Identifican las huellas de un pueblo distinto nacido de 2.000 años de conexiones entre Irlanda y el norte de Gran Bretaña

En el verano de 1896, un académico llamado William Greenwell recibió una punta de lanza extraída en el paraje de Fermanagh, en el norte de Irlanda. Tras examinarla, la describió como la cosa más extraña que había visto nunca. No le faltaba razón. La pieza, bautizada como la lanza de Boho (NMI 1901-45), lucía una pátina dorada pálida y estaba decorada con símbolos fundidos en bronce que nada tenían que ver con el estilo La Tène insular, presentes en la inmensa mayoría de los objetos metálicos de la Irlanda de la Edad del Hierro. Rectángulos dentados, formas en Z y un diseño escalonado con un círculo en la embocadura: todo ello remitía al repertorio del arte picto del norte de Gran Bretaña.
Un estudio publicado en 2026 en el Archaeological Journal por la arqueóloga Rena Maguire, de la Queen’s University Belfast, aborda la cuestión desde una perspectiva nueva. Partiendo del análisis detallado de un puñado de objetos metálicos hallados en Irlanda que se apartan radicalmente del canon decorativo de su época, Maguire defiende que estos artefactos podrían ser la huella material de un grupo humano que se percibía a sí mismo como culturalmente distinto. Según la estudiosa, podría tratarse de un pueblo que, a lo largo de varios siglos y mediante sus propias elecciones estéticas, forjó una identidad diferenciada que pudo influir en el nacimiento del arte picto en el norte de Britania.
Un rompedor estudio analiza un grupo de objetos metálicos de la prehistoria irlandeses que se apartan del canon decorativo de su época. Podrían ser la huella material de un grupo humano con una identidad cultural distinta.

Objetos que hablan en un idioma distinto
La decoración metálica de la Edad del Hierro en Irlanda y Gran Bretaña desplegó durante siglos un lenguaje simbólico sofisticado. La abrumadora mayoría de los objetos irlandeses sigue el estilo La Tène en su declinación insular: curvas fluidas, trompetas entrelazadas, composiciones simétricas. Sin embargo, existe un pequeño grupo de piezas que rompen ese molde de manera categórica.
La más antigua de esas piezas es la lanza de Moy (BELUM.A 5036). Se recuperó en los años noventa del siglo XX durante el dragado del río Blackwater, en el condado de Tyrone. Gracias a los fragmentos de astil de madera conservados en la base, pudo datarse mediante radiocarbono: el rango calibrado se sitúa entre el 800 y el 540 a. C., lo que la convierte en la representación más antigua conocida de este estilo alternativo de arte de la Edad del Hierro. El análisis pXRF ha revelado una aleación de bronce sin rastro de zinc y con alto contenido de arsénico, característica propia de la Edad del Hierro temprana.
La lanza de Boho, por su parte, contiene trazas mínimas de zinc en su aleación. Esto indica que se fabricó con metales reciclados en una época posterior a la invasión romana de Britania (año 43 d. C.), ya que fue Roma quien introdujo el zinc en las tecnologías metalúrgicas insulares. Su cronología probable se sitúa, por tanto, entre el siglo I d. C. y el comienzo del periodo altomedieval. Según la investigación, que ambas piezas presenten afinidades decorativas pese a haber sido fabricadas con siglos de diferencia sugiere la persistencia de una tradición paralela.
La más antigua de esas piezas que presentan este estilo alternativo de arte de la Edad del Hierro es la lanza de Moy, datada entre el 800 y el 540 a. C.

