Microsoft da un giro a su estrategia en videojuegos: menos IA, volver a las consolas y controlar los precios

Mientras Nintendo y Sony intentan capear el problema de la subida de precios de la memoria, Microsoft está replanteándose su estrategia en el área de los videojuegos por completo. Tras renovar la dirección de su división de Xbox y nombrar a una ejecutiva procedente de su división de IA, la firma tiene que decidir qué quiere ser de mayor: si volver a competir de tú a tú con sus rivales, o si abandona por completo las consolas y se centra en producir juegos para PC y otros sistemas. Y las primeras señales apuntan a que Xbox quiere volver a la palestra tras años de estancamiento.
La división de videojuegos de Microsoft lleva viviendo una ‘travesía por el desierto’ desde 2013, cuando anunció que su siguiente consola, la Xbox One, se centraría en el entretenimiento del hogar, permitiendo ver la televisión, conectarse a Netflix o reproducir películas en Blu-ray; y que las personas que quisieran usar ese aparato para jugar a videojuegos tendrían que estar permanentemente conectadas a internet y no podrían revender sus juegos usados. Aquel anuncio recibió críticas feroces por parte de los jugadores y burlas desde la competencia, con un vídeo de Sony en el que anunciaban la posibilidad de revender juegos usados como una de las ventajas clave de la PS4.
Aunque la firma estadounidense acabó por dar marcha atrás a todas las decisiones anunciadas en aquel infausto evento, la firma perdió casi un tercio de las ventas que había registrado su anterior sistema, la Xbox 360. Y su consola actual, la Xbox Series, sigue cuesta abajo: de 84 millones de 360, a 58 millones de One, a 34 millones de Series. Microsoft ha quedado relegada a una lejana tercera posición frente a Nintendo y Sony, y durante un tiempo empezó a preguntarse si quería seguir compitiendo.
En medio de esas dudas vivía Xbox cuando Microsoft anunció el 20 de febrero de este año que Phil Spencer, director de la división de videojuegos, se retiraría tras 12 años al frente. En su lugar llegaría Asha Sharma, procedente de la división de CoreAI en el gigante estadounidense. La primera reacción de muchos analistas y fans fue de preocupación: que fuera a implantar la IA en el desarrollo de videojuegos como forma de abaratar costes, por ejemplo. Pero la realidad ha sido muy diferente: una de sus primeras decisiones ha sido detener la implantación de Copilot, la herramienta de IA de Microsoft, en Xbox, y dar «más poder a los creativos».
Esas palabras aparecían en un manifiesto titulado «Somos Xbox» en el que deja claro que la compañía ha quedado por detrás de sus rivales, y que su objetivo es enfocar la «rebeldía» para volver a la competición, atendiendo más a las quejas y exigencias de los jugadores. «Los lanzamientos de nuevas funciones en la consola han sido cada vez menos frecuentes. Nuestra presencia en PC no es lo suficientemente fuerte. Los cambios de precios son cada vez más difíciles de seguir», reconoce. Una de sus primeras decisiones, de hecho, ha sido rebajar el coste de la suscripción mensual a GamePass.
Una revolución… ¿a tiempo?
Este giro indica, al menos, que Microsoft quiere seguir probando suerte en el mercado de las consolas. Mucha gente tenía dudas de que así fuera tras la campaña «Esto es una Xbox», en la que apuntaba a que sus juegos podían jugarse en ordenadores, tablets y hasta televisiones que pudieran ejecutar juegos digitales para PC. Si todo era una Xbox, entonces no tenía sentido seguir fabricando consolas específicas. Además, la firma empezó a compartir sus juegos exclusivos con otras consolas, reduciendo aún más su interés: ¿para qué tener una Xbox, si puedo jugar a los juegos de Microsoft en la PS5?
A eso se le suman los problemas a la hora de rentabilizar sus juegos, especialmente a través de Game Pass, su servicio de suscripción con el que se pueden jugar títulos de lanzamiento sin coste extra. El problema es que esa suscripción sigue siendo más barata que comprar juegos nuevos a 70 euros la unidad, y el hecho de poder jugar a varios lanzamientos cada mes significa que Microsoft ingresa menos por cada uno. La compra de Activision Blizzard, que costó 68.700 millones de dólares, se justificaba por el aumento de suscripciones esperadas, de jugadores que querrían probar el último ‘Call of Duty’ de lanzamiento. Pero la realidad fue mucho peor: según Bloomberg, la firma dejó de recaudar 300 millones de dólares, porque las copias individuales no vendidas fueron más que las nuevas suscripciones.
Y subir el precio de la suscripción por encima del de un juego nuevo, hasta hacerla rentable, no hace más que desincentivar a los potenciales clientes: según la propia compañía, los jugadores cada vez prefieren más esperar y entretenerse en juegos antiguos, disponibles en paquetes más baratos. Las cuentas estaban dejando claro que algo debía cambiar: la sección de videojuegos de Microsoft ha registrado caídas en 4 de los últimos 6 trimestres.
La gran pregunta ahora es qué será Project Helix, el nuevo sistema que están desarrollando y que puede ser una consola, un PC o una mezcla de ambos. En un momento en el que los precios de los productos electrónicos se están disparando por la escasez de chips de memoria, lanzar una nueva consola es un reto. Pero Microsoft ha reconocido que debe dar un giro muy profundo a su negocio si quiere sobrevivir. Al final, los problemas son claros: los desarrollos de nuevos juegos son cada vez más caros y las subidas de precio están expulsando del mercado a unos consumidores que ya sufren suficiente inflación en la vivienda y todo tipo de productos. Encontrar el equilibrio entre precio y demanda es cada vez más difícil.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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