Rutte aviva el choque entre Trump y Meloni al afirmar que Italia autorizó 500 vuelos militares a Irán | elperiodico.com

En el eléctrico clima de las últimas semanas entre Washington y Roma, solo ha hecho falta una chispa para armar este miércoles el enésimo incendio diplomático sobre el papel del país en la guerra de Irán. En la Italia de Giorgia Meloni, donde la tensión latente con la administración de Donald Trump se mide ya en cada gesto, el último cortocircuito ha estallado a cuenta de uno de los temas más delicados en los últimos meses para el Gobierno italiano: la concesión a EEUU de las bases militares que se encuentran en su suelo durante su ofensiva.
Todo ha empezado con una entrevista. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se ha sentado ante los micrófonos de la cadena estadounidense Fox News y ha soltado, con esa ligereza tan suya, que 500 aviones de EEUU habrían utilizado las bases italianas durante la operación militar contra Irán. Una frase, esta, que ha caído como una bomba en el palacio Baracchini, sede del Ministerio de Defensa italiano, que ha tardado poco en salir en tromba a desmentir al jefe de la Alianza Atlántica.
«Resulta sorprendente que el secretario general de la OTAN, que no tiene nada que ver con la operación Furia Épica (la operación estadounidense contra Irán), ofrezca una reconstrucción que transmite un mensaje totalmente falaz al confundir el tipo de vuelos autorizados», ha despachado poco después el Ministerio de Defensa italiano en un comunicado inusualmente duro.
Tras el incendio, fuentes de la propia OTAN ha tenido que salir apresuradamente a apagar los fuegos de la diplomacia y, a continuación, han confirmado la versión del ministerio italiano. Pero todo ello, ya tarde, con la polémica en pleno desarrollo.
Nervios a flor de piel
En el fondo de este embrollo ha quedado a la vista una vez más el auténtico choque de fondo: la ahora nerviosa relación entre Meloni y Trump. La primera ministra italiana, atrapada entre su tradicional fidelidad atlantista y la necesidad de marcar perfil propio ante un Trump que exige cada vez más sumisión, ya parece no querer permitirse aparecer ante su opinión pública como la retaguardia sumisa de Washington, más aún en lo que atañe la guerra contra Irán, que rechaza una parte significativa de la población italiana.
En esta línea, el ministerio que dirige Guido Crosetto se ha apresurado a recordar que Italia «siempre ha actuado respetando plenamente la Constitución, los tratados internacionales y las directrices parlamentarias». Nada de misiones de combate en la sombra. Roma ha insistido en que las autorizaciones se limitaron a «exclusivamente actividades de carácter técnico y logístico, no cinéticas, en el marco de los procedimientos previstos en los acuerdos vigentes». Esa es la versión que el Gobierno italiano ha mantenido, puerta afuera, desde el principio y hasta ahora, pese a las dudas de algunos periodistas y activistas.
Quizá por eso las palabras del Ejecutivo contra el jefe de la OTAN han sido particularmente ácidas, retratándolo casi como un aficionado que no se lee los informes. «Habría bastado con un análisis más detallado de la fuente para obtener una visión real de lo que ha ocurrido (y ocurre cada día): Italia autoriza exclusivamente los vuelos previstos en los tratados y que excluyen totalmente las actividades cinéticas«, ha zanjado la nota oficial del ministerio de Crosetto.
Orgullo
Y por si a Trump o a Rutte les quedaban dudas de que Roma planta cara cuando hace falta, el comunicado italiano ha querido rematar con una muestra de orgullo. «En las ocasiones en que se ha planteado una solicitud que excedía este ámbito, como es sabido, Italia no ha concedido la autorización«, han escrito.
La referencia implícita ha sido a lo ocurrido en marzo, cuando Italia denegó el uso de la estratégica base de Sigonella, en Sicilia, para operaciones estadounidenses vinculadas al avispero de Irán. Con 12.600 soldados estadounidenses desplegados hoy en día, el suelo italiano parece ser cada vez más terreno de choque. Y en este clima de desconfianza mutua, cualquier chispa verbal puede desatar la tormenta.
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