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Economía y Finanzas

Cinco miedos que se retroalimentan y crean un escenario diabólico en los mercados

📅 🕐 hace 2 h🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 7 min de lectura
Cinco miedos que se retroalimentan y crean un escenario diabólico en los mercados
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Pocas veces a las bolsas se les abren cinco frentes a la vez y chocan con la peor combinación posible. Subida del precio del petróleo, amenaza de inflación, tipos altos y un creciente miedo a la burbuja de la IA. Wall Street vuelve a registrar una jornada de fuertes caídas.

El primer foco de tensión llega desde el petróleo. El crudo vuelve a actuar como termómetro del miedo después de que Donald Trump endureciera su discurso contra Irán tras los ataques cruzados de las últimas horas. «Han tardado demasiado en negociar un acuerdo que habría sido excelente para ellos; ahora tendrán que pagar el precio», escribió el presidente estadounidense en Truth Social. Trump amenaza con nuevos ataques contra centrales eléctricas y puentes iraníes, en un intento de forzar a Teherán a aceptar un pacto provisional.

Petróleo descontrolado

El mensaje ha devuelto de golpe la prima de riesgo geopolítica al mercado. El Brent supera los 92 dólares por barril y el West Texas Intermediate rebasa los 90 dólares, después de que los precios se mantuvieran relativamente estables durante buena parte de la mañana europea. El temor de fondo es que la escalada complique las negociaciones indirectas entre EEUU e Irán y retrase la normalización del tráfico por el estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas clave del planeta. Por allí circula en condiciones normales cerca de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo.

La tensión en Oriente Próximo ha dejado de ser solo un problema geopolítico para convertirse de nuevo en un problema de inflación. Y ese es precisamente el segundo gran temor de Wall Street: que el repunte del crudo obligue a la Reserva Federal a mantener los tipos altos durante más tiempo o incluso a volver a subirlos antes de final de año.

La Fed no quiere subir tipos, pero…

El dato de inflación publicado este miércoles no ha sido un desastre frente a las previsiones, pero tampoco ofrece alivio real. El IPC de EEUU subió un 4,2% interanual en mayo, el mayor avance desde abril de 2023, frente al 3,8% de abril y el 3,3% de marzo. En tasa mensual, los precios aumentaron un 0,5%. La lectura estuvo en línea con lo esperado por los economistas, pero confirma que la inflación ha vuelto a coger velocidad justo cuando el mercado empezaba a descontar una Fed propensa a no tocar tipos.

El detalle del informe es especialmente delicado para los inversores. Los precios de la energía explicaron más del 60% del avance mensual del IPC. La gasolina subió un 7% en el mes y acumula un encarecimiento superior al 40% en tasa interanual. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, repuntó hasta el 2,9% interanual desde el 2,8% anterior, aunque moderó su ritmo mensual al 0,2%. El mensaje para el mercado es ambiguo, pero peligroso: el shock energético todavía no se ha filtrado de forma masiva al resto de la cesta, pero la inflación general vuelve a estar claramente por encima del objetivo de la Fed.

Por eso, aunque los economistas siguen viendo difícil una subida inmediata de tipos, los inversores ya descuentan al menos un incremento de 25 puntos básicos antes de que termine el año. El banco central estadounidense se reúne la próxima semana y el consenso espera que deje el precio del dinero en el rango del 3,50%-3,75%, pero el mercado asume que tendrá que abandonar cualquier sesgo de relajación. Para la bolsa los meses previos a la subida de tipos suelen ser duros.

Primeros pinchazos de la IA

Dólor con los fabricantes de chips. Habían sido el gran motor de la subida de Wall Street durante los últimos meses, vuelven a sufrir fuertes ventas. Nvidia, Micron y Broadcom caen entre el 2,6% y el 4,2% en la sesión, mientras que el índice tecnológico del S&P 500 retrocede alrededor de un 1,6%.

