol en su parcela.
Adriana Sánchez también tiene el corazón destrozado porque los violentos le arrebataron a la mamá. Era María Libia Flor Sánchez. «A ella le gustaba mucho trabajar en la finca. Ella era muy religiosa, asistía mucho a la iglesia y era colaboradora con la Junta de Acción Comunal de la vereda Carpintero», dice la campesina. María Libia había viajado con uno de sus hijos a Piendamó por el sábado de mercado. El joven se salvó porque él se bajó del vehículo, a raíz del retén de los disidentes.
«Desde que tengo uso de razón siempre lo vi prestando ese tipo de servicio para todos». Quien habla ahora es Élmer Puliche, familiar de don José Ciro.
«Es un vacío enorme el que deja en los corazones no solamente de toda la comunidad, sino en el de la familia. Su chiva lo era todo, la cuidaba como si fuera su hija o su esposa, la mantenía muy bien, la mantenía muy bonita, siempre la quiso demasiado», sigue relatando. «Yo siempre lo vi haciendo viajes hasta Cali y a Piendamó era casi cada ocho días, siempre era por cada lugar. También transportaba a personas que tenían paseos», señala el familiar.
«El 25 de abril, un explosivo le arrebató 21 vidas al Cauca, 16 mujeres y cinco hombres que amanecieron con sueños y proyectos, sin saber que la violencia les quitaría todo», expresa el gobernador del Cauca, Octavio Guzmán. «Desde aquí exigimos al Gobierno Nacional y a la comunidad internacional su mirada: esto es una violación flagrante del Derecho Internacional Humanitario (DIH). El Cauca exige justicia ahora», es su reclamo.
Entre tanto, la comunidad de La Pedregosa busca reconstruirse desde la paz. Ya sus habitantes lo habían hecho antes, cuando antepasados tomaron conciencia de que la violencia engendra más violencia.
Fue en 1977, cuando las Farc incursionaron en la zona rural de Cajibío. Allí más de una docena de personas fueron asesinadas.
En el año 2000, las Farc volvieron a arremeter contra el área rural de Cajibío y un grupo de campesinos había formado una especie de autodefensa con el apoyo del Bloque Calima de alias HH. Fue así que se cometió otra masacre por parte de ‘paramilitares’ en los corregimientos de La Pedregosa y La Rejoya. Nueve personas fueron asesinadas por esa masacre.
Ahora, 21 campesinos de la misma zona rural, donde en dos décadas han construido este camino de paz, tratan de volver a levantarse, luego de los homenajes a todas las víctimas por el explosivo detonado por los disidentes de las Farc, de ‘Iván Mordisco’.
En los sepelios se hicieron homenajes con globos blancos y flores, repitiendo que sus cuerpos regresaban a la tierra.
No fueron enterrados, fueron sembrados para que las futuras generaciones comprendan la necesidad de cosechar esperanza y vida, la necesidad de soltar las armas de una vez por todas y que la sociedad pueda vivir sin el temor de que recorriendo alguna carretera, como la vía Panamericana, pueda toparse con la muerte por violentos que anteponen sus intereses de un mundo ilegal al bien común.
CAROLINA BOHÓRQUEZ RAMÍREZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Cali
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