VÍDEO: La prueba de pilotos españoles a los mandos de un caza F-35 | elperiodico.com

La sensación de que la aceleración repentina del caza F-35 te da “una patada en la espalda” se ha quedado como una impresión repetida, una percepción que comparten numerosos pilotos que han manejado el que se considera avión de combate más moderno del mundo.
Es difícil imitar la “patada en la espalda” de la aceleración del F-35 en un simulador, pero los pilotos españoles que han tomado contacto con el avión sí han podido percibir otras sensaciones propias del caza. Entre ellas, la sofisticación de los instrumentos de a bordo, digitalizados al extremo. EL PERIÓDICO ha sido testigo de una de esas pruebas, realizadas por pura curiosidad profesional, sin previa planificación y con mucha discreción por miembros del Ejército del Aire y del Espacio que paseaban por la última edición de la feria española de la industria de defensa Feindef.
Lo que se ve en estas imágenes exclusivas no es una prueba formal, de las que realizan los certificadores de las Fuerzas Armadas antes de hacer una licitación, entre otras razones porque Defensa sigue sin plantearse la compra de este avión, del que disponen o al que aspiran 13 países europeos por su potente capacidad de vuelo furtivo, y que descartan otros tantos por su fuerte dependencia logística y tecnológica de Washington. Precisamente por la insistencia de Defensa en no adquirir el avión, algunos militares españoles llaman al F-35 “el innombrable”.
Lockheed Martin, el fabricante de esta famosa aeronave de guerra, trajo un simulador a Madrid, y dentro de esa cabina simulada estuvieron las cámaras de este diario, mientras ingenieros de la firma norteamericana explicaban a sus invitados las peculiaridades de uso.
Experiencia distópica
Ponerse a los mandos y despegar con un F-35 no es experimentar un vuelo fácil, según sus usuarios, pero sí tener la oportunidad de elevar el morro hasta 50 grados y seguir avanzando, en una de las inclinaciones operables más elevadas entre los aviones de guerra hoy operativos en el mundo.
Pero, al margen de la experiencia puramente aeronáutica, el F-35 proporciona a sus pilotos, como gestores de sistemas, una nueva dimensión de uso en el software desplegado en la cabina, el propio de un avión que integra casi distópicamente la información de vuelo de la plataforma, el análisis de objetivos y amenazas, la trayectoria del armamento, la de sus sensores propios y detectores ajenos que le informan desde tierra, mar o el espacio.
Retrato robot del avión cuya operativa se ve en este vídeo: Empuje al despegar, 18.150 kilos. Autonomía: 2.200 kilómetros. Medidas: 15,5 metros de largo, 4,3 de alto y 10,6 entre puntas de sus alas. Velocidad: 1,6 veces la del sonido.
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