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«Tienen casa para rato»: Entre paredes rotas y columnas enteras llegó un mensaje de esperanza a la urbanización Oropeza Castillo

📅 🕐 hace 4 min🔗 Fuente: contrapunto.com🕑 5 min de lectura
«Tienen casa para rato»: Entre paredes rotas y columnas enteras llegó un mensaje de esperanza a la urbanización Oropeza Castillo
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Freddy Ramírez estaba solo en la casa cuando los terremotos del 24 de junio movieron hasta el colapso un edificio del bloque 9 de la urbanización Oropeza Castillo. Su apartamento, ubicado en el piso dos de un edificio aledaño, también sufrió con el movimiento de la tierra, pero Freddy logró salir sin mayores daños: tiene 83 años y la agilidad de un venado. En este desarrollo inmobiliario ubicado en Guarenas no hubo víctimas, pero sí, personas que tuvieron que dejar atrás sus hogares en medio de la incertidumbre. Paredes rotas y cerámicas caídas llevaron a un diagnóstico inicial desolador: no podían continuar allí.

Algunas vecinas, como Oliva Carrero de Ramírez, esposa de Freddy, optaron por el refugio familiar. Otras, se quedaron en casas de amigos. Las autoridades les ofrecieron un espacio temporal, y hubo familias que les tomaron la palabra. La catástrofe de La Guaira arropó cualquier tragedia, y la de Oropeza Castillo llamó la atención por poco tiempo.

Las lágrimas de Oliva conmovieron a la arquitecta María Isabel García, profesional que desde que ocurrieron los terremotos se ha dedicado a hacer inspecciones gratuitas en edificaciones que no se sabe si están desahuciadas o si tienen larga vida: ha visitado 60 y tiene en cola al menos 40. Por eso, este sábado 11 de julio García acompañó a Oliva a visitar las edificaciones del Oropeza Castillo.

En el vehículo que conducía Miguel, su yerno querido, Oliva pasaba de las lágrimas a la angustia. Los kilómetros entre Caracas y Guarenas transcurrieron con las palabras tranquilizadoras de la arquitecta y el relato de Oliva sobre sus años en el apartamento que tanto ama, lo que significa para ella y su esposo perder esa vivienda, la incertidumbre de quedar damnificados sin tiempo claro de solución.

Una primera parada en el bloque 4 se convirtió en un recorrido por el desastre. Indira Yánez, dirigente del sector y ubicada en un refugio familiar, acompañó el recorrido y mostró lo que se halla en peor estado: los apartamentos en la planta baja, que se quedaron sin paredes. «Esto está inhabitable», opinó Oliva. «Hay grietas en la mampostería, se perdieron las paredes, pero el edificio no se va a caer», explicó García. «Puede haber sido un desalojo preventivo, y no perdiste tu casa». Pero las paredes se cayeron, alegó Oliva. «Las paredes se pueden haber caído, pero si las columnas y las vigas están en buen estado, eso se recupera», respondió la arquitecta.

Cada visita de García es, si cabe la comparación, como una consulta médica que muestra lo que está bien y lo que está mal; solo que, en este caso, el cuerpo es un edificio. «Quedó feíto el de nosotros en planta, pero hay otro que parece que le hubieran lanzado una bomba», comentó una vecina.

«Tuvimos que desalojar por medidas de seguridad», puntualizó Indira. Las familias se turnan para proteger sus propiedades en los bloques 4, 5 y 6 con el apoyo de la Policía. «Tenemos miedo», admite. «Me gustaría saber si las bases de estos edificios están bien. Tengo esa incertidumbre todavía». Los terremotos agrietaron la confianza de la comunidad.

García les mostró las columnas firmes, los techos enteros, las cabillas que les dan fortaleza. «Ustedes tienen sus casas. No permitan que los desalojen. Lo que tienen aquí es como una enfermedad curable», diagnosticó. «A lo mejor no están habitables, pero son recuperables».

En el bloque 9 esperaban varios residentes con poca fe en la inspección de García. La revisión de esta profesional egresada de la USB llegaba a la misma conclusión: «Es recuperable». Por lo menos tres hombres discreparon de de su diagnóstico. Miguel, el yerno de Oliva, les ripostó: «Se van a quedar esperando que les den una casa». «Ay, sí, falta que diga que eso es recuperable», se burlaron, mientras señalaban la estructura que se derrumbó.

Ya en el edificio de Oliva y Freddy, la arquitecta explicó que hay dos edificaciones y una estructura -las escaleras- separada de ambas, y esa separación tuvo consecuencias visibles, pero no irresolubles. En el piso 2, García caminó hasta el apartamento donde esta pareja con más de 40 décadas de matrimonio ha hecho su día a día desde hace igual cantidad de años. Revisó las columnas, las vigas. Observó lo que se cayó, lo que se rompió. Evaluó los cuartos, la cocina. La experiencia, el tiempo de trabajo le permiten una visión global. «Tienen casa para rato», auguró a la familia.

Debajo de un árbol, los vecinos Dorina Veraza, Jairo Mirabal y Alexandra Guaramato debatían los diferentes criterios. No quieren dejar sus hogares, pero también temen que sus viviendas sean su tumba. Otro vecino asomó la posibilidad de que le entreguen un town house. Por lo pronto, piden que les retiren los tanques de agua.

A Oliva se le escapó el llanto, pero esta vez fue de alivio. El camino de regreso se desandó entre risas. «¿Usted sabe lo que significa perder la casa?», pregunta. Después de este sábado, ella tiene la esperanza de que su casa seguirá siendo su casa.

Fuente de TenemosNoticias.com: contrapunto.com

En la sección: Nacional – Contrapunto.com

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