Fracasa el referéndum impulsado por la ultraderecha en Suiza contra la «inmigración descontrolada» | elperiodico.com

La ultraderecha de Suiza fracasó en su propósito de impedir lo que denomina una «inmigración descontrolada» hacia ese próspero país. La iniciativa ‘No a una Suiza de 10 millones’, que pretendía frenar la llegada de extranjeros en caso de alcanzarse en 2050 la cifra de 9,5 millones de habitantes –de los 9,1 millones actuales– fue derrotada en el referéndum celebrado este domingo. La propuesta estaba defendida en solitario por el partido Unión Democrática del Centro (UCD), de ideología ultraderechista. Cayó derrotada aunque por estrecho margen: cerca de un 55% de los votantes se pronunciaron en contra, según los datos de la televisión pública suiza RTS..
Pese a la derrota, llama la atención el amplio apoyo obtenido por la propuesta, teniendo en cuenta que tanto el Gobierno suizo como las como las dos cámaras del Parlamento la rechazaban. Es un resultado que refleja la polarización creciente en un país donde todos los años se someten a referéndum las más diversas cuestiones, desde política agrícola a la energía nuclear. Los sondeos preelectorales mostraban una notable división en torno a una iniciativa que, de haber prosperado, habría colocado al país en dificultades. No solo a escala interna, por las necesidades de trabajadores extranjeros en prácticamente todos los sectores, sino también en lo que respecta a la libre circulación de ciudadanos de la UE, vigente desde 2002 en este país extracomunitario. Una victoria de la iniciativa habría puesto en jaque las relaciones con Bruselas.
Una propuesta xenófoba
Los impulsores de la consulta argumentaban que los 2,5 millones de residentes extranjeros que actualmente tiene el país ya son demasiados. Sostienen que la inmigración, a su juicio excesiva, es la causa principal del alza del precio de la vivienda, lo que además desestabiliza el medio ambiente, ya que obliga a construir más. También atribuyen a la inmigración el aumento de la criminalidad, la sobrecarga sobre el sistema sanitario o la precarización de la escuela pública. Para la UCD, la «inmigración descontrolada» es la causa de todos los males y del deterioro de la convivencia en un país identificado con altos estándares de bienestar. En caso de haber prosperado, obligaba a las autoridades a prepararse para restringir al máximo el asilo o la reagrupación familiar cuando se alcanzasen los 9,5 millones de habitantes. La evolución demográfica suiza de los últimos años refleja un crecimiento fulminante de su población: de los 7,3 millones de habitantes de 2002 ha pasado a los 9,1 millones actuales, lo que significa un aumento del 25% en un cuarto de siglo, debida principalmente a extranjeros de la UE. El crecimiento se atribuye a la inmigración, en un país con una tasa de natalidad muy baja. En último extremo, de haber prosperado la iniciativa ultraderechista, Suiza habría tenido que rescindir el acuerdo de libre circulación de personas con la UE.
Era la tercera iniciativa impulsada en pocos años en contra la inmigración. Sigue a la consulta de 2020 con el título ‘Por una inmigración moderada (iniciativa de limitación)’ y la anterior, de 2014, llamada ‘Contra la inmigración masiva’. Entonces sus defensores se impusieron por un estrecho margen. Según la UCD, las autoridades del país no han implementado el mandato de las urnas con la consecuencia debida.
La consulta, como señal de identidad
La democracia directa o consultas a la población son una señal de identidad en la política del país helvético, aunque son pocas las iniciativas que acaban prosperando y muchos los criterios que deben superar para llegar a convocarse. Para ponerlas en marcha se precisa del apoyo inicial de 100.000 firmas. En casi un siglo y medio se han celebrado unas 250 consultas, aproximadamente la mitad de las que se impulsaron. Solo el año pasado tuvieron lugar cinco consultas populares. Entre las que prosperaron está la de 1990 que prohibía la construcción de centrales nucleares o la de 2009 que vetaba los minaretes.
La de este domingo era una consulta considerada inédita a escala global, que suponía anclar en la Constitución el límite a la población. Había despertado gran expectación en toda Europa por producirse en un momento álgido para la inmigración, con medidas cada vez más restrictivas, destinadas agilizar las deportaciones y a frenar la entrada de extracomunitarios. Ideas impensables hace apenas una década, como la creación de campos o cárceles para deportados fuera del territorio comunitario, son parte sustancial del Pacto Migratorio que entró en vigor esta semana pasada en la UE. Una victoria del sí a la iniciativa contra la Suiza «de los 10 millones» habría dado alas a las de por sí pujantes ultraderechas y populismos derechistas de toda índole europeas.
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En la sección: El Periódico – internacional
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