El creador de Roomba lanza una mascota con IA: este es el robot «familiar» que pretende sustituir a perros y gatos

Este mes de mayo de 2026, el empresario Colin Angle, creador de la Roomba y responsable de la venta de más de 50 millones de estos dispositivos, presentó su nuevo proyecto impulsado por inteligencia artificial: una mascota robótica con un sistema de IA integrado que ofrece reacciones realistas y expresiones en tiempo real.
El primer robot de su nueva empresa, Familiar Machines & Magic, es un compañero robótico del tamaño de un perro mediano que combina rasgos de oso, búho y golden retriever. Cuenta con una cara altamente expresiva, con cejas, orejas y ojos móviles. La compañía lo ha denominado «Familiar», un nombre que evoca a los compañeros mágicos y protectores del folclore.
Según la empresa, el producto comenzará a comercializarse a partir de 2027, una vez que el sistema esté completamente optimizado para actuar como una mascota a todos los niveles y cumplir con las expectativas de los usuarios.
El mercado de los robots de compañía
Más allá del atractivo del caso y de la relevancia de que sea un proyecto liderado por el creador de uno de los robots más exitosos de la historia, lo cierto es que el mercado de las mascotas con IA lleva varios años en franca expansión y se espera que crezca con fuerza en la próxima década.
De acuerdo con varios informes del sector, el mercado de robomascotas (animales de compañía impulsados por IA) se situaría en 2025 entre 450 y 550 millones de dólares. Aunque las estimaciones varían, se proyecta un crecimiento anual compuesto del 9,25 % entre 2026 y 2031. Los perros robóticos representan la categoría más dinámica. Technavio estima un aumento adicional de 1.108 millones de dólares entre 2026 y 2030, y el consenso del sector apunta a que el mercado puro de mascotas robóticas podría duplicarse o triplicarse en menos de diez años.
Un aspecto clave del modelo de negocio es la diversificación de ingresos. Además de la venta del hardware, las compañías prevén generar ingresos recurrentes mediante suscripciones (actualizaciones de comportamientos, mantenimiento y nuevas habilidades) y la licencia de su tecnología a terceros, un esquema similar al que utilizan las grandes plataformas de inteligencia artificial.
La economía de la soledad
El principal motor de este crecimiento es la llamada «economía de la soledad», reconocida por OCDE como una de las mayores amenazas para la salud pública en las sociedades envejecidas. En países como Japón, Corea del Sur, Alemania, España o Estados Unidos, millones de personas mayores, alérgicos o residentes en alquileres con restricciones no pueden mantener una mascota tradicional.
El coste anual de un perro o gato vivo oscila entre los 1200 y 1400 de acuerdo con la Real Sociedad Canina de España (RSCE), sin contar el impacto emocional que supone su pérdida. Una robomascota elimina prácticamente todos estos gastos recurrentes tras la compra inicial, no genera alergias, no daña el mobiliario y no requiere paseos ni cuidados constantes.
Desde el punto de vista económico, las ventajas son evidentes: menor coste total de propiedad, aplicabilidad en residencias de ancianos -donde robots como Paro ya han demostrado reducir la ansiedad y el consumo de medicamentos- y la posibilidad de atender nichos desatendidos como los alérgicos (entre el 10 % y el 20 % de la población) o personas con estilos de vida incompatibles con mascotas vivas.
En todo caso, pese a las prometedoras previsiones de crecimiento, el sector todavía se encuentra en una fase de especialización y de conjeturas. Habrá que observar si, más allá de su viabilidad tecnológica, estas robomascotas logran generar un vínculo emocional en la población o si, por el contrario, son rechazadas precisamente por tratarse de robots y no de animales vivos.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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