Revuelta republicana contra las concesiones de Trump a Irán: «Un tremendo error»

El insólito acuerdo de Donald Trump con Irán ha provocado una rara coincidencia entre republicanos y demócratas en Washington. Legisladores de ambos partidos han exigido en las últimas horas que cualquier pacto definitivo pase por el Congreso y pueda ser sometido a votación, mientras … denuncian que ni siquiera han tenido acceso al memorando aceptado por Trump. El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, admite que su grupo sigue «a oscuras» sobre el contenido del acuerdo, y líderes demócratas critican que la Administración apenas haya consultado al Capitolio durante toda la guerra, iniciada el 28 de febrero.
Las críticas más duras han llegado, inesperadamente, desde figuras republicanas que normalmente son poco críticas con el presidente. El senador republicano por Luisiana, Bill Cassidy, calificó el acuerdo de «tremendo error de política exterior» y advirtió de que, tal y como se conoce hasta ahora, «Irán termina más fuerte» mientras los aliados de EE.UU. en la región «terminan más débiles». También sostuvo que Teherán habría aprendido que, amenazando el estrecho de Ormuz, puede «hacer que el mundo occidental baile a su son».
Las reservas se extienden por el Senado republicano. La senadora Joni Ernst ha afirmado que «un acuerdo de esta magnitud merece un análisis exhaustivo», mientras que el senador Lindsey Graham, aunque considera positivo el marco inicial, admite que su gran duda es si Irán renunciará realmente a sus ambiciones nucleares y al apoyo a sus milicias aliadas.
Al otro lado del pasillo, los demócratas también muestran un profundo recelo, aunque centrado sobre todo en la falta de transparencia. El senador Chris Coons ha denunciado que la Administración «no informó ni consultó al Congreso prácticamente en ningún momento de esta guerra», mientras que el senador Chris Murphy ha resumido la frustración en una frase: «El presidente lleva dos meses hablando de un acuerdo y seguimos sin haber visto nada».
Con las críticas creciendo en el Capitolio y entre sectores conservadores, la Casa Blanca se movilizó este martes para tratar de fijar su versión del acuerdo. En una larga llamada con periodistas, altos funcionarios de la Administración leyeron uno por uno los catorce puntos del memorando que se firma este viernes en Ginebra. El objetivo era desmentir que Washington haya cedido ante Teherán y presentar el texto como un marco de negociación, no como un acuerdo definitivo.
El texto íntegro del Memorando de Entendimiento entre EE.UU. e Irán, que nos facilitan altos funcionarios en una conversación con medios.
Memorando de Entendimiento
Entre los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán
Los Estados Unidos de América y la República…— David Alandete (@alandete) June 17, 2026
Los responsables estadounidenses insistieron en varios mensajes. Aseguraron que EE.UU. no ha prometido aportar dinero para la reconstrucción de Irán, sino únicamente permitir inversiones de terceros países si Teherán cumple sus compromisos; que el levantamiento de las sanciones está vinculado al desmantelamiento verificable de aspectos clave del programa nuclear; y que el acceso de Irán a fondos congelados solo se produciría de manera gradual y condicionado a lo que describieron repetidamente como «buen comportamiento».
También recalcaron que Washington no se hace ilusiones sobre las intenciones iraníes. Subrayaron que parten de la premisa de que Teherán puede mentir, ocultar información o incumplir lo pactado y que, por ello, cualquier acuerdo final deberá apoyarse en inspecciones, mecanismos de verificación y capacidad de supervisión permanente. El mensaje de esas fuentes fue que la Administración está dispuesta a intentar una salida negociada, pero mantiene intactas todas las herramientas de presión económica y militar si Irán no cumple.
Aun así, está claro que Trump está marcando distancias. En principio será el vicepresidente Vance el que acuda a la firma, aunque Trump está ahora mismo en Europa y tiene previsto volver a Washington ya el jueves, apenas un día antes de la ceremonia con Irán.
Fisuras en el partido
El acuerdo con Irán coincide además con un momento de creciente fricción entre Trump y su propio partido que, tras años de disciplina casi absoluta, empieza a plantarle cara en algunas cuestiones de política exterior y seguridad nacional. La tensión estalló esta semana cuando el presidente ordenó suspender la vista de confirmación de su candidato para dirigir la inteligencia, el fiscal federal de Manhattan Jay Clayton, y decidió mantener provisionalmente al frente de la Dirección Nacional de Inteligencia a Bill Pulte, un fiel aliado suyo y actual responsable de la agencia federal de financiación hipotecaria, sin experiencia en inteligencia o seguridad nacional.
La decisión provocó un choque poco habitual con los republicanos del Senado. El presidente de la Comisión de Inteligencia, Tom Cotton, había afirmado horas antes que la audiencia seguiría adelante salvo intervención directa de Trump y acabó calificando de «lamentable» la suspensión. El líder de la mayoría republicana, Thune, reconoció públicamente el malestar y admitió que su grupo tendría que ir avanzando «día a día» hasta que la Casa Blanca explicase sus planes.
Otra señal de las crecientes dificultades de Trump para mantener disciplinado a su partido ha sido el sonoro fracaso de su llamado fondo «contra la instrumentalización política», un programa de 1.800 millones de dólares destinado a indemnizar a personas que la Administración considerara perseguidas injustamente durante la etapa de Joe Biden. La iniciativa apenas sobrevivió dos semanas antes de ser retirada por el Departamento de Justicia ante una rebelión republicana y demandas judiciales.
Senadores de su propio partido amenazaron con bloquear una ley clave de inmigración si la Casa Blanca no retiraba el plan, alarmados por la posibilidad de que dinero público pudiera acabar beneficiando a aliados políticos de Trump e incluso a algunos participantes en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. En una reunión privada, varios senadores llegaron a gritarle al fiscal general en funciones, Todd Blanche, y denunciaron que la medida tenía apariencia de «autobeneficio». Finalmente, el Departamento de Justicia dio marcha atrás y anunció que el fondo quedaba cancelado.
Tensión Trump-Netanyahu
Las crecientes críticas al acuerdo con Irán se han visto agravadas por otro factor especialmente sensible para los republicanos: la dureza inédita de Trump hacia Benjamin Netanyahu y su insistencia en que Israel actúe con más contención en Líbano para no poner en peligro las negociaciones con Teherán. El presidente llegó a afirmar que, «sin mí, no habría Israel» y advirtió de que Netanyahu «tiene que ser más responsable respecto al Líbano».
Donald Trump llegó a afirmar que, «
sin mí, no habría Israel
» y advirtió de que Netanyahu «tiene que ser más responsable respecto al Líbano».
Incluso llegó a describir al primer ministro israelí como «loco», un lenguaje prácticamente sin precedentes en un presidente estadounidense hacia un aliado israelí. Para muchos republicanos y sectores proisraelíes aquí en Washington, la idea de que Estados Unidos pueda estar presionando a Israel para limitar su campaña contra Hizbolá o retirar presión militar sobre el Líbano mientras se negocia con Irán resulta profundamente incómoda.
El malestar es particularmente notable porque el apoyo a Israel ha sido durante décadas uno de los pocos consensos casi sagrados del Partido Republicano. Aunque muchos de esos dirigentes siguen respaldando a Trump en público, las críticas a Netanyahu y la percepción de que el acuerdo podría beneficiar a Teherán antes de obtener concesiones irreversibles han empezado a abrir fisuras en el frente conservador y a alimentar la sensación de que el presidente está alejándose de algunas de las posiciones que definieron su primer mandato.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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