Irán y EEUU afrontan la fase más crítica del proceso de paz: ¿Cuáles son los grandes escollos? | elperiodico.com

Con los equipos técnicos ahora encabezando las charlas —después de la reunión durante la noche de domingo a lunes entre EEUU e Irán, encabezada por el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, y el jefe negociador persa, Mohammed Bagher Ghalibaf, los dos países entran ahora en el momento clave —y probablemente el más difícil— en sus charlas: llegar a una entente final que sirva para acabar definitivamente con la guerra empezada el 28 de febrero y el fantasma aún presente de su posible retorno.
Para ello, sin embargo, Teherán y Washington deben ponerse de acuerdo en cuestiones en las que, hasta la fecha, los dos países han estado muy alejados: desde el futuro de Ormuz hasta la incorporación económica iraní a los mercados internacionales, pasando por el gran punto de tensión: el programa nuclear persa. A continuación desgranamos los puntos clave de debate en las negociaciones entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán.
Para Irán, la prioridad inicial en las charlas en Suiza, antes de hablar de nada más, es conseguir parar la ofensiva israelí contra el sur del Líbano, que sigue a pesar del preacuerdo con EEUU. Este documento, en su primer párrafo, estipula que la guerra en Oriente Medio «debe terminar en todos los frentes, incluido el Líbano«.
Pero el gobierno del primer ministro israelí, Benyamín Netanyahu, no solo ha hecho caso omiso, sino que prosigue con sus ataques, bombardeos y ocupación del sur libanés. «Si Israel viola el preacuerdo, sea de la forma que sea, incluso atacando a Hizbulá en el Líbano, entonces Irán responderá militarmente», ha declarado este martes el embajador iraní ante Naciones Unidas en Ginebra, Alí Bahreini.
A pesar de una guerra dialéctica el domingo por la tarde, cuando Irán anunció que cerraba de nuevo Ormuz ante las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, en redes sociales, la vía marítima sigue abierta. Aunque existen dudas: el preacuerdo firmado la semana pasada estipula que el paso por Ormuz será gratuito durante los 60 días en los que es válido el texto —en este tiempo se debe firmar el acuerdo final—, pero no especifica qué ocurrirá después.
Irán dice que a partir de entonces la República Islámica, junto con Omán, el otro país que controla el estrecho, empezará a cobrar una «tasa de servicio». Trump ha asegurado en redes que eso es falso, aunque no existe confirmación clara. Esta tasa o peaje es rechazado por todos los países del Golfo, que usaban antes de la guerra Ormuz para la gran mayoría de sus exportaciones de gas y petróleo.
Como un paso más de avance, este martes EEUU ha suspendido temporalmente, por este mismo plazo de 60 días, todas sus sanciones internacionales para el crudo y gas iraní, que podrá ser vendido en todo el mundo sin restricciones. Esto no era posible desde hace varias décadas: Irán, en los últimos años, apenas ha podido vender sus enormes reservas a China, y siempre a través de su flota fantasma. Ahora incluso Estados Unidos podría comprar petróleo iraní, y en dólares.
Y hay más: Ghalibaf, el jefe negociador iraní, ha asegurado este martes por la mañana que su equipo ha llegado ya a un acuerdo con Washington para la liberación de 12.000 millones de dólares de activos iraníes congelados en el extranjero durante las últimas décadas. Falta, eso sí, confirmar el origen de los 300.000 millones de dólares prometidos a Irán según el preacuerdo para su «desarrollo y recuperación económica». Trump ha asegurado que el dinero no vendrá de Estados Unidos.
Una vez todos estos apartados estén cerrados, Irán y EEUU entrarán en el terreno más espinoso. La cuestión nuclear y el futuro del programa atómico del país persa se prevé como el asunto más complicado a resolver. Washington reclama que Teherán desmantele y abandone todo su enriquecimiento de uranio, y entregue los 440 kg de uranio altamente enriquecido que la República Islámica posee. Este uranio está purificado al 60%, un nivel muy cercano al necesario para la bomba.
Irán, por su parte, ha rechazado acabar con su enriquecimiento, y propone «diluir» su uranio altamente enriquecido, algo que la Casa Blanca ha rechazado desde el inicio. Ambos países aseguran, sin embargo, que hay espacio para un entendimiento. Irán, confirmó ayer el vicepresidente estadounidense, permitirá por primera vez en un lustro la entrada de inspectores de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (OIEA) para comprobar el estado de las instalaciones nucleares iraníes. Un claro paso adelante para llegar a un acuerdo definitivo.
Todo, sin embargo, tiene fecha de caducidad: 60 días. Si en este periodo de tiempo no ha habido acuerdo —y si no hay intención de los dos países de alargar el periodo de charlas—, entonces la guerra podría volver a la región, como amenaza Trump constantemente.
«Si Irán no respeta el acuerdo, entonces yo haré lo que tenga que hacer«, ha dicho Trump durante la madrugada del martes. Pocas horas antes, el presidente estadounidense llegó a asegurar que «si los negociadores iraníes no se comportan, entonces no tendrán un puto país al que volver«.
Estas declaraciones inflamatorias constantes del multimillonario estadounidense ponen en peligro a unas charlas que penden de un hilo. Este martes, de hecho, la delegación técnica iraní se ha reunido cara a cara con la estadounidense por la mañana. Por la tarde, no obstante, Irán ha rechazado encontrarse con el otro lado en protesta a los mensajes de Trump.
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