La mecha la encendió Broadcom. La compañía presentó unas cifras que, sobre el papel, seguían mostrando un crecimiento muy fuerte ligado a la inteligencia artificial, pero que no fueron suficientes para un mercado acostumbrado a descontar la perfección. Sus ingresos del segundo trimestre quedaron ligeramente por debajo de las previsiones y su estimación de ventas de chips de IA para el trimestre actual, unos 16.000 millones de dólares, también decepcionó frente a unas expectativas más elevadas. En cualquier otro sector habría sido una guía sólida; en el universo de la IA, fue interpretada como una señal de agotamiento.

El castigo fue demoledor. Broadcom llegó a perder más de un 14% en una sola sesión, y acumuló una caída cercana al 20% en dos días. El golpe se extendió a todo el sector: el índice PHLX de semiconductores se desplomó más de un 10% el viernes pasado, su mayor caída diaria desde marzo de 2020, y acumuló un descenso del 12% en dos sesiones. Nvidia perdió cerca de 300.000 millones de dólares de capitalización, Micron se hundió un 13%, Marvell cayó un 17% y AMD cedió casi un 11%.

La prueba de fuego de Oracle

El problema no es que la IA haya dejado de crecer. El problema es que Wall Street había puesto el listón en niveles casi imposibles. Los fabricantes de chips se están beneficiando de una falta de oferta, pero la reacción bursátil demuestra que ya no basta con condiciones favorables; hay que generar unas expectativas estratoféricas. Y eso es precisamente a lo que se va a enfrentar el mercado con los resultados de Oracle.

La compañía de Larry Ellison fue la primera compañía en firmar un megacontrato con OpenAI para convertirse en un hiperescalador de infraestructura de la nueva tecnología. El mercado no perderá detalle de si va a ser capaza de cumplir con sus compromisos de computación para la IA.

Este miedo se agrava con la avalancha de financiación que exige la carrera de la IA. Amazon acaba de cerrar una línea de crédito de 17.500 millones de dólares con entidades como Citibank, Bank of America, JPMorgan, HSBC y Wells Fargo para reforzar su gasto en infraestructura de inteligencia artificial. La operación es una línea de financiación de disposición diferida, lo que permite a la compañía ir tirando de los fondos según los necesite. No es un caso aislado. Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y Amazon están acudiendo al mercado de deuda y acciones para financiar centros de datos, chips, energía y capacidad de cálculo a una escala inédita.

Solo cinco grandes hyperscalers (Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle) han captado ya más de 255.000 millones de dólares en deuda y capital este año, más del doble que en todo 2025, calcula Axios. Y el gasto previsto en centros de datos de IA podría acercarse a los 750.000 millones de dólares antes de que termine el ejercicio. La cifra resume el dilema de Wall Street: la IA puede ser la próxima gran revolución productiva, pero también está obligando a las empresas a quemar capital a una velocidad que recuerda a los grandes excesos de ciclos anteriores.

Avalancha de papel

El último foco de presión es la oferta de papel. El mercado no solo tiene que digerir más deuda para financiar la IA; también se prepara para una oleada de salidas a bolsa de dimensiones históricas. SpaceX quiere levantar 75.000 millones de dólares en la que sería la mayor OPV de la historia, con una valoración cercana a 1,75 billones de dólares. La compañía de Elon Musk aspira a vender unos 555,6 millones de acciones a 135 dólares por título y su debut está siendo seguido como una prueba de estrés para el apetito inversor por los grandes nombres privados de la tecnología.

Y SpaceX no llega sola. Anthropic ya ha presentado de forma confidencial la documentación para salir a bolsa en EEUU y OpenAI trabaja también en su salto al mercado, con una operación que podría valorar la compañía en hasta un billón de dólares. La lectura incómoda es si va a haber suficiente capital para absorber nuevas acciones de IA y cada vez más deuda asociada.

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es

En la sección: elEconomista tecnologia

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