¿Cuán equitativo es el sistema educativo en Alemania?

Hace 20 años, muchos profesores querían abandonar el colegio de primaria Ketteler, de la ciudad de Bonn. Ahora, el centro se ha convertido en un modelo, galardonado incluso con el Premio Escolar Alemán.
El porcentaje de alumnos que reciben la recomendación para continuar sus estudios secundarios en un Gymnasium —la vía educativa más prestigiosa de Alemania y la que conduce a los estudios universitarios— pasó del 0,5 en 2007 al 30 por ciento actual.
Detrás de esta historia de éxito se encuentra Christiane Lang-Winter, que llegó en 2004 como profesora y poco después asumió la dirección del centro, iniciando en él una profunda transformación. «Muy pronto me di cuenta de que tenía dos opciones: irme o cambiar la escuela. Quería que nuestros alumnos pudieran aprender aquí todo lo necesario para tener las mismas oportunidades que los niños procedentes de familias que pueden ofrecerles muchas ventajas desde el principio».
La escuela se encuentra en un barrio socialmente desfavorecido del norte de Bonn. Casi todos sus 250 alumnos tienen antecedentes migratorios y en muchos hogares no se habla alemán. Uno de cada tres niños requiere apoyo educativo especial. A pesar de ello, en los últimos años el centro ha obtenido resultados superiores a la media de Renania del Norte-Westfalia en todas las pruebas de rendimiento.
«Familias de aprendizaje»
Uno de los secretos de este éxito fue la introducción de las llamadas «familias de aprendizaje», en las que alumnos de diferentes edades estudian juntos. Niños de seis y nueve años comparten aula y se ayudan mutuamente.
Pero, sobre todo, el equipo de Lang-Winter —formado por profesores, trabajadores sociales y especialistas en educación especial— pone el énfasis en la lectura. Especialmente en primer curso, aprender a leer es la máxima prioridad.
La igualdad de oportunidades, un problema en Alemania
La directora apunta a una realidad conocida desde hace años y que acaba de ser confirmada de nuevo por el Informe Nacional sobre Educación: en Alemania, el éxito escolar sigue dependiendo en gran medida del origen social, los ingresos y el nivel educativo de los padres.
Los adolescentes de familias desfavorecidas tienen cinco veces más probabilidades de no alcanzar los niveles mínimos de lectura que los alumnos privilegiados. Las consecuencias son graves: el porcentaje de jóvenes que abandonan la escuela sin titulación ha aumentado hasta el ocho por ciento.
Actuar desde la educación infantil
Por ello, la ministra alemana de Educación, Karin Prien, ha dado la voz de alarma y sitúa el problema incluso antes del inicio de la escolarización. Antes del receso parlamentario de este verano boreal, Prien quiere presentar una ley para mejorar la calidad de las guarderías mediante estándares nacionales comunes.
El colegio Ketteler de Bonn mantiene una estrecha colaboración con los jardines de infantes de la zona. Cada lunes y miércoles, los niños en edad preescolar acuden durante 90 minutos a la escuela. A su vez, los alumnos que ya leen bien visitan los Kindergarten y leen cuentos a los más pequeños.
«Antes se decía que no debía haber contacto con los niños de los jardines de infancia para evitar etiquetarlos. Yo lo hice al revés. Quiero saber todo lo posible sobre ellos antes de que lleguen a la escuela para poder ayudarlos cuanto antes», comenta a DW Lang-Winter.
Los estudiantes reclaman más recursos
La falta de igualdad de oportunidades también es denunciada desde hace años por los propios alumnos, que exigen más recursos para las escuelas desfavorecidas, más personal docente y de apoyo, grupos de aprendizaje más reducidos, equipos multidisciplinares con trabajadores sociales y psicólogos escolares, una reducción de las diferencias educativas entre los distintos estados federados y una atención más individualizada.
Experta pide una transformación radical
El libro «Schule gegen Kinder. Wie ein kaputtes Bildungssystem die Zukunft der nächsten Generation gefährdet» («La escuela contra los niños. Cómo un sistema educativo roto pone en peligro el futuro de la próxima generación»), es una dura crítica al modelo educativo alemán. Su autora es la especialista en educación Silke Müller.
Según Müller, el sistema no está diseñado para ofrecer las mismas oportunidades a todos los alumnos. El éxito depende en gran medida de las personas concretas con las que un estudiante se cruza a lo largo de su trayectoria educativa. Su escuela ideal sería muy diferente: «Debería diseñarse desde la perspectiva de los niños. No trabajaría en asignaturas separadas, porque el mundo tampoco está dividido en asignaturas, sino en fenómenos. Lo importante sería desarrollar competencias».
Falta un verdadero debate educativo
El conocido divulgador educativo alemán Bob Blume va incluso más lejos. Se pregunta cómo sería una sociedad en la que la escuela fuera el edificio más bonito de cada ciudad y un lugar al que todos los alumnos quisieran acudir.
Según él, las cuestiones fundamentales sobre cómo mejorar la educación apenas se debaten porque son demasiado complejas. «Eso se ve claramente en los temas que dominan el debate público: prohibir los teléfonos móviles, prohibir los teléfonos móviles y prohibir los teléfonos móviles. Y quizá también prohibir las redes sociales».
Recientemente, la ministra Prien calificó la educación como «la cuestión decisiva para el futuro de nuestra nación». Blume está de acuerdo, pero añade: «Cuando se pregunta a la población cuáles son los principales problemas políticos, la educación suele aparecer entre los tres primeros. Sin embargo, eso no se refleja en el debate público. Me atrevería incluso a decir que en Alemania no existe realmente un gran debate nacional sobre educación».
(ms/cp)
Fuente de TenemosNoticias.com: www.dw.com
En la sección: Deutsche Welle: DW.COM – Internacional
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