El espejo, la serpiente y el bastón: ecos del arte picto
El símbolo del espejo es uno de los más reconocibles del arte picto. Su presencia en la lanza de Boho, en el flanco superior de la hoja, no pasó inadvertida al arqueólogo Barry Raftery, quien ya en los 80 resaltó las similitudes decorativas entre esa pieza y el anillo de arnés de Kilrea (BELUM A6640-1). La decoración de este anillo fundido en bronce consiste en escalones angulares y formas en Z con terminaciones circulares, similar a los diseños del arte picto tardío. El análisis de Maguire y sus colaboradores lo sitúa en las últimas fases de la Edad del Hierro, es decir, en el mismo período de las lanzas de Moy y Boho.
A estos objetos se suma un remate de lanza recuperado también del dragado del Blackwater. Está decorada con un patrón de serpiente prácticamente idéntico al símbolo serpentiforme picto documentado en las piedras talladas de Wemyss, Dunrobin y la célebre Piedra de la serpiente de Aberlemno, en Escocia. Por último, los 19 ejemplares catalogados por Raftery procedentes de Lisnacrogher (County Antrim), un probable taller o centro de deposición votiva situado en la confluencia de dos ríos, comparten el mismo diseño escalonado con círculo que aparece en la lanza de Boho.
Objetos como la lanza de Boho y un remate de lanza de Blackwater presentan motivos decorativos similares a los diseños del arte picto tardío.

La proximidad geográfica entre el norte de Irlanda y el suroeste de Escocia es un dato significativo para la investigación. Los 18 kilómetros que separan el cabo de Torr Head (Antrim) del Mull of Kintyre permiten un tránsito rápido, practicable incluso con embarcaciones sencillas. Esta cercanía permitió, durante milenios, un trasiego constante de personas, objetos e ideas. Así, los petroglifos de la cuenca del Brú na Boinne comparten técnicas de picado con los de Orkney. El mazo con rostro de Knowth tiene paralelos en Escocia. El magnífico gorro de poney de Torr, hallado cerca de Castle Douglas, combina influencias irlandesas, británicas nororientales y europeas en un solo objeto.
Para Maguire, el nexo más revelador es la presencia en el anillo de Kilrea de una decoración de racimo de bayas que se han asociado a las anillas de tiro para riendas propias de la Britania del periodo romano. El mismo motivo aparece, de forma más tosca, en algunas piezas halladas en la turbera de Ballykeen (County Offaly). El hecho de que un grupo consistente de objetos irlandeses reproduzcan, aunque sea con torpeza, un patrón decorativo propio del norte de Britania en los siglos I y II d. C. apunta a una conexión real entre ambas regiones.
Los 18 kilómetros que separan el norte de Irlanda del suroeste de Escocia permiten un tránsito rápido, practicable incluso con embarcaciones sencillas. Esta cercanía habría permitido la circulación de personas, objetos e ideas.

Maguire reexamina viejas teorías sobre el origen del arte picto a la luz de los nuevos datos. El historiador del arte Charles Thomas había propuesto en 1961 que el arte picto tenía sus raíces en el estilo La Tène insular, al que se habrían superpuesto influencias escandinavas y germánicas. Thomas también teorizó que muchos de los símbolos pictos tempranos eran recuerdos reinterpretados de artefactos heroicos de la Edad del Hierro tardía, una suerte de nostalgia material que conectaba el presente pastoral de los pictos con un pasado guerrero semimítico. Según el estudio de Maguire, los objetos analizados encajarían bien en esa lógica: son anteriores a los símbolos pictos reconocibles, pero comparten con ellos un vocabulario formal que pudo alimentar su desarrollo.
En esta reconstrucción, la lanza de Moy podría considerarse el único representante superviviente del primer brote divergente del arte La Tène insular. La lanza de Boho y el anillo de Kilrea, por su parte, confirmarían que ese sentido de diferencia perduró hasta la Antigüedad tardía, antes de transformarse en lo que hoy reconocemos como arte picto.
En definitiva, la investigación de Maguire propone que estos objetos son las sombras arqueológicas de un grupo de personas que se veían a sí mismas como distintas y que expresaron esa diferencia en un estilo artístico que se apartaba de la norma regional. Si ese grupo se desplazó hacia otros territorios, su estilo viajó con él y siguió evolucionando.
Referencias
- Maguire, Rena. 2026. «Different strokes: changing identities and connectivity between Iron Age Ireland and Northern Britain». Archaeological Journal. DOI: 10.1080/00665983.2026.2644670
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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