EE.UU. cumple 250 años con Trump como protagonista y el país más dividido que nunca

Los Estados Unidos de América cumplen este 4 de julio 250 años de su independencia, una fecha nacional que celebra el experimento de autogobierno, independencia y separación de poderes nacido con la Declaración de 1776. Pero el aniversario llega en un país atravesado por la … división política, la desconfianza y una animosidad creciente entre dos grandes bloques, a izquierda y derecha. Ni siquiera esta conmemoración tan solemne ha logrado escapar de esa fractura: Washington hasta acoge celebraciones paralelas, impulsadas por organismos distintos y con visiones enfrentadas sobre qué debe representar el cumpleaños de la nación.
Políticamente, el país llega a su gran aniversario partido en dos campos casi irreconciliables. El presidente Trump avanza con una agenda que pretende rehacer Estados Unidos, ensanchando las fronteras del poder presidencial y sometiendo al Ejecutivo a una prueba de fuerza permanente, con los jueces como el único contrapeso que, por ahora, le ha impuesto límites reales. En la otra orilla, los demócratas han abrazado su propio experimento: el ascenso de una izquierda abiertamente socialista con Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, como figura más influyente y visible. Nacido en Uganda y sin posibilidad constitucional de aspirar a la Casa Blanca, se ha convertido, sin embargo, en un hacedor de reyes, un pilar de influencia nacional y en uno de los principales rostros del antitrumpismo.
Los sondeos dibujan un panorama poco halagüeño para la concordia nacional. Gallup sitúa en solo el 33% a quienes dicen sentirse extremadamente orgullosos de ser estadounidenses, el mínimo de la serie, con una brecha muy marcada entre republicanos, donde alcanza el 70%, y demócratas, donde cae al 14%. Reuters/Ipsos refleja además que el 38% duda de que EE.UU. siga existiendo como un solo país dentro de otros 250 años. Y AP-NORC muestra el desgaste de la vieja idea del excepcionalismo americano: apenas una cuarta parte cree que EE.UU. esté por encima de todos los demás países, siendo su faro moral.
Las celebraciones culminarán este 4 de julio con el discurso de Trump ante el monumento a Lincoln, acompañado de una gran exhibición de fuegos artificiales y de una feria patriótica organizada por la Casa Blanca. El presidente llega después de una gira concebida como prólogo del aniversario, con paradas en Dakota del Norte, en la nueva biblioteca Theodore Roosevelt, y en el monte Rushmore. La programación incluye actos militares, conciertos, competiciones y una puesta en escena de enorme escala, con el presidente como la gran figura central. Es una representación casi imperial de su presidencia: Trump no se presenta solo como anfitrión de la fiesta nacional, sino como heredero, intérprete y protagonista de la historia de EE.UU., algo que deleita a los suyos y enerva a sus muchos detractores.
Nada refleja esa división como el hecho de que haya dos celebraciones oficiales o paraoficiales que compiten entre sí. America250, la comisión creada por el Capitolio hace una década y concebida como un proyecto bipartidista, preparaba actos nacionales con un tono histórico, cultural y descentralizado, meticulosamente apolítico. Pero Trump creó después Freedom250, una estructura paralela vinculada directamente a la Casa Blanca, que asumió el control de los grandes eventos de Washington, como su discurso, y los convirtió en una plataforma presidencial.
Trump no se presenta solo como anfitrión de la fiesta nacional, sino como heredero, intérprete y protagonista de la historia de EE.UU., algo que deleita a los suyos y enerva a sus detractores
El resultado ha sido una conmemoración partida en dos: mientras Trump protagoniza la feria de la explanada del National Mall y el gran acto del 4 de julio, America250 organiza en Los Ángeles su propio concierto, con artistas y un formato distinto. Ha habido disputas por presupuestos, patrocinadores, concursos escolares, campañas de publicidad y hasta artistas que se retiraron de varios eventos ligados a Trump al considerar que los actos de Freedom250 tenían un carácter demasiado partidista. Lo que debía ser una fiesta de unidad nacional ha acabado reproduciendo la misma fractura política que domina el país, dos bloques cada vez más aislados.
Celebraciones divididas en dos
La prueba de que Trump ha decidido imprimir a la conmemoración un contenido claramente político está en el nuevo mensaje que emana de la Casa Blanca: la advertencia contra el supuesto avance del comunismo, encarnado por el alcalde Mamdani y por la izquierda que ha ganado terreno en varias primarias demócratas, incluidos Nueva York y Colorado. La Casa Blanca presenta así el 250 aniversario no solo como una celebración de la independencia, sino como una batalla por el rumbo ideológico del país, con Trump convertido en defensor de una América amenazada, según su relato, por el socialismo y el radicalismo de sus adversarios.
