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Bajo los escombros: «Saqué una mano y me di cuenta de que estaba viva»

📅 🕐 hace 1 min🔗 Fuente: LaPatilla.com🕑 5 min de lectura
Bajo los escombros: "Saqué una mano y me di cuenta de que estaba viva"
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Marisol ‘Atenea’ Rojo, sobreviviente del derrumbe de un edificio en Chacao, Caracas, fotografiada el 26 de junio.
Marcy Rangel

 

La noche de los dos terremotos, Marisol Rojo llegó cubierta de polvo, cortadas y moretones a la oficina en Caracas de Los Palos Grandes de Noche, una organización cultural a la que pertenece. Acababa de vivir en carne propia el desplome del edificio Obelisco, una de las cuatro construcciones que se desmoronaron en el municipio Chacao durante la tarde del festivo 24 de junio.

Por elpais.com

Marisol tiene los ojos vidriosos y sus lágrimas parecen congeladas por el shock. Cada vez que intenta narrar la manera en la que sobrevivió, le vuelve la impotencia que sintió por no haber podido sacar a dos de sus amigos de ahí, sabiendo el punto exacto donde habían quedado tapados.

El miércoles, día del terremoto, llegó a la Plaza Bolívar de Chaco, en Caracas, con sus dos amigos y otros compañeros. Habían visitado Playa Bahía, en La Guaira. “Si nos hubiéramos quedado conversando cinco minutos más en la plaza, no les sucede esto”, dijo uno del grupo. “Pero si no nos hubiera pasado aquí, nos agarra en La Guaira”, replicó Marisol. Ella recordaba cómo, en cuestión de segundos, caminó desde la puerta del apartamento de sus amigos en la planta baja hasta la marquesina de salida y, en cuestión de tres pasos, el edificio explotó.

“Yo vi las placas que se rompían como un cerillo y explotaban. Vi el edificio cómo sonaba, cómo crujía, cómo el ascensor se empezó a encoger y la placa empezó a bajar”, dice. Durante el primer terremoto, alcanzó a gritar que buscaran a los padres de uno de ellos, que estaban ahí. Inmediatamente, en el segundo temblor, cuando apenas abrían la puerta del apartamento, Marisol se dio la vuelta y les gritó que salieran, que el edificio se estaba cayendo. Dio dos pasos hacia la salida y la explosión la sacó del edificio. “Cuando me sacó, caí en un triángulo de vida, y mi morral de playa me protegió la espalda. Todo lo que caía era tierra, piedra, vidrio, mármol, que se volvió harina. Hasta que se cayó el edificio completo y se convirtió en polvo rojo”.

Antes de todo eso, Marisol describe que agarró el rosario que aún cuelga de su cuello y le pidió a Dios que, de morir, no le doliera y que, de vivir, no quedara encerrada. “Cerré los ojos y, cuando los abrí, había un halo de luz. Yo lo que hice fue sacar la mano e intentar tocarlo y ahí me di cuenta de que estaba viva”. Marisol se volteó y empezó a gritar los nombres de El Biónico y Sensei, los apodos de sus amigos, pero no respondieron. Un motorizado que pasaba por ahí la sacó de su agujero. “Me cargó, me puso afuera y me hizo entrar en razón: ‘Señora, el edificio se cayó”.

Marisol practica artes marciales mixtas y en el dojo la apodan Atenea. En la mitología griega, Atenea es la diosa de la sabiduría y la estrategia. Marisol usa este seudónimo como mantra. “Yo vi todo en cámara lenta. Si no hubiera hecho artes marciales, me hubiera muerto, porque ella afina los reflejos y la forma del pensamiento”. Al Karate Kyokushin también le atribuye el hecho de recordar todo con exactitud: “El cerebro registra más cuando haces artes marciales mixtas porque ves y vas pensando qué hacer de acuerdo a lo que va sucediendo: grita, corre por aquí, sal a la puerta, pégale. Aprendes a gestionar”.

Pasó la noche en un ir y venir entre las escaleras de la oficina y las tareas de rescate a las que se sumó junto con Shihan, con quien vive: “Llegué hasta la casa y le dije: ‘Shihan, el edificio de El Biónico se cayó y, ni el Sensei, ni El Biónico salieron’. Él se vino para acá y fue el que activó a la gente”.

Tomó fotos de la marquesina de donde salió y resaltó los lugares donde sabía que habían quedado sepultados. No durmió. A la mañana siguiente, salió del refugio y se sumó a los rescates. La gente reunida derriba escombros como podía. Había muy pocos rescatistas profesionales. “Cuando llegó la prensa, llegaron las máquinas y los profesionales. Se metieron como unos topos y consiguieron un bolso que yo reconocí. Ahí sacaron el cuerpo. Luego tienes que ir a la morgue y esperar, porque [los rescatistas] no te dicen nada”, dice.

Mientras la mayoría de los capitalinos estaba entre Caracas y La Guaira celebrando una fiesta pagana a un santo, en Los Palos Grandes una tragedia se convirtió en un dojo: un espacio sagrado donde los vecinos, sin maquinaria, empezaron a encontrarle sentido al desastre, estando juntos.

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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