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Opinión

El ciudadano como motor de cambio: La urgencia del compromiso

📅 🕐 22 May 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
Manuel Barreto
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«La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.» Albert Camus

Indudablemente, todos merecemos gozar de una vida plena, pero esto solo es posible si participamos activamente en su construcción según nuestras capacidades. Ni el saber, ni el poder que este concede sobre la naturaleza, ni la libertad o la justicia alcanzan una verdadera categoría de valor para un grupo humano si este no se involucra en su creación, desarrollo y mantenimiento.

La participación significa compromiso . Es decir, prometernos un futuro, asignarnos una tarea y sembrar una esperanza compartida; implica renunciar al individualismo exacerbado y al pensamiento timorato o desconfiado para sumarnos a una misión común. Solo así nos ponemos en condiciones de construir una sociedad con un destino claro, que se anuncia en la conciencia de cada quien como una expectativa real.

Por esta expectativa ha luchado la sociedad civil venezolana. Al desafiar a la tiranía, ha abierto para nuestra golpeada nación los caminos de la libertad, a fin de que las capacidades individuales se concatenen en favor del bienestar colectivo y que el diálogo racional descubra la importancia del compromiso.
Tengan en cuenta que hay dos maneras de vivir: como sujeto o como objeto de los acontecimientos sociales. No existe una situación intermedia. Es la sociedad civil la que elige cuál bando ocupar al comprometerse —o no— en la lucha por lo que anhela y merece.

Contra la resignación y la apatía

Muchos, desmoralizados, tranquilizan sus conciencias y evaden la participación ciudadana diciéndose a sí mismos que la verdad siempre se impone por sí sola y que existe una justicia inmanente. Sin embargo, olvidan que la realidad es muy diferente: para salir de este interminable despeñadero, por difícil que sea la tarea, resulta indispensable participar con las armas del ciudadano: la formación y el correcto proceder en pro de la justicia. La pusilanimidad, la pereza intelectual y la cobardía moral suelen inventar excusas para calificar de «inalcanzables» los logros necesarios.

Para entender el proceso de cambio, es imprescindible revisar el pasado al elaborar nuevos proyectos que abran el porvenir que le debemos a nuestros hijos. Esta actitud nos permite insertarnos positivamente en la vida social de nuestro tiempo que, si bien ha sido sumamente compleja, nos exige preservar la fe para vivir con dignidad.

Una alternativa real y articulada

La profunda crisis que nos afecta solo podrá ser resuelta por el avance de la sociedad civil y de partidos políticos realmente vinculados a ella, despojados de la demagogia y el oportunismo innoble. El tiempo apremia y no hay espacio para más errores. Esta es la alternativa para consolidar una sociedad participativa y eficiente, capaz de ser la verdadera protagonista en la conducción del Estado.

Para lograrlo, es necesario avanzar en la unidad social mediante el agrupamiento territorial de las organizaciones de forma coherente y comprometida. La política de la sociedad civil debe traducirse en la confluencia de organizaciones comunitarias, sindicales, gremiales, estudiantiles, juveniles, culturales y de derechos humanos en torno a objetivos comunes.

El grito de una generación

Sin lugar a dudas, el corolario de esta urgencia histórica se encuentra en las premonitorias palabras de Albert Camus al recibir el Premio Nobel en 1957:
«Cada generación ve, sin duda alguna, que su tarea consiste en una reconstrucción del mundo. Pero mi generación sabe que ella no la realizó; que, en cambio, tal vez tenga que cumplir una obra aún mayor: la de impedir la destrucción del mundo. Ella, como heredera de una historia podrida en la que revoluciones fracasadas, tecnicismos enloquecidos, dioses muertos e ideologías falsas se confunden (…), esta generación ha sido impelida por su aversión contra el odio dominante a luchar por la reconstrucción de aquello que hace digna la vida y la muerte. Ella sabe (…) que corre contra el tiempo al querer establecer una paz entre los pueblos que no esté basada en la servidumbre, que concilie el trabajo y la cultura y logre la íntima unión de todos los hombres para llegar a una nueva forma de convivencia. No es seguro que se alcance a realizar toda esta inmensa tarea; pero sí es cierto que ella ha tenido la osadía de lanzar, a través del mundo entero, su grito de verdad y libertad…».

Convocatoria al porvenir: Nuestra tarea impostergable

Hacer eco de ese grito de verdad y libertad es, hoy más que nunca, nuestro mandato imperativo. No podemos ser meros espectadores del naufragio de nuestra nación. Por ello, este es un llamado urgente a articularnos, a encontrarnos en cada comunidad, gremio y espacio ciudadano para reconstruir el tejido democrático de Venezuela.

La pasividad no es una opción cuando el futuro está en juego. Nos toca asumir la vanguardia, organizarnos con audacia y coherencia, y transformar la indignación en acción colectiva y pacífica. El rescate de la democracia no vendrá de soluciones mesiánicas ni del azar; será el resultado directo de nuestra voluntad inquebrantable como sociedad civil organizada.

Asumamos este compromiso con la frente en alto y la convicción firme. Al final del día, esta lucha no es solo por el presente que nos han arrebatado, sino por el mañana que edificamos. Se lo debemos a nuestros hijos … Se acerca la hora de actuar.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.el-carabobeno.com

En la sección: Destacados articulistas sobre temas de política, Educación, salud, cultura de Valencia, Carabobo y Venezuela

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