Dimite el jefe de ministros de Milei acorralado por los escándalos de corrupción | elperiodico.com

Javier Milei se quedó sin su jefe de ministros, Manuel Adorni. El hombre que fue su mordaz portavoz y articulador en el Gobierno dimitió el sábado mientras los argentinos esperaban el partido de la selección nacional frente a Jordania. Adorni abandonó su puesto tras cuatro meses de escándalo relacionados con el notable crecimiento de su patrimonio desde el momento en que comenzaron sus días como funcionario de la administración de ultraderecha. El presidente se resistió a soltarle la mano. La caída en las encuestas de la imagen del anarco capitalista y la posibilidad de que aumentara la impopularidad hizo insostenible la permanencia del jefe de Gabinete. Su reemplazante será el actual ministro del Interior, Diego Santilli.
«Adorni es Milei», fue la consigna que en mayo de 2025 le permitió al funcionario obtener la mejor votación en las elecciones municipales. Aquellos comicios permitieron medir su imagen. Adorni no asumió ese cargo sino que se quedó al lado del presidente. A partir de marzo, cuando comenzaron las revelaciones sobre los modos de enriquecimiento y gasto dispendioso, con testaferros y argumentos inverosímiles, como el hallazgo de un pendrive olvidado con medio millón de dólares en criptomonedas, ganadas antes de iniciarse en la función pública, comenzó a escribirse su final político.
El exjefe de ministros se despidió a través de X con elogios a Milei y su hermana Karina, la verdadera fuerza ejecutiva de Argentina. «Gracias por su confianza, presidente. Ha sido un verdadero honor». Según Adorni, «los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a tener que pedirle que esta vez me acompañe, para poder cerrar este ciclo en pos de protegerme a mí y a mi familia». El «ensañamiento»¸ añadió en su carta de despedida, «tiene un límite y yo he descubierto el mío». A su criterio, «a la gente común» como él «no le permiten estar en estos lugares» de poder, salvo Milei, quien es «la única esperanza» para este país.
«La derrota de Adorni fue tan absoluta, tan inapelable, que un gesto basta para confirmarlo: el tuitero mordaz, el polemista cruel, cerró los comentarios de su cuenta en X, tras publicar el posteo de su carta de renuncia», señaló el portal La política online. «Se defendió así de hechos que no estaban en el centro de la discusión pública. Sugestivo. El caso giraba sobre la inconsistencia entre su patrimonio y sus ingresos. Sin embargo, el funcionario sumó posibles delitos e irregularidades como contratos falsos, granjas cripto con custodia oficial, gastos personales pagados con fondos públicos, nepotismo, sociedades en Uruguay y pagos millonarios para comprar silencio«.
El desafío de la ultraderecha
La permanencia en el Gobierno había provocado fricciones entre las facciones de derecha que respaldan a Milei. «La confianza y la ética son dos elementos fundamentales para profundizar el cambio que el Presidente, la gente y todo el país estamos construyendo», dijo la senadora Patricia Bullrich, sin la menor empatía por la figura saliente.
Milei goza de alta aceptación en los sectores de mayores ingresos de la sociedad. Ha perdido la simpatía de parte de una clase media cada vez más empobrecida: cinco millones de argentinos buscan un segundo empleo porque no llegan a fin de mes. El dólar barato financia a los miles de ciudadanos que han viajado a Estados Unidos a ver a Leo Messi, pero ha provocado el cierre de 25.000 pequeñas y medianas empresas. Otro país, dedicado a la exportación de gas y petróleo, la extracción minera y el negocio agropecuario, se beneficia con la política económica. Pero esos rubros no generan empleo. Los argentinos que no participan de esas actividades son los que tienen problemas para pagar un transporte público cuyo precio se ha incrementado desde que asumió la ultraderecha un 1700%. La tarifas del servicio eléctrico y el gas acumulan aumentos del 350%. Y 1500%, respectivamente.
En este contexto, el llamado caso Adorni ha impactado en la imagen presidencial. Milei todavía es competitivo de cara a las elecciones de octubre de 2027, entre otras razones porque no existe un liderazgo opositor. El peronismo vive envuelto en una crisis interna y laberíntica. La salida de uno de sus funcionarios más cuestionados le permite renovar un Gobierno corroído en su popularidad.
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