El lunes, Trump presentó el avance de la izquierda socialista como una amenaza directa al país y acusó a los demócratas de haberse entregado a «comunistas que reniegan de Dios». El ejemplo más llamativo llegó el martes en Colorado: Melat Kiros, abogada socialista de 29 años, derrotó en las primarias a Diana DeGette, congresista demócrata con quince mandatos a sus espaldas, en un distrito de Denver donde previsiblemente ganará en noviembre. Kiros defiende la sanidad universal, la abolición del Ejército y una línea muy crítica con Israel. Para Trump, esa sucesión de victorias permite presentar el 4 de julio como algo más que una fiesta patriótica: la defensa del sueño americano frente a una nueva amenaza comunista que no llega de fuera, sino que actúa ya como una quinta columna dentro del país.
Trump, presidente de récords
El devenir político ha querido que el 250 aniversario encuentre a EE.UU. bajo el mando de Trump, un presidente de récords y de regresos improbables. Es el único que ha sufrido dos procesos de destitución por ‘impeachment’ en el Congreso, el primero en volver a la Casa Blanca después de haber sido imputado y condenado en varias causas y de haberse sentado en el banquillo. Ha sobrevivido además a varios intentos de atentado contra su vida, ha roto buena parte de los moldes de la política estadounidense y ha regresado al poder tras una derrota que muchos consideraban definitiva. También figura entre los presidentes más votados de la historia: solo Joe Biden en 2020 obtuvo más votos populares que él.
El aniversario llega además después de una de las decisiones judiciales más relevantes de su segundo mandato, pues el Supremo ha ampliado la capacidad del presidente para controlar organismos federales que durante décadas funcionaron con una mayor autonomía respecto de la Casa Blanca. Trump celebra así la separación de poderes desde una presidencia que ha hecho de la expansión del Ejecutivo una de sus señas de identidad.
Con decisiones como esta, la inquietud no se limita al patriotismo. De las encuestas antes mencionadas,dos tercios de los estadounidenses creen que su democracia corre peligro de fracasar y el 77% anticipa un aumento de la violencia política en los próximos cinco años.
El aniversario no llega, por lo tanto, en un clima de confianza institucional, sino de temor a que este experimento fundado en 1776 esté entrando en una fase de desgaste. La fractura alcanza incluso a la promesa más elemental del país. Solo un tercio de los estadounidenses cree ya que el llamado sueño americano, que todos deben tener las mismas oportunidades de éxito, sigue existiendo. Para muchos, la idea de que el esfuerzo permite ascender socialmente ha dejado de ser ya una certeza nacional y se ha convertido en una opinión política.
Dos tercios de los estadounidenses creen que su democracia corre peligro de fracasar y el 77% anticipa un aumento de la violencia política en los próximos cinco años
La violencia política se ha convertido en todo un síntoma de la degradación del clima nacional, aunque no pertenece a un solo campo ideológico. En los últimos años, EE.UU. ha visto atentados contra Trump, amenazas contra cargos públicos, episodios graves de radicalización y el asesinato de figuras políticas y mediáticas. Pero en el entorno republicano se ha instalado la convicción de que la izquierda ha normalizado una retórica cada vez más agresiva y que de ella ha surgido una parte importante de esa violencia: desde los atentados contra Trump hasta el asesinato de Charlie Kirk y el intento de atentar contra el acto de artes marciales UFC organizado en la Casa Blanca. Trump utiliza esa percepción como una de las claves de su discurso patriótico: el país, a su juicio, no solo afronta una disputa electoral, sino una batalla contra quienes consideran ilegítima su forma de entender EE.UU.
La verdadera prueba llegará en noviembre, con unas elecciones legislativas para las que los sondeos anticipan un escenario difícil para Trump y los republicanos. Una derrota en el Capitolio devolvería al legislativo capacidad real de freno no solo para bloquear leyes, sino para controlar presupuestos, investigar al Ejecutivo, supervisar la política exterior y limitar el margen de maniobra presidencial, como ocurrió durante su primer mandato. En ese sentido, la palabra que puede definir este 250 aniversario no es ya tanto celebración, sino equilibrio: la recuperación, quizá tardía, de los contrapesos y la separación real de poderes que dieron forma a la república.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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